← Regresar

2 Corintios

12345678910111213

2 Corintios - Capítulo 1

1Pablo, apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo; a la iglesia de Dios que está en Corinto, juntamente con todos los santos que están en toda Acaya:

2Gracia a vosotros y paz, de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

3Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación,

4quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones. De esta manera, con la consolación con que nosotros mismos somos consolados por Dios, también nosotros podemos consolar a los que están en cualquier tribulación.

5Porque de la manera que abundan a favor nuestro las aflicciones de Cristo, así abunda también nuestra consolación por el mismo Cristo.

6Pero si somos atribulados, lo es para vuestro consuelo y salvación; o si somos consolados, es para vuestra consolación, la cual resulta en que perseveráis bajo las mismas aflicciones que también nosotros padecemos.

7Y nuestra esperanza con respecto a vosotros es firme, porque sabemos que así como sois compañeros en las aflicciones, lo sois también en la consolación.

8Porque no queremos que ignoréis, hermanos, en cuanto a la tribulación que nos sobrevino en Asia; pues fuimos abrumados sobremanera, más allá de nuestras fuerzas, hasta perder aun la esperanza de vivir.

9Pero ya teníamos en nosotros mismos la sentencia de muerte, para que no confiáramos en nosotros mismos sino en Dios que levanta a los muertos,

10quien nos libró y nos libra de tan terrible muerte. Y en él hemos puesto nuestra esperanza de que aún nos librará,

11porque vosotros también estáis cooperando a nuestro favor con ruegos, a fin de que el don que se nos concedió sea para que muchas personas den gracias a nuestro favor.

12Porque nuestro motivo de gloria es éste: el testimonio de nuestra conciencia de que nos hemos conducido en el mundo (y especialmente ante vosotros), con sencillez y la sinceridad que proviene de Dios, y no en sabiduría humana, sino en la gracia de Dios.

13Porque no os escribimos otras cosas que las que leéis y también comprendéis; y espero que hasta el fin las comprenderéis,

14como también en parte nos habéis comprendido, que somos vuestro motivo de gloria, así como también vosotros lo seréis para nosotros en el día de nuestro Señor Jesús.

15Con esta confianza, quise ir antes a vosotros para que tuvieseis una segunda gracia,

16y pasar de vosotros a Macedonia; y volver otra vez de Macedonia a vosotros para ser encaminado por vosotros a Judea.

17Siendo ése mi deseo, ¿acaso usé de ligereza? ¿O será que lo que quiero hacer, lo quiero según la carne; de manera que en mí haya un "sí, sí" y un "no, no"?

18Pero Dios es fiel: Nuestra palabra para vosotros no es "sí y no".

19Porque Jesucristo, el Hijo de Dios, que ha sido predicado entre vosotros por nosotros (por mí, por Silas y por Timoteo), no fue "sí y no"; más bien, fue "sí" en él.

20Porque todas las promesas de Dios son en él "sí"; y por tanto, también por medio de él, decimos "amén" a Dios, para su gloria por medio nuestro.

21Y Dios es el que nos confirma con vosotros en Cristo y el que nos ungió;

22es también quien nos ha sellado y ha puesto como garantía al Espíritu en nuestros corazones.

23Pero yo invoco a Dios por testigo sobre mi alma, que es por consideración a vosotros que no he pasado todavía a Corinto.

24Porque no nos estamos enseñoreando de vuestra fe. Más bien, somos colaboradores para vuestro gozo, porque por la fe estáis firmes.

↑ Volver al Índice de 2 Corintios

2 Corintios - Capítulo 2

1Así que decidí en mí mismo no ir otra vez a vosotros con tristeza.

2Porque si yo os causo tristeza, ¿quién será luego el que me alegre, sino aquel a quien yo causé tristeza?

3Y a pesar de que estoy confiado en todos vosotros de que mi gozo es el mismo de todos vosotros, os escribí esto mismo para que cuando llegue, no tenga tristeza por causa de aquellos por quienes me debiera gozar.

4Porque os escribí en mucha tribulación y angustia de corazón, y con muchas lágrimas; no para entristeceros, sino para que sepáis cuán grande es el amor que tengo por vosotros.

