Juan
Juan - Capítulo 1
1En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.
2El era en el principio con Dios.
3Todas las cosas fueron hechas por medio de él, y sin él no fue hecho nada de lo que ha sido hecho.
4En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
5La luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.
6Hubo un hombre, enviado por Dios, que se llamaba Juan.
7El vino como testimonio, a fin de dar testimonio de la luz, para que todos creyesen por medio de él.
8No era él la luz, sino que vino para dar testimonio de la luz.
9Aquél era la luz verdadera que alumbra a todo hombre que viene al mundo.
10En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por medio de él, pero el mundo no le conoció.
11A lo suyo vino, pero los suyos no le recibieron.
12Pero a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio derecho de ser hechos hijos de Dios,
13los cuales nacieron no de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad de varón, sino de Dios.
14Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y contemplamos su gloria, como la gloria del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
15Juan dio testimonio de él y proclamó diciendo: "Este es aquel de quien dije: El que viene después de mí ha llegado a ser antes de mí, porque era primero que yo."
16Porque de su plenitud todos nosotros recibimos, y gracia sobre gracia.
17La ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo.
18A Dios nadie le ha visto jamás; el Dios único que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.
19Este es el testimonio de Juan cuando los judíos le enviaron de Jerusalén unos sacerdotes y levitas para preguntarle: —¿Quién eres tú?
20El confesó y no negó, sino que confesó: —Yo no soy el Cristo.
21Y le preguntaron: —¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías? Y dijo: —No lo soy. —¿Eres tú el profeta? Y respondió: —No.
22Le dijeron entonces: —¿Quién eres?, para que demos respuesta a los que nos han enviado. ¿Qué dices en cuanto a ti mismo?
23Dijo: —Yo soy la voz de uno que proclama en el desierto: "Enderezad el camino del Señor" como dijo el profeta Isaías.
24Y los que habían sido enviados eran de los fariseos.
25Le preguntaron y le dijeron: —¿Entonces, por qué bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta?
26Juan les respondió diciendo: —Yo bautizo en agua, pero en medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis.
27El es el que viene después de mí, de quien yo no soy digno de desatar la correa del calzado.
28Estas cosas acontecieron en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando.
29Al día siguiente, Juan vio a Jesús que venía hacia él y dijo: —¡He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo!
30Este es aquel de quien dije: "Después de mí viene un hombre que ha llegado a ser antes de mí, porque era primero que yo."
31Yo no le conocía; pero para que él fuese manifestado a Israel, por eso vine yo bautizando en agua.
32Juan dio testimonio diciendo: —He visto al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y posó sobre él.
33Yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar en agua me dijo: "Aquel sobre quien veas descender el Espíritu y posar sobre él, éste es el que bautiza en el Espíritu Santo."
34Yo le he visto y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.
35Al día siguiente, de nuevo estaba Juan con dos de sus discípulos.
36Al ver a Jesús que andaba por allí, dijo: —¡He aquí el Cordero de Dios!
37Los dos discípulos le oyeron hablar y siguieron a Jesús.
38Jesús, al dar vuelta y ver que le seguían, les dijo: —¿Qué buscáis? Y ellos le dijeron: —Rabí—que significa maestro—, ¿dónde moras?
39Les dijo: —Venid y ved. Por lo tanto, fueron y vieron dónde moraba y se quedaron con él aquel día, porque era como la hora décima.
40Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús.
41Este encontró primero a su hermano Simón y le dijo: —Hemos encontrado al Mesías—que significa Cristo—.
42El lo llevó a Jesús, y al verlo Jesús le dijo: —Tú eres Simón hijo de Jonás. Tú serás llamado Cefas—que significa piedra—.
43Al día siguiente, Jesús quiso salir para Galilea y encontró a Felipe. Y Jesús le dijo: —Sígueme.
44Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y de Pedro.
45Felipe encontró a Natanael y le dijo: —Hemos encontrado a aquel de quien Moisés escribió en la Ley, y también los Profetas: a Jesús de Nazaret, el hijo de José.
46Y le dijo Natanael: —¿De Nazaret puede haber algo de bueno? Le dijo Felipe: —Ven y ve.
47Jesús vio que Natanael venía hacia él y dijo de él: —¡He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño!
48Le dijo Natanael: —¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: —Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.
49Le respondió Natanael: —Rabí, ¡tú eres el Hijo de Dios! ¡Tú eres el rey de Israel!
50Respondió Jesús y le dijo: —¿Crees porque te dije: "Te vi debajo de la higuera"? ¡Cosas mayores que éstas verás!
51Y les dijo: —De cierto, de cierto os digo que veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre.
↑ Volver al Índice de JuanJuan - Capítulo 2
1Al tercer día se celebró una boda en Caná de Galilea, y estaba allí la madre de Jesús.
2Fue invitado también Jesús con sus discípulos a la boda.
3Y como faltó el vino, la madre de Jesús le dijo: —No tienen vino.
4Jesús le dijo: —¿Qué tiene que ver eso conmigo y contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora.
5Su madre dijo a los que servían: —Haced todo lo que él os diga.
6Había allí seis tinajas de piedra para agua, de acuerdo con los ritos de los judíos para la purificación. En cada una de ellas cabían dos o tres medidas.
7Jesús les dijo: —Llenad de agua las tinajas. Y las llenaron hasta el borde.
8Luego les dijo: —Sacad ahora y llevadlo al encargado del banquete. Se lo llevaron;
9y cuando el encargado del banquete probó el agua ya hecha vino, y no sabía de dónde venía (aunque los sirvientes que habían sacado el agua sí lo sabían), llamó al novio
10y le dijo: —Todo hombre sirve primero el buen vino; y cuando ya han tomado bastante, entonces saca el inferior. Pero tú has guardado el buen vino hasta ahora.
11Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él.
12Después de esto, él descendió a Capernaúm con su madre, sus hermanos y sus discípulos; y se quedaron allí no muchos días.
13Estaba próxima la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.
14Halló en el templo a los que vendían vacunos, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados.
15Y después de hacer un látigo de cuerdas, los echó a todos del templo, junto con las ovejas y los vacunos. Desparramó el dinero de los cambistas y volcó las mesas.
16A los que vendían palomas les dijo: —¡Quitad de aquí estas cosas y no hagáis más de la casa de mi Padre casa de mercado!
17Entonces se acordaron sus discípulos que estaba escrito: El celo por tu casa me consumirá.
18Los judíos respondieron y le dijeron: —Ya que haces estas cosas, ¿qué señal nos muestras?
19Respondió Jesús y les dijo: —Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.
20Por tanto los judíos dijeron: —Durante cuarenta y seis años se construyó este templo, ¿y tú lo levantarás en tres días?
21Pero él hablaba del templo de su cuerpo.
22Por esto, cuando fue resucitado de entre los muertos, sus discípulos se acordaron de que había dicho esto y creyeron la Escritura y las palabras que Jesús había dicho.
23Mientras él estaba en Jerusalén en la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en su nombre al observar las señales que hacía.
24Pero Jesús mismo no confiaba en ellos, porque los conocía a todos,
25y porque no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio acerca de los hombres, pues él conocía lo que había en el hombre.
↑ Volver al Índice de JuanJuan - Capítulo 3
1Y había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un gobernante de los judíos.
2Este vino a Jesús de noche y le dijo: —Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, a menos que Dios esté con él.
3Respondió Jesús y le dijo: —De cierto, de cierto te digo que a menos que uno nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios.
4Nicodemo le dijo: —¿Cómo puede nacer un hombre si ya es viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer?
5Respondió Jesús: —De cierto, de cierto te digo que a menos que uno nazca de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.
6Lo que ha nacido de la carne, carne es; y lo que ha nacido del Espíritu, espíritu es.
7No te maravilles de que te dije: "Os es necesario nacer de nuevo."
8El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; pero no sabes ni de dónde viene ni a dónde va. Así es todo aquel que ha nacido del Espíritu.
9Respondió Nicodemo y le dijo: —¿Cómo puede suceder eso?
10Respondió Jesús y le dijo: —Tú eres el maestro de Israel, ¿y no sabes esto?
11De cierto, de cierto te digo que hablamos de lo que sabemos; y testificamos de lo que hemos visto. Pero no recibís nuestro testimonio.
12Si os hablé de cosas terrenales y no creéis, ¿cómo creeréis si os hablo de las celestiales?
13Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del Hombre.
14Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado,
15para que todo aquel que cree en él tenga vida eterna.
16Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.
17Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.
18El que cree en él no es condenado; pero el que no cree ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.
19Y ésta es la condenación: que la luz ha venido al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.
20Porque todo aquel que practica lo malo aborrece la luz, y no viene a la luz, para que sus obras no sean censuradas.
21Pero el que hace la verdad viene a la luz para que sus obras sean manifiestas, que son hechas en Dios.
22Después de esto, Jesús fue con sus discípulos a la tierra de Judea; y pasaba allí un tiempo con ellos y bautizaba.
23Juan también estaba bautizando en Enón, junto a Salim, porque allí había mucha agua; y muchos venían y eran bautizados,
24ya que Juan todavía no había sido puesto en la cárcel.
25Entonces surgió una discusión entre los discípulos de Juan y un judío acerca de la purificación.
26Fueron a Juan y le dijeron: —Rabí, el que estaba contigo al otro lado del Jordán, de quien tú has dado testimonio, ¡he aquí él está bautizando, y todos van a él!
27Respondió Juan y dijo: —Ningún hombre puede recibir nada a menos que le haya sido dado del cielo.
28Vosotros mismos me sois testigos de que dije: "Yo no soy el Cristo," sino que "he sido enviado delante de él".
29El que tiene a la novia es el novio; pero el amigo del novio, que ha estado de pie y le escucha, se alegra mucho a causa de la voz del novio. Así, pues, este mi gozo ha sido cumplido.
30A él le es preciso crecer, pero a mí menguar.
31El que viene de arriba está por encima de todos. El que procede de la tierra es terrenal, y su habla procede de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos.
32Testifica de lo que ha visto y oído, y nadie recibe su testimonio.
33El que recibe su testimonio atestigua que Dios es veraz.
34Porque el que Dios envió habla las palabras de Dios, pues Dios no da el Espíritu por medida.
35El Padre ama al Hijo y ha puesto todas las cosas en su mano.
36El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que desobedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él.