5Si alguno ha causado tristeza, no me ha entristecido sólo a mí, sino en cierta medida (para no exagerar) a todos vosotros.

6Basta ya para dicha persona la reprensión de la mayoría.

7Así que, más bien, debierais perdonarle y animarle, para que no sea consumido por demasiada tristeza.

8Por lo tanto, os exhorto a que reafirméis vuestro amor para con él.

9Porque también os escribí con este motivo, para tener la prueba de que vosotros sois obedientes en todo.

10Al que vosotros habréis perdonado algo, yo también. Porque lo que he perdonado, si algo he perdonado, por vuestra causa lo he hecho en presencia de Cristo;

11para que no seamos engañados por Satanás, pues no ignoramos sus propósitos.

12Cuando llegué a Troas para predicar el evangelio de Cristo, aunque se me había abierto puerta en el Señor,

13no tuve reposo en mi espíritu por no haber hallado a mi hermano Tito. Así que me despedí de ellos y partí para Macedonia.

14Pero gracias a Dios, que hace que siempre triunfemos en Cristo y que manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento por medio de nosotros.

15Porque para Dios somos olor fragante de Cristo en los que se salvan y en los que se pierden.

16A los unos, olor de muerte para muerte; mientras que a los otros, olor de vida para vida. Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?

17Porque no somos, como muchos, traficantes de la palabra de Dios; más bien, con sinceridad y como de parte de Dios, hablamos delante de Dios en Cristo.

↑ Volver al Índice de 2 Corintios

2 Corintios - Capítulo 3

1¿Comenzamos otra vez a recomendarnos a nosotros mismos? ¿O acaso tenemos necesidad, como algunos, de cartas de recomendación para vosotros, o de vosotros?

2Vosotros sois nuestra carta, escrita en nuestros corazones, conocida y leída por todos los hombres.

3Es evidente que vosotros sois carta de Cristo, expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en las tablas de corazones humanos.

4Esta confianza tenemos delante de Dios, por medio de Cristo:

5no que seamos suficientes en nosotros mismos, como para pensar que algo proviene de nosotros, sino que nuestra suficiencia proviene de Dios.

6El mismo nos capacitó como ministros del nuevo pacto, no de la letra, sino del Espíritu. Porque la letra mata, pero el Espíritu vivifica.

7Y si el ministerio de muerte, grabado con letras sobre piedras, vino con gloria—tanto que los hijos de Israel no podían fijar la vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, la cual se había de desvanecer—,

8¡cómo no será con mayor gloria el ministerio del Espíritu!

9Porque si el ministerio de condenación era con gloria, ¡cuánto más abunda en gloria el ministerio de justificación!

10Pues lo que había sido glorioso no es glorioso en comparación con esta excelente gloria.

11Porque si lo que se desvanecía era por medio de gloria, ¡cuánto más excede en gloria lo que permanece!

12Así que, teniendo tal esperanza, actuamos con mucha confianza;

13no como Moisés, quien ponía un velo sobre su cara para que los hijos de Israel no se fijaran en el fin de lo que se estaba desvaneciendo.

14Sin embargo, sus mentes fueron endurecidas; pues hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, el mismo velo sigue puesto, porque sólo en Cristo es quitado.

15Aún hasta el día de hoy, cada vez que leen a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos.

16Pero cuando se conviertan al Señor, el velo será quitado.

17Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.

18Por tanto, todos nosotros, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.

↑ Volver al Índice de 2 Corintios

2 Corintios - Capítulo 4

1Por esto, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que nos fue dada, no desmayamos.

2Pero rechazamos los tapujos de vergüenza, no procediendo con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino que, por la clara demostración de la verdad, nos recomendamos a nosotros mismos a toda conciencia humana delante de Dios.

3Pero aun si nuestro evangelio está encubierto, entre los que se pierden está encubierto.

4Pues el dios de esta edad presente ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no les ilumine el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo, quien es la imagen de Dios.

5Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor; y a nosotros, como siervos vuestros por causa de Jesús.

6Porque el Dios que dijo: "La luz resplandecerá de las tinieblas" es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo.

7Con todo, tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros.

8Estamos atribulados en todo, pero no angustiados; perplejos, pero no desesperados;

9perseguidos, pero no desamparados; abatidos, pero no destruidos.

10Siempre llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús por todas partes, para que también en nuestro cuerpo se manifieste la vida de Jesús.

11Porque nosotros que vivimos, siempre estamos expuestos a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal.

12De manera que en nosotros actúa la muerte, pero en vosotros actúa la vida.

13Sin embargo, tenemos el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí; por lo tanto hablé. Nosotros también creemos; por lo tanto también hablamos,

14sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús también nos resucitará a nosotros con Jesús y nos presentará a su lado juntamente con vosotros.

15Porque todas estas cosas suceden por causa vuestra para que, mientras aumente la gracia por medio de muchos, abunde la acción de gracias para la gloria de Dios.

16Por tanto, no desmayamos; más bien, aunque se va desgastando nuestro hombre exterior, el interior, sin embargo, se va renovando de día en día.

17Porque nuestra momentánea y leve tribulación produce para nosotros un eterno peso de gloria más que incomparable;

18no fijando nosotros la vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; porque las que se ven son temporales, mientras que las que no se ven son eternas.

↑ Volver al Índice de 2 Corintios

2 Corintios - Capítulo 5

1Porque sabemos que si nuestra casa terrenal, esta tienda temporal, se deshace, tenemos un edificio de parte de Dios, una casa no hecha de manos, eterna en los cielos.

2Pues en esta tienda gemimos deseando ser sobrevestidos de nuestra habitación celestial;

3y aunque habremos de ser desvestidos, no seremos hallados desnudos.

4Porque los que estamos en esta tienda gemimos agobiados, porque no quisiéramos ser desvestidos, sino sobrevestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida.

5Pues el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado la garantía del Espíritu.

6Así vivimos, confiando siempre y comprendiendo que durante nuestra estancia en el cuerpo peregrinamos ausentes del Señor.

7Porque andamos por fe, no por vista.

8Pues confiamos y consideramos mejor estar ausentes del cuerpo, y estar presentes delante del Señor.

9Por lo tanto, estemos presentes o ausentes, nuestro anhelo es serle agradables.

10Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho por medio del cuerpo, sea bueno o malo.

11Conociendo, entonces, el temor del Señor, persuadimos a los hombres; pues a Dios le es manifiesto lo que somos, y espero que también lo sea a vuestras conciencias.

12No nos recomendamos otra vez ante vosotros, sino que os damos ocasión de gloriaros por nosotros, con el fin de que tengáis respuesta frente a los que se glorían en las apariencias y no en el corazón.

13Porque si estamos fuera de nosotros, es para Dios; o si estamos en nuestro juicio, es para vosotros.

14Porque el amor de Cristo nos impulsa, considerando esto: que uno murió por todos; por consiguiente, todos murieron.

15Y él murió por todos para que los que viven ya no vivan más para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.

16De manera que nosotros, de aquí en adelante, a nadie conocemos según la carne; y aun si hemos conocido a Cristo según la carne, ahora ya no le conocemos así.

17De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

18Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por medio de Cristo y nos ha dado el ministerio de la reconciliación:

19que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándoles en cuenta sus transgresiones y encomendándonos a nosotros la palabra de la reconciliación.

20Así que, somos embajadores en nombre de Cristo; y como Dios os exhorta por medio nuestro, rogamos en nombre de Cristo: ¡Reconciliaos con Dios!

21Al que no conoció pecado, por nosotros Dios le hizo pecado, para que nosotros fuéramos hechos justicia de Dios en él.

↑ Volver al Índice de 2 Corintios

2 Corintios - Capítulo 6

1Y así nosotros, como colaboradores, os exhortamos también que no recibáis en vano la gracia de Dios;

2porque dice: En tiempo favorable te escuché, y en el día de la salvación te socorrí. ¡He aquí ahora el tiempo más favorable! ¡He aquí ahora el día de salvación!

3No damos a nadie ocasión de tropiezo en nada, para que nuestro ministerio no sea desacreditado.