↑ Volver al Índice de JuanJuan - Capítulo 4
1Cuando Jesús se enteró de que los fariseos habían oído que Jesús hacía y bautizaba más discípulos que Juan
2(aunque Jesús mismo no bautizaba, sino sus discípulos),
3dejó Judea y se fue otra vez a Galilea.
4Le era necesario pasar por Samaria;
5así que llegó a una ciudad de Samaria llamada Sicar, cerca del campo que Jacob había dado a su hijo José.
6Estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, estaba sentado junto al pozo. Era como la hora sexta.
7Vino una mujer de Samaria para sacar agua, y Jesús le dijo: —Dame de beber.
8Pues los discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer.
9Entonces la mujer samaritana le dijo: —¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí, siendo yo una mujer samaritana? —porque los judíos no se tratan con los samaritanos—.
10Respondió Jesús y le dijo: —Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: "Dame de beber," tú le hubieras pedido a él, y él te habría dado agua viva.
11La mujer le dijo: —Señor, no tienes con qué sacar, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva?
12¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob quien nos dio este pozo y quien bebió de él, y también sus hijos y su ganado?
13Respondió Jesús y le dijo: —Todo el que bebe de esta agua volverá a tener sed.
14Pero cualquiera que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.
15La mujer le dijo: —Señor, dame esta agua, para que no tenga sed, ni venga más acá a sacarla.
16Jesús le dijo: —Vé, llama a tu marido y ven acá.
17Respondió la mujer y le dijo: —No tengo marido. Le dijo Jesús: —Bien has dicho: "No tengo marido";
18porque cinco maridos has tenido, y el que tienes ahora no es tu marido. Esto has dicho con verdad.
19Le dijo la mujer: —Señor, veo que tú eres profeta.
20Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén está el lugar donde se debe adorar.
21Jesús le dijo: —Créeme, mujer, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.
22Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos, porque la salvación procede de los judíos.
23Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre busca a tales que le adoren.
24Dios es espíritu; y es necesario que los que le adoran, le adoren en espíritu y en verdad.
25Le dijo la mujer: —Sé que viene el Mesías—que es llamado el Cristo—. Cuando él venga, nos declarará todas las cosas.
26Jesús le dijo: —Yo soy, el que habla contigo.
27En este momento llegaron sus discípulos y se asombraban de que hablara con una mujer; no obstante, ninguno dijo: "¿Qué buscas?" o "¿Qué hablas con ella?"
28Entonces la mujer dejó su cántaro, se fue a la ciudad y dijo a los hombres:
29—¡Venid! Ved un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿Será posible que éste sea el Cristo?
30Entonces salieron de la ciudad y fueron hacia él.
31Mientras tanto, los discípulos le rogaban diciendo: —Rabí, come.
32Pero les dijo: —Yo tengo una comida para comer que vosotros no sabéis.
33Entonces sus discípulos se decían el uno al otro: —¿Acaso alguien le habrá traído algo de comer?
34Jesús les dijo: —Mi comida es que yo haga la voluntad del que me envió y que acabe su obra.
35¿No decís vosotros: "Todavía faltan cuatro meses para que llegue la siega"? He aquí os digo: ¡Alzad vuestros ojos y mirad los campos, que ya están blancos para la siega!
36El que siega recibe salario y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra y el que siega se gocen juntos.
37Porque en esto es verdadero el dicho: "Uno es el que siembra, y otro es el que siega."
38Yo os he enviado a segar lo que vosotros no habéis labrado. Otros han labrado, y vosotros habéis entrado en sus labores.
39Muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él a causa de la palabra de la mujer que daba testimonio diciendo: "Me dijo todo lo que he hecho."
40Entonces, cuando los samaritanos vinieron a él, rogándole que se quedase con ellos, se quedó allí dos días.
41Y muchos más creyeron a causa de su palabra.
42Ellos decían a la mujer: —Ya no creemos a causa de la palabra tuya, porque nosotros mismos hemos oído y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo.
43Pasados los dos días, salió de allí para Galilea,
44porque Jesús mismo dio testimonio de que un profeta no tiene honra en su propia tierra.
45Luego, cuando entró en Galilea, los galileos le recibieron, ya que habían visto cuántas cosas había hecho en Jerusalén en la fiesta; porque ellos también habían ido a la fiesta.
46Vino, pues, Jesús otra vez a Caná de Galilea donde había convertido el agua en vino. Había un oficial del rey cuyo hijo estaba enfermo en Capernaúm.
47Cuando éste oyó que Jesús había salido de Judea y estaba presente en Galilea, fue a él y le rogaba que descendiese y sanase a su hijo, porque estaba a punto de morir.
48Entonces Jesús le dijo: —A menos que veáis señales y prodigios, jamás creeréis.
49El oficial del rey le dijo: —Señor, desciende antes que muera mi hijo.
50Jesús le dijo: —Vé, tu hijo vive. El hombre creyó la palabra que Jesús le dijo y se puso en camino.
51Mientras todavía descendía, sus siervos salieron a recibirle diciendo que su hijo vivía.
52Entonces él les preguntó la hora en que comenzó a mejorarse, y le dijeron: —Ayer, a la hora séptima le dejó la fiebre.
53El padre entonces entendió que era aquella hora cuando Jesús le había dicho: "Tu hijo vive." Y creyó él con toda su casa.
54También hizo Jesús esta segunda señal cuando vino de Judea a Galilea.
↑ Volver al Índice de JuanJuan - Capítulo 5
1Después de esto había una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.
2En Jerusalén, junto a la puerta de las Ovejas, hay un estanque con cinco pórticos que en hebreo se llama Betesda.
3En ellos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos que esperaban el movimiento del agua.
4Porque un ángel del Señor descendía en ciertos tiempos en el estanque y agitaba el agua. Por tanto, el primero que entró después del movimiento del agua fue sanado de cualquier enfermedad que tuviera.
5Se encontraba allí cierto hombre que había estado enfermo durante treinta y ocho años.
6Cuando Jesús lo vio tendido y supo que ya había pasado tanto tiempo así, le preguntó: —¿Quieres ser sano?
7Le respondió el enfermo: —Señor, no tengo a nadie que me meta en el estanque cuando el agua es agitada; y mientras me muevo yo, otro desciende antes que yo.
8Jesús le dijo: —Levántate, toma tu cama y anda.
9Y en seguida el hombre fue sanado, tomó su cama y anduvo. Y aquel día era sábado.
10Entonces los judíos le decían a aquel que había sido sanado: —Es sábado, y no te es lícito llevar tu cama.
11Pero él les respondió: —El que me sanó, él mismo me dijo: "Toma tu cama y anda."
12Entonces le preguntaron: —¿Quién es el hombre que te dijo: "Toma tu cama y anda"?
13Pero el que había sido sanado no sabía quién había sido, porque Jesús se había apartado, pues había mucha gente en el lugar.
14Después Jesús le halló en el templo y le dijo: —He aquí, has sido sanado; no peques más, para que no te ocurra algo peor.
15El hombre se fue y declaró a los judíos que Jesús era el que le había sanado.
16Por esta causa los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado.
17Pero Jesús les respondió: —Mi Padre hasta ahora trabaja; también yo trabajo.
18Por esta razón los judíos aún más procuraban matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que también llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose igual a Dios.
19Por esto, respondió Jesús y les decía: —De cierto, de cierto os digo que el Hijo no puede hacer nada de sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre. Porque todo lo que él hace, esto también lo hace el Hijo de igual manera.
20Porque el Padre ama al Hijo y le muestra todas las cosas que él mismo hace. Y mayores obras que éstas le mostrará, de modo que vosotros os asombréis.
21Porque así como el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere.
22Porque el Padre no juzga a nadie, sino que todo el juicio lo dio al Hijo,
23para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.
24De cierto, de cierto os digo que el que oye mi palabra y cree al que me envió tiene vida eterna. El tal no viene a condenación, sino que ha pasado de muerte a vida.
25De cierto, de cierto os digo que viene la hora y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que oyen vivirán.
26Porque así como el Padre tiene vida en sí mismo, así también dio al Hijo el tener vida en sí mismo.
27Y también le dio autoridad para hacer juicio, porque él es el Hijo del Hombre.
28No os asombréis de esto, porque vendrá la hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz
29y saldrán, los que hicieron el bien para la resurrección de vida, pero los que practicaron el mal para la resurrección de condenación.
30Yo no puedo hacer nada de mí mismo. Como oigo, juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco la voluntad mía, sino la voluntad del que me envió.
31Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero.
32El que da testimonio de mí es otro, y sé que el testimonio que da de mí es verdadero.
33Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio de la verdad.
34Pero yo no recibo el testimonio de parte del hombre; más bien, digo esto para que vosotros seáis salvos.
35El era antorcha que ardía y alumbraba, y vosotros quisisteis regocijaros por un poco en su luz.
36Pero yo tengo un testimonio mayor que el de Juan; porque las obras que el Padre me ha dado para cumplirlas, las mismas obras que hago dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado.
37Y el Padre que me envió ha dado testimonio de mí. Pero nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su apariencia,
38ni tenéis su palabra permaneciendo en vosotros; porque vosotros no creéis a quien él envió.
39Escudriñad las Escrituras, porque os parece que en ellas tenéis vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mí.
40Y vosotros no queréis venir a mí para que tengáis vida.
41No recibo gloria de parte de los hombres.
42Al contrario, yo os conozco que no tenéis el amor de Dios en vosotros.
43Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís. Si otro viene en su propio nombre, a aquél recibiréis.
44¿Cómo podéis vosotros creer? Pues recibiendo la gloria los unos de los otros, no buscáis la gloria que viene de parte del único Dios.
45No penséis que yo os acusaré delante del Padre. Hay quien os acusa: Moisés, en quien habéis puesto la esperanza.
46Porque si vosotros creyeseis a Moisés, me creeríais a mí; pues él escribió de mí.
47Pero si no creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras?
↑ Volver al Índice de JuanJuan - Capítulo 6
1Después de esto fue Jesús a la otra orilla del mar de Galilea, o sea de Tiberias,
2y le seguía una gran multitud, porque veían las señales que hacía en los enfermos.
3Jesús subió a un monte y se sentó allí con sus discípulos.
4Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos.
5Cuando Jesús alzó los ojos y vio que se le acercaba una gran multitud, dijo a Felipe: —¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?
6Pero decía esto para probarle, porque Jesús sabía lo que iba a hacer.
7Felipe le respondió: —Doscientos denarios de pan no bastan, para que cada uno de ellos reciba un poco.
8Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo:
9—Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescaditos. Pero, ¿qué es esto para tantos?
10Entonces Jesús dijo: —Haced recostar a la gente. Había mucha hierba en aquel lugar. Se recostaron, pues, como cinco mil hombres.
11Entonces Jesús tomó los panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los que estaban recostados. De igual manera repartió de los pescados, cuanto querían.
12Cuando fueron saciados, dijo a sus discípulos: —Recoged los pedazos que han quedado, para que no se pierda nada.
13Recogieron, pues, y llenaron doce canastas de pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido.
14Entonces, cuando los hombres vieron la señal que Jesús había hecho, decían: —¡Verdaderamente, éste es el profeta que ha de venir al mundo!
15Como Jesús entendió que iban a venir para tomarle por la fuerza y hacerle rey, se retiró de nuevo al monte, él solo.
16Cuando anochecía, sus discípulos descendieron al mar,
17y entrando en una barca iban cruzando el mar hacia Capernaúm. Ya había oscurecido, y Jesús todavía no había venido a ellos.
18Y se agitaba el mar porque soplaba un gran viento.
19Entonces, cuando habían remado como veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús caminando sobre el mar y acercándose a la barca, y tuvieron miedo.
20Pero él les dijo: —¡Yo soy; no temáis!
21Entonces ellos quisieron recibirle en la barca, y de inmediato la barca llegó a la tierra a donde iban.
22Al día siguiente, la multitud que había estado al otro lado del mar se dio cuenta de que no había habido allí sino una sola barca, y que Jesús no había entrado en la barca con sus discípulos, sino que éstos se habían ido solos.
23(Sin embargo, de Tiberias habían llegado otras barcas cerca del lugar donde habían comido el pan después que el Señor había dado gracias.)
24Entonces, cuando la multitud vio que Jesús no estaba allí ni tampoco sus discípulos, ellos entraron en las barcas y fueron a Capernaúm buscando a Jesús.
25Cuando le hallaron al otro lado del mar, le preguntaron: —Rabí, ¿cuándo llegaste acá?
26Jesús les respondió diciendo: —De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis de los panes y os saciasteis.
27Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que permanece para vida eterna, que el Hijo del Hombre os dará; porque en éste, Dios el Padre ha puesto su sello.
28Entonces le dijeron: —¿Qué haremos para realizar las obras de Dios?
29Respondió Jesús y les dijo: —Esta es la obra de Dios: que creáis en aquel que él ha enviado.
30Entonces le dijeron: —¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra haces?
31Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer.
32Por tanto Jesús les dijo: —De cierto, de cierto os digo que no os ha dado Moisés el pan del cielo, sino mi Padre os da el verdadero pan del cielo.
33Porque el pan de Dios es aquel que desciende del cielo y da vida al mundo.
34Le dijeron: —Señor, danos siempre este pan.
35Jesús les dijo: —Yo soy el pan de vida. El que a mí viene nunca tendrá hambre, y el que en mí cree no tendrá sed jamás.
36Pero os he dicho que me habéis visto, y no creéis.
37Todo lo que el Padre me da vendrá a mí; y al que a mí viene, jamás lo echaré fuera.
38Porque yo he descendido del cielo, no para hacer la voluntad mía, sino la voluntad del que me envió.
39Y ésta es la voluntad del que me envió: que yo no pierda nada de todo lo que me ha dado, sino que lo resucite en el día final.
40Esta es la voluntad de mi Padre: que todo aquel que mira al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y que yo lo resucite en el día final.
41Entonces los judíos murmuraban de él porque había dicho: "Yo soy el pan que descendió del cielo."
42Y decían: —¿No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo es que ahora dice: "He descendido del cielo"?
43Jesús respondió y les dijo: —No murmuréis más entre vosotros.
44Nadie puede venir a mí, a menos que el Padre que me envió lo traiga; y yo lo resucitaré en el día final.
45Está escrito en los Profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oye y aprende del Padre viene a mí.
46No es que alguien haya visto al Padre, sino que aquel que proviene de Dios, éste ha visto al Padre.
47De cierto, de cierto os digo: El que cree tiene vida eterna.
48Yo soy el pan de vida.
49Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron.
50Este es el pan que desciende del cielo, para que el que coma de él no muera.
51Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno come de este pan, vivirá para siempre. El pan que yo daré por la vida del mundo es mi carne.
52Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: —¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?
53Y Jesús les dijo: —De cierto, de cierto os digo que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
54El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final.
55Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
56El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí, y yo en él.
57Así como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, de la misma manera el que me come también vivirá por mí.
58Este es el pan que descendió del cielo. No como los padres que comieron y murieron, el que come de este pan vivirá para siempre.
59Estas cosas dijo en la sinagoga, cuando enseñaba en Capernaúm.
60Entonces, al oírlo, muchos de sus discípulos dijeron: —Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?
61Sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: —¿Esto os escandaliza?
62¿Y si vierais al Hijo del Hombre subir a donde estaba primero?
63El Espíritu es el que da vida; la carne no aprovecha para nada. Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.
64Pero hay entre vosotros algunos que no creen. Pues desde el principio Jesús sabía quiénes eran los que no creían y quién le había de entregar,
65y decía: —Por esta razón os he dicho que nadie puede venir a mí, a menos que le haya sido concedido por el Padre.
66Desde entonces, muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él.
67Entonces Jesús dijo a los doce: —¿Queréis acaso iros vosotros también?
68Le respondió Simón Pedro: —Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.
69Y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Santo de Dios.
70Jesús les respondió: —¿No os escogí yo a vosotros doce, y uno de vosotros es diablo?
71Hablaba de Judas hijo de Simón Iscariote; porque éste, siendo uno de los doce, estaba por entregarlo.
↑ Volver al Índice de JuanJuan - Capítulo 7
1Después de esto, andaba Jesús por Galilea. No quería andar por Judea, porque los judíos le buscaban para matarlo.
2Estaba próxima la fiesta de los Tabernáculos de los judíos.
3Por tanto, le dijeron sus hermanos: —Sal de aquí y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces.
4Porque nadie que procura darse a conocer hace algo en oculto. Puesto que haces estas cosas, manifiéstate al mundo.
5Pues ni aun sus hermanos creían en él.
6Entonces Jesús les dijo: —Mi tiempo no ha llegado todavía, pero vuestro tiempo siempre está a la mano.
7El mundo no puede aborreceros a vosotros; pero a mí me aborrece porque yo doy testimonio de él, que sus obras son malas.
8Subid vosotros a la fiesta. Yo no subo todavía a esta fiesta, porque mi tiempo aún no se ha cumplido.
9Habiendo dicho esto, él se quedó en Galilea.
10Pero cuando sus hermanos habían subido a la fiesta, entonces él también subió, no abiertamente sino en secreto.
11Los judíos le buscaban en la fiesta y decían: —¿Dónde está aquél?
12Había una gran murmuración acerca de él entre las multitudes. Unos decían: "Es bueno." Pero otros decían: "No, sino que engaña a la gente."
13Sin embargo, nadie hablaba abiertamente de él, por miedo de los judíos.
14Cuando ya había pasado la mitad de la fiesta, subió Jesús al templo y enseñaba.
15Entonces los judíos se asombraban diciendo: —¿Cómo sabe éste de letras, sin haber estudiado?
16Por tanto, Jesús les respondió y dijo: —Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió.
17Si alguien quiere hacer su voluntad, conocerá si mi doctrina proviene de Dios o si yo hablo por mi propia cuenta.
18El que habla de sí mismo busca su propia gloria; pero el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y en él no hay injusticia.
19¿No os dio Moisés la Ley? Y ninguno de vosotros la cumple. ¿Por qué buscáis matarme?
20La multitud respondió: —Demonio tienes. ¿Quién busca matarte?
21Jesús respondió y les dijo: —Una sola obra hice, y todos os asombráis.
22Por esto Moisés os dio la circuncisión (no porque sea de Moisés, sino de los padres), y en sábado circuncidáis al hombre.
23Si el hombre recibe la circuncisión en sábado a fin de que la ley de Moisés no sea quebrantada, ¿os enojáis conmigo porque en sábado sané a un hombre por completo?
24No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio.
25Decían entonces algunos de Jerusalén: —¿No es éste a quien buscan para matarle?
26¡He aquí, habla públicamente, y no le dicen nada! ¿Será que los principales realmente han reconocido que él es el Cristo?
27Pero éste, sabemos de dónde es; pero cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde sea.
28Entonces Jesús alzó la voz en el templo, enseñando y diciendo: —A mí me conocéis y sabéis de dónde soy. Y yo no he venido por mí mismo; más bien, el que me envió, a quien vosotros no conocéis, es verdadero.
29Yo le conozco, porque de él provengo, y él me envió.
30Entonces procuraban prenderle, pero nadie puso su mano sobre él, porque todavía no había llegado su hora.
31Muchos del pueblo creyeron en él y decían: "Cuando venga el Cristo, ¿hará más señales que las que hizo éste?"
32Los fariseos oyeron que la multitud murmuraba estas cosas acerca de él, y los principales sacerdotes y los fariseos enviaron guardias para tomarlo preso.
33Entonces dijo Jesús: —Todavía estaré con vosotros un poco de tiempo; luego iré al que me envió.
34Me buscaréis y no me hallaréis, y a donde yo estaré vosotros no podréis ir.
35Entonces los judíos se decían entre sí: —¿A dónde se ha de ir éste, que nosotros no le hallemos? ¿Acaso ha de ir a la dispersión entre los griegos para enseñar a los griegos?
36¿Qué significa este dicho que dijo: "Me buscaréis y no me hallaréis, y no podréis ir a donde yo estaré"?
37Pero en el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso de pie y alzó la voz diciendo: —Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.
38El que cree en mí, como dice la Escritura, ríos de agua viva correrán de su interior.
39Esto dijo acerca del Espíritu que habían de recibir los que creyeran en él, pues todavía no había sido dado el Espíritu, porque Jesús aún no había sido glorificado.
40Entonces, cuando algunos de la multitud oyeron estas palabras, decían: "¡Verdaderamente, éste es el profeta!"
41Otros decían: "Este es el Cristo." Pero otros decían: "¿De Galilea habrá de venir el Cristo?