4Más bien, en todo nos presentamos como ministros de Dios: en mucha perseverancia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias,

5en azotes, en cárceles, en tumultos, en duras labores, en desvelos, en ayunos,

6en pureza, en conocimiento, en tolerancia, en bondad, en el Espíritu Santo, en amor no fingido,

7en palabra de verdad, en poder de Dios, por medio de armas de justicia a derecha y a izquierda;

8por honra y deshonra, por mala fama y buena fama; como engañadores, pero siendo hombres de verdad;

9como no conocidos, pero bien conocidos; como muriendo, pero he aquí vivimos; como castigados, pero no muertos;

10como entristecidos, pero siempre gozosos; como pobres, pero enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, pero poseyéndolo todo.

11Nuestra boca ha sido franca con vosotros, oh corintios; nuestro corazón está abierto.

12No estáis limitados en nosotros; lo estáis en vuestros propios corazones.

13Pues para corresponder del mismo modo, como a hijos os hablo: ¡Abrid vosotros también vuestro corazón!

14No os unáis en yugo desigual con los no creyentes. Porque ¿qué compañerismo tiene la rectitud con el desorden? ¿Qué comunión tiene la luz con las tinieblas?

15¿Qué armonía hay entre Cristo y Belial? ¿Qué parte tiene el creyente con el no creyente?

16¿Qué acuerdo puede haber entre un templo de Dios y los ídolos? Porque nosotros somos templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.

17Por lo cual, ¡Salid de en medio de ellos, y apartaos! dice el Señor. No toquéis lo impuro, y yo os recibiré;

18y seré para vosotros Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.

↑ Volver al Índice de 2 Corintios

2 Corintios - Capítulo 7

1Así que, amados, ya que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda impureza de cuerpo y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.

2Recibidnos. A nadie hemos agraviado; a nadie hemos corrompido; a nadie hemos explotado.

3No digo esto para condenaros; porque ya dije que estáis en nuestros corazones, para juntos morir y juntos vivir.

4Tengo mucha confianza en vosotros; mucho me glorío en vosotros; lleno estoy de consolación; sobreabundo de gozo en toda nuestra aflicción.

5Cuando vinimos a Macedonia, ningún reposo tuvo nuestro cuerpo; más bien, en todo fuimos atribulados: de fuera conflictos, de dentro temores.

6Pero Dios, que consuela a los humildes, nos consoló con la venida de Tito.

7Y no sólo con su venida, sino también con la consolación que él recibió en cuanto a vosotros, haciéndonos saber vuestro anhelo, vuestras lágrimas y vuestro celo por mí, para que así me gozara más.

8Porque si bien os causé tristeza con la carta, no me pesa, aunque entonces sí me pesó; porque veo que aquella carta os causó tristeza sólo por un tiempo.

9Ahora me gozo, no porque hayáis sentido tristeza, sino porque fuisteis entristecidos hasta el arrepentimiento; pues habéis sido entristecidos según Dios, para que ningún daño sufrierais de nuestra parte.

10Porque la tristeza que es según Dios genera arrepentimiento para salvación, de que no hay que lamentarse; pero la tristeza del mundo degenera en muerte.

11Pues he aquí, el mismo hecho de que hayáis sido entristecidos según Dios, ¡cuánta diligencia ha producido en vosotros! ¡Qué disculpas, qué indignación, qué temor, qué ansiedad, qué celo y qué vindicación! En todo os habéis mostrado limpios en el asunto.

12Así que, si bien os escribí, no fue por causa del que cometió la ofensa ni por causa del que la padeció, sino para que vuestra solicitud por nosotros se manifestara entre vosotros en la presencia de Dios.

13Por tanto, hemos sido consolados. Pero mucho más que por nuestra consolación, nos gozamos por el gozo de Tito, porque su espíritu ha sido reanimado por todos vosotros.

14Pues si en algo me he mostrado orgulloso de vosotros ante él, no quedé avergonzado. Al contrario, como os habíamos dicho todo con verdad, así también nuestro motivo de orgullo ante Tito fue hallado verdadero.

15Ahora sus sentimientos se han intensificado con respecto a vosotros, recordando la obediencia de todos vosotros, de cómo lo recibisteis con temor y temblor.