42¿No dice la Escritura que el Cristo vendrá de la descendencia de David y de la aldea de Belén, de donde era David?"
43Así que había disensión entre la gente por causa de él.
44Algunos de ellos querían tomarlo preso, pero ninguno le echó mano.
45Luego los guardias regresaron a los principales sacerdotes y a los fariseos, y ellos les dijeron: —¿Por qué no le trajisteis?
46Los guardias respondieron: —¡Nunca habló hombre alguno así!
47Entonces los fariseos les respondieron: —¿Será posible que vosotros también hayáis sido engañados?
48¿Habrá creído en él alguno de los principales o de los fariseos?
49Pero esta gente que no conoce la ley es maldita.
50Nicodemo, el que fue a Jesús al principio y que era uno de ellos, les dijo:
51—¿Juzga nuestra ley a un hombre si primero no se le oye y se entiende qué hace?
52Le respondieron y dijeron: —¿Eres tú también de Galilea? Escudriña y ve que de Galilea no se levanta ningún profeta.
53Y se fue cada uno a su casa.
↑ Volver al Índice de JuanJuan - Capítulo 8
1Pero Jesús se fue al monte de los Olivos,
2y muy de mañana volvió al templo. Todo el pueblo venía a él, y sentado les enseñaba.
3Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio,
4le dijeron: —Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el mismo acto de adulterio.
5Ahora bien, en la ley Moisés nos mandó apedrear a las tales. Tú, pues, ¿qué dices?
6Esto decían para probarle, para tener de qué acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en la tierra con el dedo.
7Pero como insistieron en preguntarle, se enderezó y les dijo: —El de vosotros que esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella.
8Al inclinarse hacia abajo otra vez, escribía en tierra.
9Pero cuando lo oyeron, salían uno por uno, comenzando por los más viejos. Sólo quedaron Jesús y la mujer, que estaba en medio.
10Entonces Jesús se enderezó y le preguntó: —Mujer, ¿dónde están? ¿Ninguno te ha condenado?
11Y ella dijo: —Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: —Ni yo te condeno. Vete y desde ahora no peques más.
12Jesús les habló otra vez a los fariseos diciendo: —Yo soy la luz del mundo. El que me sigue nunca andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.
13Entonces los fariseos le dijeron: —Tú das testimonio de ti mismo; tu testimonio no es verdadero.
14Jesús respondió y les dijo: —Aun si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde vine y a dónde voy. Pero vosotros no sabéis de dónde vengo ni a dónde voy.
15Vosotros juzgáis según la carne, pero yo no juzgo a nadie.
16Y aun si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy yo solo, sino yo y el Padre que me envió.
17En vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero.
18Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre que me envió también da testimonio de mí.
19Entonces le decían: —¿Dónde está tu Padre? Respondió Jesús: —Ni a mí me conocéis, ni a mi Padre. Si a mí me hubierais conocido, a mi Padre también habríais conocido.
20Estas palabras habló Jesús enseñando en el templo en el lugar de las ofrendas; y nadie le prendió, porque todavía no había llegado su hora.
21Luego Jesús les dijo otra vez: —Yo me voy, y me buscaréis; pero en vuestro pecado moriréis. A donde yo voy, vosotros no podéis ir.
22Entonces los judíos decían: —¿Será posible que se habrá de matar a sí mismo? Pues dice: "A donde yo voy, vosotros no podéis ir."
23El les decía: —Vosotros sois de abajo; yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo; yo no soy de este mundo.
24Por esto os dije que moriréis en vuestros pecados; porque a menos que creáis que yo soy, en vuestros pecados moriréis.
25Así que le decían: —Tú, ¿quién eres? Entonces Jesús les dijo: —Lo mismo que os vengo diciendo desde el principio.
26Muchas cosas tengo que decir y juzgar de vosotros. Pero el que me envió es verdadero; y yo, lo que he oído de parte de él, esto hablo al mundo.
27Pero no entendieron que les hablaba del Padre.
28Entonces Jesús les dijo: —Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces entenderéis que yo soy, y que nada hago de mí mismo; sino que estas cosas hablo, así como el Padre me enseñó.
29Porque el que me envió, conmigo está. El Padre no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada a él.
30Mientras él decía estas cosas, muchos creyeron en él.
31Por tanto, Jesús decía a los judíos que habían creído en él: —Si vosotros permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos;
32y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.
33Le respondieron: —Somos descendientes de Abraham y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: "Llegaréis a ser libres"?
34Jesús les respondió: —De cierto, de cierto os digo que todo aquel que practica el pecado es esclavo del pecado.
35El esclavo no permanece en la casa para siempre; el Hijo sí queda para siempre.
36Así que, si el Hijo os hace libres, seréis verdaderamente libres.
37Sé que sois descendientes de Abraham; no obstante, procuráis matarme, porque mi palabra no tiene cabida en vosotros.
38Yo hablo de lo que he visto estando con el Padre, y vosotros hacéis lo que habéis oído de parte de vuestro padre.
39Respondieron y le dijeron: —Nuestro padre es Abraham. Jesús les dijo: —Puesto que sois hijos de Abraham, haced las obras de Abraham.
40Pero ahora procuráis matarme, hombre que os he hablado la verdad que oí de parte de Dios. ¡Esto no lo hizo Abraham!
41Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Entonces le dijeron: —Nosotros no hemos nacido de fornicación. Tenemos un solo padre, Dios.
42Entonces Jesús les dijo: —Si Dios fuera vuestro padre, me amaríais; porque yo he salido y he venido de Dios. Yo no he venido por mí mismo, sino que él me envió.
43¿Por qué no comprendéis lo que digo? Porque no podéis oír mi palabra.
44Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y queréis satisfacer los deseos de vuestro padre. El era homicida desde el principio y no se basaba en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de lo suyo propio habla, porque es mentiroso y padre de mentira.
45Pero a mí, porque os digo la verdad, no me creéis.
46¿Quién de vosotros me halla culpable de pecado? Y si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me creéis?
47El que es de Dios escucha las palabras de Dios. Por esta razón vosotros no las escucháis, porque no sois de Dios.
48Respondieron los judíos y le dijeron: —¿No decimos bien nosotros que tú eres samaritano y que tienes demonio?
49Respondió Jesús: —Yo no tengo demonio. Más bien, honro a mi Padre, pero vosotros me deshonráis.
50Yo no busco mi gloria; hay quien la busca y juzga.
51De cierto, de cierto os digo que si alguno guarda mi palabra, nunca verá la muerte para siempre.
52Entonces los judíos le dijeron: —¡Ahora sabemos que tienes demonio! Abraham murió, y también los profetas; y tú dices: "Si alguno guarda mi palabra, nunca gustará muerte para siempre."
53¿Eres tú acaso mayor que nuestro padre Abraham quien murió, o los profetas quienes también murieron? ¿Quién pretendes ser?
54Respondió Jesús: —Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria no es nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien vosotros decís: "Es nuestro Dios."
55Y vosotros no le conocéis. Pero yo sí le conozco. Si digo que no le conozco, seré mentiroso como vosotros. Pero le conozco y guardo su palabra.
56Abraham, vuestro padre, se regocijó de ver mi día. El lo vio y se gozó.
57Entonces le dijeron los judíos: —Aún no tienes ni cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?
58Les dijo Jesús: —De cierto, de cierto os digo que antes que Abraham existiera, Yo Soy.
59Entonces tomaron piedras para arrojárselas, pero Jesús se ocultó y salió del templo.
↑ Volver al Índice de JuanJuan - Capítulo 9
1Mientras pasaba Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento,
2y sus discípulos le preguntaron diciendo: —Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?
3Respondió Jesús: —No es que éste pecó, ni tampoco sus padres. Al contrario, fue para que las obras de Dios se manifestaran en él.
4Me es preciso hacer las obras del que me envió, mientras dure el día. La noche viene cuando nadie puede trabajar.
5Mientras yo esté en el mundo, luz soy del mundo.
6Dicho esto, escupió en tierra, hizo lodo con la saliva y con el lodo untó los ojos del ciego.
7Y le dijo: —Vé, lávate en el estanque de Siloé—que significa enviado—. Por tanto fue, se lavó y regresó viendo.
8Entonces los vecinos y los que antes le habían visto que era mendigo decían: —¿No es éste el que se sentaba para mendigar?
9Unos decían: —Este es. Y otros: —No. Pero se parece a él. El decía: —Yo soy.
10Entonces le decían: —¿Cómo te fueron abiertos los ojos?
11El respondió: —El hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos y me dijo: "Vé a Siloé y lávate." Entonces cuando fui y me lavé, recibí la vista.
12Y le dijeron: —¿Dónde está él? El dijo: —No sé.
13Llevaron ante los fariseos al que antes era ciego,
14porque el día en que Jesús hizo lodo y le abrió los ojos era sábado.
15Entonces, los fariseos le volvieron a preguntar de qué manera había recibido la vista, y les dijo: —El me puso lodo sobre los ojos; me lavé y veo.
16Entonces algunos de los fariseos decían: —Este hombre no es de Dios, porque no guarda el sábado. Pero otros decían: —¿Cómo puede un hombre pecador hacer tales señales? Había una división entre ellos.
17Entonces volvieron a hablar al ciego: —Tú, ¿qué dices de él, puesto que te abrió los ojos? Y él dijo: —Que es profeta.
18Los judíos, pues, no creían que él había sido ciego y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista,
19y les preguntaron diciendo: —¿Es éste vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?
20Respondieron sus padres y dijeron: —Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego.
21Pero cómo ve ahora, no sabemos; o quién le haya abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Edad tiene; preguntadle a él, y él hablará por su cuenta.
22Sus padres dijeron esto porque tenían miedo de los judíos, porque ya los judíos habían acordado que si alguno confesara que Jesús era el Cristo, fuera expulsado de la sinagoga.
23Por esta razón dijeron sus padres: "Edad tiene; preguntadle a él."
24Así que por segunda vez llamaron al hombre que había sido ciego y le dijeron: —¡Da gloria a Dios! Nosotros sabemos que este hombre es pecador.
25Entonces él respondió: —Si es pecador, no lo sé. Una cosa sé: que habiendo sido ciego, ahora veo.
26Luego le dijeron: —¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?
27Les contestó: —Ya os dije, y no escuchasteis. ¿Por qué lo queréis oír otra vez? ¿Acaso queréis también vosotros haceros sus discípulos?
28Entonces le ultrajaron y dijeron: —¡Tú eres discípulo de él! ¡Pero nosotros somos discípulos de Moisés!
29Nosotros sabemos que Dios ha hablado por Moisés, pero éste, no sabemos de dónde sea.
30Respondió el hombre y les dijo: —¡Pues en esto sí tenemos una cosa maravillosa! Que vosotros no sepáis de dónde es, y a mí me abrió los ojos.
31Sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguien es temeroso de Dios y hace su voluntad, a ése oye.
32Desde la eternidad nunca se oyó que alguien abriese los ojos de uno que había nacido ciego.
33Si éste no procediera de Dios, no podría hacer nada.
34Le contestaron diciendo: —Tú naciste sumido en pecado, ¿y tú quieres enseñarnos a nosotros? Y lo echaron fuera.
35Jesús oyó que lo habían echado fuera; y cuando lo halló, le dijo: —¿Crees tú en el Hijo del Hombre?
36El respondió y dijo: —Señor, ¿quién es, para que yo crea en él?
37Jesús le dijo: —Le has visto, y el que habla contigo, él es.
38Y dijo: —¡Creo, Señor! Y le adoró.
39Y dijo Jesús: —Para juicio yo he venido a este mundo; para que vean los que no ven, y los que ven sean hechos ciegos.
40Al oír esto, algunos de los fariseos que estaban con él le dijeron: —¿Acaso somos nosotros también ciegos?
41Les dijo Jesús: —Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero ahora porque decís: "Vemos," vuestro pecado permanece.
↑ Volver al Índice de JuanJuan - Capítulo 10
1"De cierto, de cierto os digo que el que no entra al redil de las ovejas por la puerta, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y asaltante.
2Pero el que entra por la puerta es el pastor de las ovejas.
3A él le abre el portero, y las ovejas oyen su voz. A sus ovejas las llama por nombre y las conduce afuera.
4Y cuando saca fuera a todas las suyas, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.
5Pero al extraño jamás seguirán; más bien, huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños."
6Jesús les dijo esta figura, pero ellos no entendieron qué era lo que les decía.
7Entonces Jesús les habló de nuevo: "De cierto, de cierto os digo que yo soy la puerta de las ovejas.
8Todos los que vinieron antes de mí eran ladrones y asaltantes, pero las ovejas no les oyeron.
9Yo soy la puerta. Si alguien entra por mí, será salvo; entrará, saldrá y hallará pastos.
10El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.
11Yo soy el buen pastor; el buen pastor pone su vida por las ovejas.
12Pero el asalariado, que no es el pastor, y a quien no le pertenecen las ovejas, ve que viene el lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo arrebata y esparce las ovejas.
13Huye porque es asalariado, y a él no le importan las ovejas.
14Yo soy el buen pastor y conozco mis ovejas, y las mías me conocen.
15Como el Padre me conoce, yo también conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.
16"También tengo otras ovejas que no son de este redil. A ellas también me es necesario traer, y oirán mi voz. Así habrá un solo rebaño y un solo pastor.
17Por esto me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.
18Nadie me la quita, sino que yo la pongo de mí mismo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre."
19Hubo división otra vez entre los judíos a causa de estas palabras,
20y muchos de ellos decían: —Demonio tiene y está fuera de sí. ¿Por qué le escucháis?
21Otros decían: —Estas palabras no son las de un endemoniado. ¿Podrá un demonio abrir los ojos de los ciegos?
22Se celebraba entonces la fiesta de la Dedicación en Jerusalén. Era invierno,
23y Jesús andaba en el templo por el pórtico de Salomón.
24Entonces le rodearon los judíos y le dijeron: —¿Hasta cuándo nos tendrás en suspenso? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente.
25Jesús les contestó: —Os lo he dicho, y no creéis. Las obras que yo hago en nombre de mi Padre, éstas dan testimonio de mí.
26Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas.
27Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen.
28Yo les doy vida eterna, y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano.
29Mi Padre que me las ha dado, es mayor que todos; y nadie las puede arrebatar de las manos del Padre.
30Yo y el Padre una cosa somos.
31Los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearle.
32Jesús les respondió: —Muchas buenas obras os he mostrado de parte del Padre. ¿Por cuál de estas obras me apedreáis?
33Los judíos le respondieron: —No te apedreamos por obra buena, sino por blasfemia y porque tú, siendo hombre, te haces Dios.
34Jesús les respondió: —¿No está escrito en vuestra ley, "Yo dije: Sois dioses"?
35Si dijo "dioses" a aquellos a quienes fue dirigida la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser anulada),
36¿decís vosotros: "Tú blasfemas" a quien el Padre santificó y envió al mundo, porque dije: "Soy Hijo de Dios"?
37Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis.
38Pero si las hago, aunque a mí no me creáis, creed a las obras; para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre.
39Procuraban otra vez tomarle preso, pero él se salió de las manos de ellos.
40Y volvió al otro lado del Jordán al lugar donde al principio Juan había estado bautizando, y se quedó allí.
41Y muchos fueron a él y decían: "Juan, a la verdad, ninguna señal hizo; pero todo lo que Juan dijo de éste era verdad."
42Y muchos creyeron en él allí.
↑ Volver al Índice de JuanJuan - Capítulo 11
1Estaba entonces enfermo un hombre llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de su hermana Marta.
2María era la que ungió al Señor con perfume y secó sus pies con sus cabellos. Y Lázaro, que estaba enfermo, era su hermano.
3Entonces sus hermanas enviaron para decir a Jesús: "Señor, he aquí el que amas está enfermo."
4Al oírlo, Jesús dijo: —Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios; para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.
5Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro.
6Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó aún dos días más en el lugar donde estaba;
7y luego, después de esto, dijo a sus discípulos: —Vamos a Judea otra vez.
8Le dijeron sus discípulos: —Rabí, hace poco los judíos procuraban apedrearte, ¿y otra vez vas allá?
9Respondió Jesús: —¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo.
10Pero si uno camina de noche, tropieza porque no hay luz en él.
11Habiendo dicho estas cosas después les dijo: —Nuestro amigo Lázaro duerme, pero voy para despertarlo.
12Entonces dijeron sus discípulos: —Señor, si duerme, se sanará.
13Sin embargo, Jesús había dicho esto de la muerte de Lázaro, pero ellos pensaron que hablaba del reposo del sueño.
14Así que, luego Jesús les dijo claramente: —Lázaro ha muerto;
15y a causa de vosotros me alegro de que yo no haya estado allá, para que creáis. Pero vayamos a él.
16Entonces Tomás, que se llamaba Dídimo, dijo a sus condiscípulos: —Vamos también nosotros, para que muramos con él.
17Cuando llegó Jesús, halló que hacía ya cuatro días que Lázaro estaba en el sepulcro.
18Betania estaba cerca de Jerusalén, como a quince estadios,
19y muchos de los judíos habían venido a Marta y a María para consolarlas por su hermano.
20Entonces cuando oyó que Jesús venía, Marta salió a encontrarle, pero María se quedó sentada en casa.
21Marta dijo a Jesús: —Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.
22Pero ahora también sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará.
23Jesús le dijo: —Tu hermano resucitará.
24Marta le dijo: —Yo sé que resucitará en la resurrección en el día final.
25Jesús le dijo: —Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá.
26Y todo aquel que vive y cree en mí no morirá para siempre. ¿Crees esto?
27Le dijo: —Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que había de venir al mundo.
28Y cuando hubo dicho esto, fue y llamó en secreto a su hermana María, diciendo: —El Maestro está aquí y te llama.
29Ella, cuando lo oyó, se levantó de prisa y fue a donde él estaba;
30pues Jesús todavía no había llegado a la aldea, sino que estaba en el lugar donde Marta le había encontrado.
31Entonces, los judíos que estaban en la casa con ella y la consolaban, cuando vieron que María se levantó de prisa y salió, la siguieron, porque pensaban que iba al sepulcro a llorar allí.
32Luego, cuando María llegó al lugar donde estaba Jesús y le vio, se postró a sus pies diciéndole: —Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano.
33Entonces Jesús, al verla llorando y al ver a los judíos que habían venido junto con ella también llorando, se conmovió en espíritu y se turbó.
34Y dijo: —¿Dónde le habéis puesto? Le dijeron: —Señor, ven y ve.
35Jesús lloró.
36Entonces dijeron los judíos: —Mirad cómo le amaba.
37Pero algunos de ellos dijeron: —¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego, hacer también que Lázaro no muriese?
38Jesús, conmovido otra vez dentro de sí, fue al sepulcro. Era una cueva y tenía puesta una piedra contra la entrada.
39Jesús dijo: —Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: —Señor, hiede ya, porque tiene cuatro días.
40Jesús le dijo: —¿No te dije que si crees verás la gloria de Dios?
41Luego quitaron la piedra, y Jesús alzó los ojos arriba y dijo: —Padre, te doy gracias porque me oíste.
42Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la gente que está alrededor, para que crean que tú me has enviado.
43Habiendo dicho esto, llamó a gran voz: —¡Lázaro, ven fuera!
44Y el que había estado muerto salió, atados los pies y las manos con vendas y su cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: —Desatadle y dejadle ir.
45Muchos de los judíos que habían venido a María y habían visto lo que había hecho Jesús, creyeron en él.
46Pero algunos de ellos fueron a los fariseos y les dijeron lo que Jesús había hecho.
47Entonces los principales sacerdotes y los fariseos reunieron al Sanedrín y decían: —¿Qué hacemos? Pues este hombre hace muchas señales.
48Si le dejamos seguir así, todos creerán en él; y vendrán los romanos y destruirán nuestro lugar y nuestra nación.
49Entonces uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote en aquel año, les dijo: —Vosotros no sabéis nada;
50ni consideráis que os conviene que un solo hombre muera por el pueblo, y no que perezca toda la nación.
51Pero esto no lo dijo de sí mismo; sino que, como era el sumo sacerdote de aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación;
52y no solamente por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban esparcidos.
53Así que, desde aquel día resolvieron matarle.
54Por lo tanto, Jesús ya no andaba abiertamente entre los judíos, sino que se fue de allí a la región que está junto al desierto, a una ciudad que se llama Efraín; y estaba allí con sus discípulos.
55Ya estaba próxima la Pascua de los judíos, y muchos subieron de esa región a Jerusalén antes de la Pascua para purificarse.