16Me gozo de que en todo puedo confiar en vosotros.

↑ Volver al Índice de 2 Corintios

2 Corintios - Capítulo 8

1Ahora, hermanos, os hacemos conocer la gracia de Dios que ha sido concedida a las iglesias de Macedonia;

2que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su extrema pobreza abundaron en las riquezas de su generosidad.

3Porque doy testimonio de que espontáneamente han dado de acuerdo con sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas,

4pidiéndonos con muchos ruegos que les concediéramos la gracia de participar en la ayuda para los santos.

5Y superando lo que esperábamos, se dieron primeramente ellos mismos al Señor y a nosotros, por la voluntad de Dios.

6De manera que exhortamos a Tito para que así como ya había comenzado, también llevase a cabo esta gracia entre vosotros.

7Por tanto, así como ya abundáis en todo—en fe, en palabra, en conocimiento, en toda diligencia y en vuestro amor para con nosotros—, abundad también en esta gracia.

8No hablo como quien manda, sino para poner también a prueba, por la eficacia de otros, la sinceridad de vuestro amor.

9Porque conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, por amor de vosotros se hizo pobre, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.

10Y en esto doy mi consejo; porque esto os conviene a vosotros que desde el año pasado tomasteis la iniciativa, no sólo para hacerlo, sino también para quererlo hacer.

11Ahora pues, llevad el hecho a su culminación para que, como fuisteis prontos a querer, así lo seáis para cumplir conforme a lo que tenéis.

12Porque si primero se tiene dispuesta la voluntad, se acepta según lo que uno tenga, no según lo que no tenga.

13Pero no digo esto para que haya para otros alivio, y para vosotros estrechez;

14sino para que haya igualdad. En este tiempo vuestra abundancia supla lo que a ellos les falta, para que también la abundancia de ellos supla lo que a vosotros os falte, a fin de que haya igualdad;

15como está escrito: El que recogió mucho no tuvo más, y el que recogió poco no tuvo menos.

16Gracias a Dios que puso en el corazón de Tito la misma solicitud por vosotros.

17Pues él, a la verdad, aceptó la exhortación; pero siendo también muy solícito, de su propia iniciativa partió hacia vosotros.

18Y enviamos juntamente con él al hermano cuyo renombre en el evangelio se oye en todas las iglesias.

19Y no sólo esto, sino que también ha sido designado por las iglesias como compañero de viaje, para llevar esta expresión de generosidad que es administrada por nosotros para gloria del Señor mismo, y para demostrar nuestra solicitud,

20evitando que nadie nos desacredite con respecto a este abundante donativo que administramos.

21Porque procuramos que las cosas sean honestas, no sólo delante del Señor, sino también delante de los hombres.

22Y enviamos con ellos a nuestro hermano, cuya diligencia hemos comprobado muchas veces; pero ahora mucho más, por la mucha confianza que tiene en vosotros.

23En cuanto a Tito, él es compañero mío y colaborador para con vosotros; y en cuanto a nuestros hermanos, ellos son mensajeros de las iglesias y gloria de Cristo.

24Mostrad, pues, para con ellos ante las iglesias la prueba de nuestro amor y de nuestro motivo de orgullo respecto de vosotros.

↑ Volver al Índice de 2 Corintios

2 Corintios - Capítulo 9

1En cuanto a esta ayuda para los santos, está de más que os escriba;

2pues conozco vuestra pronta disposición, por la cual me glorié de vosotros entre los de Macedonia: "Acaya está preparada desde el año pasado." Y vuestro celo ha servido de estímulo para muchos.

3Pero he enviado a estos hermanos para que el orgullo que tenemos de vosotros no sea vano en este respecto, y para que estéis preparados, como vengo diciendo.

4No sea que, si van conmigo algunos macedonios y os hallan no preparados, nos avergoncemos nosotros (por no decir vosotros) por haber tenido esta confianza.

5Por eso he creído conveniente exhortar a los hermanos a que vayan a vosotros con anticipación y preparen primero vuestra generosidad antes prometida, para que esté lista como muestra de generosidad y no como de exigencia.

6Y digo esto: El que siembra escasamente cosechará escasamente, y el que siembra con generosidad también con generosidad cosechará.