56Buscaban a Jesús y se decían unos a otros, estando en el templo: —¿Qué os parece? ¿Que tal vez ni venga a la fiesta?
57Los principales sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes de que si alguno supiese dónde estaba, lo informara para que le tomaran preso.
↑ Volver al Índice de JuanJuan - Capítulo 12
1Seis días antes de la Pascua, llegó Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, a quien Jesús resucitó de entre los muertos.
2Le hicieron allí una cena. Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él.
3Entonces María, habiendo traído una libra de perfume de nardo puro de mucho valor, ungió los pies de Jesús y los limpió con sus cabellos. Y la casa se llenó con el olor del perfume.
4Pero uno de sus discípulos, Judas Iscariote, el que estaba por entregarle, dijo:
5—¿Por qué no fue vendido este perfume por trescientos denarios y dado a los pobres?
6Pero dijo esto, no porque le importaban los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa a su cargo sustraía de lo que se echaba en ella.
7Entonces Jesús dijo: —Déjala. Para el día de mi sepultura ha guardado esto.
8Porque a los pobres siempre los tenéis con vosotros, pero a mí, no siempre me tendréis.
9Entonces mucha gente de los judíos se enteró de que él estaba allí; y fueron, no sólo por causa de Jesús, sino también para ver a Lázaro, a quien él había resucitado de entre los muertos.
10Pero los principales sacerdotes resolvieron matar también a Lázaro,
11porque por causa de él muchos de los judíos se apartaban y creían en Jesús.
12Al día siguiente, cuando oyeron que Jesús venía a Jerusalén, la gran multitud que había venido a la fiesta
13tomó ramas de palmera y salió a recibirle, y le aclamaban a gritos: "¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!"
14Habiendo encontrado Jesús un borriquillo, montó sobre él, como está escrito:
15No temas, hija de Sion. ¡He aquí tu Rey viene, sentado sobre una cría de asna!
16Sus discípulos no entendieron estas cosas al principio. Pero cuando Jesús fue glorificado, entonces se acordaron de que estas cosas estaban escritas acerca de él, y que estas cosas le hicieron a él.
17La gente que estaba con él daba testimonio de cuando llamó a Lázaro del sepulcro y le resucitó de entre los muertos.
18Por esto también la multitud salió a recibirle, porque oyeron que él había hecho esta señal.
19Entonces los fariseos dijeron entre sí: —Ved que nada ganáis. ¡He aquí, el mundo se va tras él!
20Había ciertos griegos entre los que habían subido a adorar en la fiesta.
21Ellos se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaban diciendo: —Señor, quisiéramos ver a Jesús.
22Felipe fue y se lo dijo a Andrés. Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús.
23Y Jesús les respondió diciendo: —Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado.
24De cierto, de cierto os digo que a menos que el grano de trigo caiga en la tierra y muera, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.
25El que ama su vida, la pierde; pero el que odia su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.
26Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estoy, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará.
27Ahora está turbada mi alma. ¿Qué diré: "Padre, sálvame de esta hora"? ¡Al contrario, para esto he llegado a esta hora!
28Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: "¡Ya lo he glorificado y lo glorificaré otra vez!"
29La multitud que estaba presente y escuchó, decía que había sido un trueno. Otros decían: —¡Un ángel le ha hablado!
30Jesús respondió y dijo: —No ha venido esta voz por causa mía, sino por causa vuestra.
31Ahora es el juicio de este mundo. Ahora será echado fuera el príncipe de este mundo.
32Y yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos a mí mismo.
33Esto decía dando a entender de qué muerte había de morir.
34Entonces la gente le respondió: —Nosotros hemos oído que, según la ley, el Cristo permanece para siempre. ¿Y cómo es que tú dices: "Es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado"? ¿Quién es este Hijo del Hombre?
35Entonces Jesús les dijo: —Aún por un poco de tiempo está la luz entre vosotros. Andad mientras tenéis la luz, para que no os sorprendan las tinieblas. Porque el que anda en tinieblas no sabe a dónde va.
36Mientras tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz. Estas cosas habló Jesús, y al apartarse, se escondió de ellos.
37Pero a pesar de haber hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él;
38para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías que dijo: Señor, ¿quién ha creído a nuestro mensaje? ¿A quién se ha revelado el brazo del Señor?
39Por eso no podían creer, porque Isaías dijo en otra ocasión:
40El ha cegado los ojos de ellos y endureció su corazón, para que no vean con los ojos ni entiendan con el corazón, ni se conviertan, y yo los sane.
41Estas cosas dijo Isaías porque vio su gloria y habló acerca de él.
42No obstante, aun de entre los dirigentes, muchos creyeron en él, pero por causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga.
43Porque amaron la gloria de los hombres más que la gloria de Dios.
44Pero Jesús alzó la voz y dijo: "El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió;
45y el que me ve a mí, ve al que me envió.
46Yo he venido al mundo como luz, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en las tinieblas.
47Si alguien oye mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo; porque yo no vine para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo.
48El que me desecha y no recibe mis palabras tiene quien le juzgue: La palabra que he hablado le juzgará en el día final.
49Porque yo no hablé por mí mismo; sino que el Padre que me envió, él me ha dado mandamiento de qué he de decir y de qué he de hablar.
50Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así que, lo que yo hablo, lo hablo tal y como el Padre me ha hablado."
↑ Volver al Índice de JuanJuan - Capítulo 13
1Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora para pasar de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.
2Durante la cena, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas hijo de Simón Iscariote que le entregase,
3y sabiendo Jesús que el Padre había puesto todas las cosas en sus manos y que él había salido de Dios y a Dios iba,
4se levantó de la cena; se quitó el manto, y tomando una toalla, se ciñó con ella.
5Luego echó agua en una vasija y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secarlos con la toalla con que estaba ceñido.
6Entonces llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: —Señor, ¿tú me lavas los pies a mí?
7Respondió Jesús y le dijo: —Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás después.
8Pedro le dijo: —¡Jamás me lavarás los pies! Jesús le respondió: —Si no te lavo, no tienes parte conmigo.
9Le dijo Simón Pedro: —Señor, entonces, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza.
10Le dijo Jesús: —El que se ha lavado no tiene necesidad de lavarse más que los pies, pues está todo limpio. Ya vosotros estáis limpios, aunque no todos.
11Porque sabía quién le entregaba, por eso dijo: "No todos estáis limpios."
12Así que, después de haberles lavado los pies, tomó su manto, se volvió a sentar a la mesa y les dijo: —¿Entendéis lo que os he hecho?
13Vosotros me llamáis Maestro y Señor; y decís bien, porque lo soy.
14Pues bien, si yo, el Señor y el Maestro, lavé vuestros pies, también vosotros debéis lavaros los pies los unos a los otros.
15Porque ejemplo os he dado, para que así como yo os hice, vosotros también hagáis.
16De cierto, de cierto os digo que el siervo no es mayor que su señor, ni tampoco el apóstol es mayor que el que le envió.
17Si sabéis estas cosas, bienaventurados sois si las hacéis.
18No hablo así de todos vosotros. Yo sé a quiénes he elegido; pero para que se cumpla la Escritura: El que come pan conmigo levantó contra mí su talón.
19Desde ahora os lo digo, antes de que suceda, para que cuando suceda, creáis que Yo Soy.
20De cierto, de cierto os digo que el que recibe al que yo envío, a mí me recibe; y el que a mí me recibe, recibe al que me envió.
21Después de haber dicho esto, Jesús se conmovió en espíritu y testificó diciendo: —De cierto, de cierto os digo que uno de vosotros me ha de entregar.
22Entonces los discípulos se miraban unos a otros, dudando de quién hablaba.
23Uno de sus discípulos, a quien Jesús amaba, estaba a la mesa recostado junto a Jesús.
24A él Simón Pedro le hizo señas para que preguntase quién era aquel de quien hablaba.
25Entonces él, recostándose sobre el pecho de Jesús, le dijo: —Señor, ¿quién es?
26Jesús contestó: —Es aquel para quien yo mojo el bocado y se lo doy. Y mojando el bocado, lo tomó y se lo dio a Judas hijo de Simón Iscariote.
27Después del bocado, Satanás entró en él. Entonces le dijo Jesús: —Lo que estás haciendo, hazlo pronto.
28Ninguno de los que estaban a la mesa entendió para qué le dijo esto;
29porque algunos pensaban, puesto que Judas tenía la bolsa, que Jesús le decía: "Compra lo que necesitamos para la fiesta," o que diese algo a los pobres.
30Cuando tomó el bocado, él salió en seguida; y ya era de noche.
31Cuando Judas había salido, dijo Jesús: —Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en él.
32Si Dios es glorificado en él, también Dios le glorificará en sí mismo. Y pronto le glorificará.
33Hijitos, todavía sigo un poco con vosotros. Me buscaréis, pero como dije a los judíos: "A donde yo voy vosotros no podéis ir," así os digo a vosotros ahora.
34Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros. Como os he amado, amaos también vosotros los unos a los otros.
35En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros.
36Simón Pedro le dijo: —Señor, ¿a dónde vas? Le respondió Jesús: —A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; pero me seguirás más tarde.
37Le dijo Pedro: —Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? ¡Mi vida pondré por ti!
38Jesús le respondió: —¿Tu vida pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces.
↑ Volver al Índice de JuanJuan - Capítulo 14
1No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios; creed también en mí.
2En la casa de mi Padre muchas moradas hay. De otra manera, os lo hubiera dicho. Voy, pues, a preparar lugar para vosotros.
3Y si voy y os preparo lugar, vendré otra vez y os tomaré conmigo; para que donde yo esté, vosotros también estéis.
4Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino.
5Le dijo Tomás: —Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo podemos saber el camino?
6Jesús le dijo: —Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.
7Si me habéis conocido a mí, también conoceréis a mi Padre; y desde ahora le conocéis y le habéis visto.
8Le dijo Felipe: —Señor, muéstranos el Padre, y nos basta.
9Jesús le dijo: —Tanto tiempo he estado con vosotros, Felipe, ¿y no me has conocido? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo, pues, dices tú: "Muéstranos el Padre"?
10¿No crees que yo soy en el Padre y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo de mí mismo; sino que el Padre que mora en mí hace sus obras.
11Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creed por las mismas obras.
12De cierto, de cierto os digo que el que cree en mí, él también hará las obras que yo hago. Y mayores que éstas hará, porque yo voy al Padre.
13Y todo lo que pidáis en mi nombre, eso haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.