7Cada uno dé como propuso en su corazón, no con tristeza ni por obligación; porque Dios ama al dador alegre.

8Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo necesario, abundéis para toda buena obra;

9como está escrito: Esparció; dio a los pobres. Su justicia permanece para siempre.

10El que da semilla al que siembra y pan para comer, proveerá y multiplicará vuestra semilla y aumentará los frutos de vuestra justicia.

11Esto, para que seáis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce acciones de gracias a Dios por medio de nosotros.

12Porque el ministrar este servicio sagrado no solamente suple lo que falta a los santos, sino que redunda en abundantes acciones de gracias a Dios.

13Al experimentar esta ayuda, ellos glorificarán a Dios por la obediencia que profesáis al evangelio de Cristo, y por vuestra liberalidad en la contribución para con ellos y con todos.

14Además, por su oración a vuestro favor, demuestran que os quieren a causa de la sobreabundante gracia de Dios en vosotros.

15¡Gracias a Dios por su don inefable!

↑ Volver al Índice de 2 Corintios

2 Corintios - Capítulo 10

1Ahora yo, Pablo, os exhorto por la mansedumbre y ternura de Cristo, ¡yo que en persona soy humilde entre vosotros, pero ausente soy osado para con vosotros!

2Os ruego que cuando esté presente, no tenga que usar de la osadía con que resueltamente estoy dispuesto a proceder contra algunos que piensan que andamos según la carne.

3Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne;

4porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas.

5Destruimos los argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios; llevamos cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo,

6y estamos dispuestos a castigar toda desobediencia, una vez que vuestra obediencia sea completa.

7¡Miráis las cosas según las apariencias! Si alguien está convencido dentro de sí que es de Cristo, considere de nuevo que así como él es de Cristo, también nosotros lo somos.

8Porque si me glorío un poco más de nuestra autoridad, la cual el Señor nos ha dado para edificación y no para vuestra destrucción, no seré avergonzado;

9para que no parezca que quiero atemorizaros por cartas.

10Porque dicen: "Aunque sus cartas son duras y fuertes, su presencia física es débil, y su palabra despreciable."

11Esto tenga en cuenta tal persona: Lo que somos en palabra por carta cuando estamos ausentes, lo mismo seremos también en hechos cuando estemos presentes.

12Porque no osamos clasificarnos o compararnos con algunos que se recomiendan a sí mismos. Pero ellos, midiéndose y comparándose a sí mismos consigo mismos, no son juiciosos.

13Pero nosotros no nos gloriaremos desmedidamente, sino conforme a la medida de la regla que Dios nos asignó, para llegar también hasta vosotros.

14Porque no nos salimos de nuestros límites, como si no hubiéramos llegado a vosotros; pues hasta vosotros hemos llegado con el evangelio de Cristo,

15no gloriándonos desmedidamente en trabajos ajenos. Más bien, tenemos la esperanza de que, con el progreso de vuestra fe, se incrementará considerablemente nuestro campo entre vosotros, conforme a nuestra norma;

16para que anunciemos el evangelio en los lugares más allá de vosotros, sin entrar en territorio ajeno como para gloriarnos de la obra ya realizada por otros.

17Pero el que se gloría, gloríese en el Señor.

18Porque no es aprobado el que se recomienda a sí mismo, sino aquel a quien Dios recomienda.

↑ Volver al Índice de 2 Corintios

2 Corintios - Capítulo 11

1¡Ojalá me toleraseis un poco de locura! ¡De veras, toleradme!

2Porque os celo con celo de Dios, pues os he desposado con un solo marido, para presentaros como una virgen pura a Cristo.

3Pero me temo que, así como la serpiente con su astucia engañó a Eva, de alguna manera vuestros pensamientos se hayan extraviado de la sencillez y la pureza que debéis a Cristo.

4Porque si alguien viene predicando a otro Jesús al cual no hemos predicado, o si recibís otro espíritu que no habíais recibido, u otro evangelio que no habíais aceptado, ¡qué bien lo toleráis!

5Porque estimo que en nada soy inferior a aquellos apóstoles eminentes;

6pues aunque yo sea pobre en elocuencia, no lo soy en conocimiento, como en todo os lo he demostrado por todos los medios.

7¿Cometí pecado humillándome a mí mismo para que vosotros seáis enaltecidos, porque os he predicado gratuitamente el evangelio?

8He despojado a otras iglesias, recibiendo sostenimiento para ministraros a vosotros.

9Cuando estaba entre vosotros y tuve necesidad, a ninguno fui carga porque lo que me faltaba lo suplieron los hermanos cuando vinieron de Macedonia. En todo me guardé de seros gravoso, y así me guardaré.

10¡Por la verdad de Cristo que está en mí, este motivo de orgullo no me será negado en las regiones de Acaya!

11¿Por qué? ¿Porque no os amo? Dios lo sabe.

12Pero seguiré haciendo lo que hago, para quitarles la ocasión a aquellos que la desean, con el fin de que en lo que se jactan se encuentren en las mismas condiciones que nosotros.

13Porque los tales son falsos apóstoles, obreros fraudulentos disfrazados como apóstoles de Cristo.

14Y no es de maravillarse, porque Satanás mismo se disfraza como ángel de luz.

15Así que, no es gran cosa que también sus ministros se disfracen como ministros de justificación, cuyo fin será conforme a sus obras.

16Otra vez digo: que nadie me tome por loco. Pero si no, recibidme aunque sea como a loco, para que me gloríe siquiera un poquito.

17Lo que ahora digo, no lo digo según el Señor, sino como en locura, con esta base de jactancia.

18Ya que muchos se jactan según la carne, también yo me jactaré.

19Pues con gusto toleráis a los locos, siendo vosotros sensatos.

20Porque lo toleráis si alguien os esclaviza, si alguien os devora, si alguien se aprovecha de vosotros, si alguien se ensalza, si alguien os hiere en la cara…

21Con vergüenza lo digo, como que hemos sido débiles. Pero en lo que otro se atreva (hablo con locura), yo también me atrevo.

22¿Son hebreos? Yo también. ¿Son israelitas? Yo también. ¿Son descendientes de Abraham? Yo también.

23¿Son ministros de Cristo? (Hablo como delirando.) ¡Yo más! En trabajos arduos, más; en cárceles, más; en azotes, sin medida; en peligros de muerte, muchas veces.

24Cinco veces he recibido de los judíos cuarenta azotes menos uno;

25tres veces he sido flagelado con varas; una vez he sido apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado en lo profundo del mar.

26Muchas veces he estado en viajes a pie, en peligros de ríos, en peligros de asaltantes, en peligros de los de mi nación, en peligros de los gentiles, en peligros en la ciudad, en peligros en el desierto, en peligros en el mar, en peligros entre falsos hermanos;

27en trabajo arduo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez.

28Y encima de todo, lo que se agolpa sobre mí cada día: la preocupación por todas las iglesias.

29¿Quién se enferma sin que yo no me enferme? ¿A quién se hace tropezar sin que yo no me indigne?

30Si es preciso gloriarse, yo me gloriaré de mi debilidad.

31El Dios y Padre de nuestro Señor Jesús, quien es bendito por los siglos, sabe que no miento.

32En Damasco, el gobernador bajo el rey Aretas guardaba la ciudad de los damascenos para prenderme;

33pero fui descolgado del muro por una ventana en una canasta, y escapé de sus manos.

↑ Volver al Índice de 2 Corintios

2 Corintios - Capítulo 12

1Me es preciso gloriarme, aunque no es provechoso. Sin embargo, recurriré a las visiones y revelaciones del Señor.

2Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años—si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe— fue arrebatado hasta el tercer cielo.

3Y sé respecto a este hombre—si en el cuerpo o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe—

4que fue arrebatado al paraíso, donde escuchó cosas inefables que al hombre no le es permitido expresar.

5¡De aquel hombre me gloriaré! Pero de mí mismo no me gloriaré sino en mis debilidades.

6Porque, si acaso quisiera gloriarme, no sería yo insensato, pues diría la verdad. Pero desisto, para que nadie piense de mí más de lo que ve en mí u oye de mí.