14Si me pedís alguna cosa en mi nombre, yo la haré.
15Si me amáis, guardaréis mis mandamientos.
16Y yo rogaré al Padre y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre.
17Este es el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Vosotros lo conocéis, porque permanece con vosotros y está en vosotros.
18No os dejaré huérfanos; volveré a vosotros.
19Todavía un poquito, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis. Porque yo vivo, también vosotros viviréis.
20En aquel día vosotros conoceréis que yo soy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.
21El que tiene mis mandamientos y los guarda, él es quien me ama. Y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él.
22Le dijo Judas, no el Iscariote: —Señor, ¿cómo es que te has de manifestar a nosotros y no al mundo?
23Respondió Jesús y le dijo: —Si alguno me ama, mi palabra guardará. Y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos nuestra morada con él.
24El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me envió.
25Estas cosas os he hablado mientras todavía estoy con vosotros.
26Pero el Consolador, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas y os hará recordar todo lo que yo os he dicho.
27La paz os dejo, mi paz os doy. No como el mundo la da, yo os la doy. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.
28Oísteis que yo os dije: "Voy y vuelvo a vosotros." Si me amarais, os gozaríais de que voy al Padre, porque el Padre es mayor que yo.
29Ahora os lo he dicho antes que suceda, para que cuando suceda, creáis.
30Ya no hablaré mucho con vosotros, porque viene el príncipe de este mundo y él no tiene nada en mí.
31Pero para que el mundo conozca que yo amo al Padre y como el Padre me mandó, así hago. Levantaos. ¡Vamos de aquí!
↑ Volver al Índice de JuanJuan - Capítulo 15
1"Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.
2Toda rama que en mí no está llevando fruto, la quita; y toda rama que está llevando fruto, la limpia para que lleve más fruto.
3Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.
4"Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como la rama no puede llevar fruto por sí sola, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
5Yo soy la vid, vosotros las ramas. El que permanece en mí y yo en él, éste lleva mucho fruto. Pero separados de mí, nada podéis hacer.
6Si alguien no permanece en mí, es echado fuera como rama, y se seca. Y las recogen y las echan en el fuego, y son quemadas.
7"Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis, y os será hecho.
8En esto es glorificado mi Padre: en que llevéis mucho fruto y seáis mis discípulos.
9Como el Padre me amó, también yo os he amado; permaneced en mi amor.
10Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; como yo también he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
11"Estas cosas os he hablado para que mi gozo esté en vosotros y vuestro gozo sea completo.
12Este es mi mandamiento: que os améis los unos a los otros, como yo os he amado.
13Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos.
14Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.
15Ya no os llamo más siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor. Pero os he llamado amigos, porque os he dado a conocer todas las cosas que oí de mi Padre.
16"Vosotros no me elegisteis a mí; más bien, yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y para que vuestro fruto permanezca; a fin de que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre él os lo dé.
17Esto os mando: que os améis unos a otros.
18"Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros.
19Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo. Pero ya no sois del mundo, sino que yo os elegí del mundo; por eso el mundo os aborrece.
20Acordaos de la palabra que yo os he dicho: ‘El siervo no es mayor que su señor.’ Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán. Si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.
21Pero todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió.
22Si yo no hubiera venido ni les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa por su pecado.
23El que me aborrece, también aborrece a mi Padre.
24Si yo no hubiese hecho entre ellos obras como ningún otro ha hecho, no tendrían pecado. Y ahora las han visto, y también han aborrecido tanto a mí como a mi Padre.
25Pero esto sucedió para cumplir la palabra que está escrita en la ley de ellos: Sin causa me aborrecieron.
26"Pero cuando venga el Consolador, el Espíritu de verdad que yo os enviaré de parte del Padre, el cual procede del Padre, él dará testimonio de mí.
27Además, vosotros también testificaréis, porque habéis estado conmigo desde el principio.
↑ Volver al Índice de JuanJuan - Capítulo 16
1"Os he dicho esto para que no os escandalicéis.
2Os expulsarán de las sinagogas, y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate pensará que rinde servicio a Dios.
3Esto harán, porque no conocen ni al Padre ni a mí.
4Sin embargo, os he dicho estas cosas, para que cuando venga su hora, os acordéis de ellas, que yo os las dije. "Sin embargo, no os dije esto al principio, porque yo estaba con vosotros.
5Pero ahora voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: ‘¿A dónde vas?’
6Más bien, porque os he dicho esto, vuestro corazón se ha llenado de tristeza.
7Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, el Consolador no vendrá a vosotros. Y si yo voy, os lo enviaré.
8"Cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.
9En cuanto a pecado, porque no creen en mí;
10en cuanto a justicia, porque me voy al Padre, y no me veréis más;
11y en cuanto a juicio, porque el príncipe de este mundo ha sido juzgado.
12"Todavía tengo que deciros muchas cosas, pero ahora no las podéis sobrellevar.
13Y cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; pues no hablará por sí solo, sino que hablará todo lo que oiga y os hará saber las cosas que han de venir.
14El me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo hará saber.
15Todo lo que tiene el Padre es mío. Por esta razón dije que recibirá de lo mío y os lo hará saber.
16"Un poquito, y no me veréis; de nuevo un poquito, y me veréis."
17Entonces algunos de sus discípulos se dijeron unos a otros: —¿Qué significa esto que nos dice: "Un poquito, y no me veréis; de nuevo un poquito, y me veréis" y "porque voy al Padre"?
18—Decían, pues—: ¿Qué significa esto que dice: "un poquito"? No entendemos lo que está diciendo.
19Jesús comprendió que le querían preguntar y les dijo: —¿Preguntáis entre vosotros de esto que dije: "Un poquito, y no me veréis; y de nuevo un poquito, y me veréis"?
20De cierto, de cierto os digo que vosotros lloraréis y lamentaréis; pero el mundo se alegrará. Vosotros tendréis angustia, pero vuestra angustia se convertirá en gozo.
21La mujer, cuando da a luz, tiene angustia, porque ha llegado su hora. Pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda del dolor, por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo.
22También vosotros, por cierto, tenéis angustia ahora; pero yo os veré otra vez. Se gozará mucho vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo.
23En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo que todo cuanto pidáis al Padre en mi nombre, él os lo dará.
24Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre. Pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea completo.
25Os he hablado de estas cosas en figuras; pero viene la hora cuando ya no os hablaré más en figuras, sino claramente os anunciaré acerca del Padre.
26En aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros,
27pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado y habéis creído que yo he salido de la presencia de Dios.
28Yo salí de la presencia del Padre y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo y voy al Padre.
29Le dijeron sus discípulos: —He aquí, ahora hablas claramente y no hablas en ninguna figura.
30Ahora entendemos que sabes todas las cosas, y no necesitas que nadie te pregunte. En esto creemos que has salido de Dios.
31Jesús les respondió: —¿Ahora creéis?
32He aquí la hora viene, y ha llegado ya, en que seréis esparcidos cada uno por su lado y me dejaréis solo. Pero no estoy solo, porque el Padre está conmigo.
33Os he hablado de estas cosas para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción, pero ¡tened valor; yo he vencido al mundo!
↑ Volver al Índice de JuanJuan - Capítulo 17
1Jesús habló de estas cosas, y levantando los ojos al cielo, dijo: "Padre, la hora ha llegado. Glorifica a tu Hijo para que el Hijo te glorifique a ti,
2así como le diste autoridad sobre todo hombre, para que dé vida eterna a todos los que le has dado.
3Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien tú has enviado.
4Yo te he glorificado en la tierra, habiendo acabado la obra que me has dado que hiciera.
5Ahora pues, Padre, glorifícame tú en tu misma presencia, con la gloria que yo tenía en tu presencia antes que existiera el mundo.
6"He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste. Tuyos eran, y me los diste; y han guardado tu palabra.
7Ahora han conocido que todo lo que me has dado procede de ti;
8porque les he dado las palabras que me diste, y ellos las recibieron; y conocieron verdaderamente que provengo de ti, y creyeron que tú me enviaste.
9"Yo ruego por ellos. No ruego por el mundo, sino por los que me has dado; porque tuyos son.
10Todo lo mío es tuyo, y todo lo tuyo es mío; y he sido glorificado en ellos.
11Ya no estoy más en el mundo; pero ellos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, guárdalos en tu nombre que me has dado, para que sean una cosa, así como nosotros lo somos.
12Cuando yo estaba con ellos, yo los guardaba en tu nombre que me has dado. Y los cuidé, y ninguno de ellos se perdió excepto el hijo de perdición, para que se cumpliese la Escritura.
13Pero ahora voy a ti y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo completo en sí mismos.
14"Yo les he dado tu palabra, y el mundo los aborreció; porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
15No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del maligno.
16No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
17Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad.
18Así como tú me enviaste al mundo, también yo los he enviado al mundo.
19Por ellos yo me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad.
20"Pero no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por medio de la palabra de ellos;
21para que todos sean una cosa, así como tú, oh Padre, en mí y yo en ti, que también ellos lo sean en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.
22Yo les he dado la gloria que tú me has dado, para que sean una cosa, así como también nosotros somos una cosa.
23Yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente unidos; para que el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado, como también a mí me has amado.
24"Padre, quiero que donde yo esté, también estén conmigo aquellos que me has dado, para que vean mi gloria que me has dado, porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.
25Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste.
26Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo daré a conocer todavía, para que el amor con que me has amado esté en ellos, y yo en ellos."
↑ Volver al Índice de JuanJuan - Capítulo 18
1Habiendo dicho estas cosas, Jesús salió con sus discípulos para el otro lado del arroyo de Quedron, donde había un huerto en el cual entró Jesús con sus discípulos.
2También Judas, el que le entregaba, conocía aquel lugar, porque Jesús solía reunirse allí con sus discípulos.
3Entonces Judas, tomando una compañía de soldados romanos y guardias de los principales sacerdotes y de los fariseos, fue allí con antorchas, lámparas y armas.
4Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de acontecer, se adelantó y les dijo: —¿A quién buscáis?
5Le contestaron: —A Jesús de Nazaret. Les dijo Jesús: —Yo soy. Estaba también con ellos Judas, el que le entregaba.
6Cuando les dijo, "Yo soy," volvieron atrás y cayeron a tierra.
7Les preguntó, pues, de nuevo: —¿A quién buscáis? Ellos dijeron: —A Jesús de Nazaret.