7Y para que no me exalte desmedidamente por la grandeza de las revelaciones, me ha sido dado un aguijón en la carne, un mensajero de Satanás, que me abofetee para que no me enaltezca demasiado.

8En cuanto a esto, tres veces he rogado al Señor que lo quite de mí;

9y me ha dicho: "Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en tu debilidad." Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que habite en mí el poder de Cristo.

10Por eso me complazco en las debilidades, afrentas, necesidades, persecuciones y angustias por la causa de Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

11¡Me he hecho necio! ¡Vosotros me obligasteis! Pues más bien, yo debería ser recomendado por vosotros; porque en nada he sido menos que los apóstoles eminentes, aunque nada soy.

12Las señales de apóstol han sido realizadas entre vosotros con toda paciencia, con señales, prodigios y hechos poderosos.

13Pues, ¿en qué habéis sido menos que las otras iglesias, excepto en que yo mismo no os he sido carga? ¡Perdonadme este agravio!

14He aquí estoy listo para ir a vosotros por tercera vez, y no os seré carga. Porque no busco vuestras cosas, sino a vosotros; pues los hijos no tienen obligación de atesorar para los padres, sino los padres para los hijos.

15Sin embargo, de muy buena gana gastaré yo de lo mío, y me desgastaré a mí mismo por vuestras almas. Si os amo más, ¿seré amado menos?

16Bien, que sea así: Yo no os fui gravoso, ¡pero siendo astuto, os prendí por engaño!

17¿Acaso os he engañado por medio de alguno de los que he enviado a vosotros?

18Rogué a Tito y envié con él al hermano. ¿Acaso os engañó Tito? ¿No hemos procedido con el mismo espíritu y por las mismas pisadas?

19¿Os parece que todavía nos estamos defendiendo ante vosotros? Delante de Dios y en Cristo hablamos; y todo, amados, para vuestra edificación.

20Pero me temo que quizás, cuando llegue, no os halle tales como quiero, y que yo sea hallado por vosotros tal como no queréis. Temo que haya entre vosotros contiendas, celos, iras, enojos, disensiones, calumnias, murmuraciones, insolencias y desórdenes.

21Temo que, cuando vuelva, Dios me humille entre vosotros y yo tenga que llorar por muchos que antes han pecado y no se han arrepentido de los actos de impureza, inmoralidad sexual y libertinaje que han cometido.

↑ Volver al Índice de 2 Corintios

2 Corintios - Capítulo 13

1Esta es la tercera vez que voy a vosotros. Por la boca de dos o tres testigos se decidirá todo asunto.

2Lo he dicho antes, cuando estaba presente en mi segundo viaje; y ahora que estoy ausente, también lo repito a los que antes han pecado y a todos los demás: que si voy otra vez, no seré indulgente,

3puesto que buscáis una prueba de que Cristo habla en mí. Y él no es débil para con vosotros, sino que es poderoso en vosotros.

4Porque fue crucificado en debilidad, pero vive por el poder de Dios. Pues nosotros también somos débiles en él, pero viviremos con él por el poder de Dios para con vosotros.

5Examinaos a vosotros mismos para ver si estáis firmes en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no conocéis en cuanto a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que ya estéis reprobados?

6Pero espero que reconozcáis que nosotros no estamos reprobados.

7Y oramos a Dios que no hagáis nada malo; no para que nosotros luzcamos como aprobados, sino para que vosotros hagáis lo que es bueno, aunque nosotros quedemos como reprobados.

8Porque no podemos nada contra la verdad, sino a favor de la verdad.

9Por eso nos gozamos en que nosotros seamos débiles y que vosotros seáis fuertes. Y esto pedimos: vuestra madurez.

10Por tanto, os escribo esto estando ausente, para que estando presente no use de dureza conforme a la autoridad que el Señor me ha dado para edificación y no para destrucción.

11En cuanto a lo demás, hermanos, regocijaos. Sed maduros; sed confortados; sed de un mismo sentir. Vivid en paz, y el Dios de paz y de amor estará con vosotros.

12Saludaos unos a otros con un beso santo.

13Todos los santos os saludan.

14La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros.

↑ Volver al Índice de 2 Corintios