8Jesús respondió: —Os dije que yo soy. Pues si a mí me buscáis, dejad ir a éstos.
9Esto hizo para que se cumpliese la palabra que él dijo: "De los que me diste, ninguno de ellos perdí."
10Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la sacó, hirió al siervo del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco.
11Entonces Jesús dijo a Pedro: —Mete tu espada en la vaina. ¿No he de beber la copa que el Padre me ha dado?
12Entonces la compañía de soldados, el comandante y los guardias de los judíos prendieron a Jesús y le ataron.
13Luego le llevaron primero ante Anás, porque era el suegro de Caifás, el sumo sacerdote de aquel año.
14Caifás era el que había dado consejo a los judíos de que convenía que un hombre muriese por el pueblo.
15Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús al patio del sumo sacerdote;
16pero Pedro se quedó fuera, a la puerta. Y salió el otro discípulo que era conocido del sumo sacerdote, habló a la portera y llevó a Pedro adentro.
17Entonces la criada portera dijo a Pedro: —¿Tú no serás también de los discípulos de ese hombre? El dijo: —No lo soy.
18Y los siervos y los guardias estaban de pie, pues habían encendido unas brasas porque hacía frío; y se calentaban. Pedro también estaba de pie con ellos, calentándose.
19El sumo sacerdote preguntó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina.
20Jesús le respondió: —Yo he hablado abiertamente al mundo. Siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos. Nada he hablado en secreto.
21¿Por qué me preguntas a mí? Pregúntales a los que han oído lo que yo les he hablado. He aquí, ellos saben lo que yo dije.
22Cuando dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciéndole: —¿Así respondes al sumo sacerdote?
23Jesús le contestó: —Si he hablado mal, da testimonio del mal; pero si bien, ¿por qué me golpeas?
24Entonces Anás le envió atado a Caifás, el sumo sacerdote.
25Estaba, pues, Pedro de pie calentándose, y le dijeron: —¿Tú no serás también de sus discípulos? El negó y dijo: —No lo soy.
26Uno de los siervos del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le había cortado la oreja, le dijo: —¿No te vi yo en el huerto con él?
27Pedro negó otra vez, y en seguida cantó el gallo.
28Llevaron a Jesús de Caifás al Pretorio. Era al amanecer. Pero ellos no entraron al Pretorio para no contaminarse y para así poder comer la Pascua.
29Por tanto, Pilato salió fuera a ellos y dijo: —¿Qué acusación traéis contra este hombre?
30Le respondieron y dijeron: —Si éste no fuera malhechor, no te lo habríamos entregado.
31Entonces Pilato les dijo: —Tomadle vosotros y juzgadle según vuestra ley. Los judíos le dijeron: —A nosotros no nos es lícito dar muerte a nadie.
32Así sucedió para que se cumpliera la palabra de Jesús, que dijo señalando con qué clase de muerte había de morir.
33Entonces Pilato entró otra vez al Pretorio, llamó a Jesús y le dijo: —¿Eres tú el rey de los judíos?
34Jesús le respondió: —¿Preguntas tú esto de ti mismo, o porque otros te lo han dicho de mí?
35Pilato respondió: —¿Acaso soy yo judío? Tu propia nación y los principales sacerdotes te entregaron a mí. ¿Qué has hecho?
36Contestó Jesús: —Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos. Ahora, pues, mi reino no es de aquí.
37Entonces Pilato le dijo: —¿Así que tú eres rey? Jesús respondió: —Tú dices que soy rey. Para esto yo he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad oye mi voz.
38Le dijo Pilato: —¿Qué es la verdad? Habiendo dicho esto, salió de nuevo a los judíos y les dijo: —Yo no hallo ningún delito en él.
39Pero vosotros tenéis la costumbre de que os suelte un preso en la Pascua. ¿Queréis, pues, que os suelte al rey de los judíos?
40Entonces todos gritaron de nuevo diciendo: —¡No a éste, sino a Barrabás! Y Barrabás era un asaltante.
↑ Volver al Índice de JuanJuan - Capítulo 19
1Entonces Pilato tomó a Jesús y le azotó.
2Los soldados entretejieron una corona de espinas y se la pusieron sobre la cabeza. Le vistieron con un manto de púrpura,
3y venían hacia él y le decían: —¡Viva el rey de los judíos! Y le daban de bofetadas.
4Pilato salió otra vez y les dijo: —He aquí, os lo traigo fuera, para que sepáis que no hallo ningún delito en él.
5Entonces Jesús salió llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Y Pilato les dijo: —¡He aquí el hombre!
6Cuando le vieron los principales sacerdotes y los guardias, gritaron diciendo: —¡Crucifícale! ¡Crucifícale! Les dijo Pilato: —Tomadlo vosotros y crucificadle, porque yo no hallo ningún delito en él.
7Los judíos le respondieron: —Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley él debe morir, porque se hizo a sí mismo Hijo de Dios.
8Cuando Pilato oyó esta palabra, tuvo aun más miedo.
9Entró en el Pretorio otra vez y dijo a Jesús: —¿De dónde eres tú? Pero Jesús no le dio respuesta.
10Entonces le dijo Pilato: —¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y tengo autoridad para crucificarte?
11Respondió Jesús: —No tendrías ninguna autoridad contra mí, si no te fuera dada de arriba. Por esto, el que me entregó a ti tiene mayor pecado.
12Desde entonces Pilato procuraba soltarle. Pero los judíos gritaron diciendo: —Si sueltas a éste, no eres amigo del César. Todo aquel que se hace rey se opone al César.
13Cuando Pilato oyó estas palabras, llevó a Jesús afuera y se sentó en el tribunal, en el lugar llamado El Enlosado, y en hebreo Gabata.
14Era el día de la Preparación de la Pascua, y como la hora sexta. Entonces dijo a los judíos: —He aquí vuestro rey.
15Pero ellos gritaron diciendo: —¡Fuera! ¡Fuera! ¡Crucifícale! Pilato les dijo: —¿He de crucificar a vuestro rey? Respondieron los principales sacerdotes: —¡No tenemos más rey que el César!
16Y con esto entonces lo entregó a ellos para que fuese crucificado. Tomaron pues a Jesús,
17y él salió llevando su cruz hacia el lugar que se llama de la Calavera, y en hebreo Gólgota.
18Allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús estaba en medio.
19Pilato escribió y puso sobre la cruz un letrero en el cual fue escrito: JESUS DE NAZARET, REY DE LOS JUDIOS.
20Entonces muchos de los judíos leyeron este letrero, porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad, y el letrero estaba escrito en hebreo, en latín y en griego.
21Los principales sacerdotes de los judíos le decían a Pilato: —No escribas: "Rey de los judíos," sino: "Este dijo: ‘Soy rey de los judíos.’"
22Pilato respondió: —Lo que he escrito, he escrito.
23Cuando los soldados crucificaron a Jesús, tomaron los vestidos de él e hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Además, tomaron la túnica, pero la túnica no tenía costura; era tejida entera de arriba abajo.
24Por esto dijeron uno a otro: —No la partamos; más bien echemos suertes sobre ella, para ver de quién será. Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura que dice: Partieron entre sí mis vestidos y sobre mis vestiduras echaron suertes. Y así lo hicieron los soldados.
25Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María esposa de Cleofas y María Magdalena.
26Cuando Jesús vio a su madre y al discípulo a quien amaba, de pie junto a ella, dijo a su madre: —Mujer, he ahí tu hijo.
27Después dijo al discípulo: —He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.
28Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo se había consumado, para que se cumpliera la Escritura, dijo: —Tengo sed.
29Había allí una vasija llena de vinagre. Entonces pusieron en un hisopo una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a la boca.
30Cuando Jesús recibió el vinagre, dijo: —¡Consumado es! Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.
31Entonces los judíos, por cuanto era el día de la Preparación, y para que los cuerpos no quedasen en la cruz en el sábado (pues era el Gran Sábado), rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas y fuesen quitados.
32Luego los soldados fueron y quebraron las piernas al primero, y después al otro que había sido crucificado con él.
33Pero cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas;
34pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y salió al instante sangre y agua.
35El que lo ha visto ha dado testimonio, y su testimonio es verdadero. El sabe que dice la verdad, para que vosotros también creáis.
36Porque estas cosas sucedieron así para que se cumpliese la Escritura que dice: Ninguno de sus huesos será quebrado.
37También otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.
38Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le permitiese quitar el cuerpo de Jesús. Pilato se lo permitió. Por tanto, él fue y llevó su cuerpo.
39También Nicodemo, que al principio había venido a Jesús de noche, fue llevando un compuesto de mirra y áloes, como cien libras.
40Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con las especias, de acuerdo con la costumbre judía de sepultar.
41En el lugar donde había sido crucificado había un huerto, y en el huerto había un sepulcro nuevo, en el cual todavía no se había puesto a nadie.
42Allí, pues, por causa del día de la Preparación de los judíos y porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús.
↑ Volver al Índice de JuanJuan - Capítulo 20
1El primer día de la semana, muy de madrugada, siendo aún oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido quitada del sepulcro.
2Entonces corrió y fue a Simón Pedro y al otro discípulo a quien amaba Jesús, y les dijo: —Han sacado al Señor del sepulcro, y no sabemos dónde le han puesto.
3Salieron, pues, Pedro y el otro discípulo e iban al sepulcro.
4Y los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó primero al sepulcro.
5Y cuando se inclinó, vio que los lienzos habían quedado allí; sin embargo, no entró.
6Entonces llegó Simón Pedro siguiéndole, y entró en el sepulcro. Y vio los lienzos que habían quedado,
7y el sudario que había estado sobre su cabeza, no puesto con los lienzos, sino doblado en un lugar aparte.
8Entonces entró también el otro discípulo que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó.
9Pues aún no entendían la Escritura, que le era necesario resucitar de entre los muertos.
10Entonces los discípulos volvieron a los suyos.
11Pero María Magdalena estaba llorando fuera del sepulcro. Mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro
12y vio a dos ángeles con vestiduras blancas que estaban sentados, el uno a la cabecera y el otro a los pies, donde había sido puesto el cuerpo de Jesús.
13Y ellos le dijeron: —Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: —Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto.
14Habiendo dicho esto, se volvió hacia atrás y vio a Jesús de pie; pero no se daba cuenta de que era Jesús.
15Jesús le dijo: —Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que él era el jardinero, le dijo: —Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré.
16Jesús le dijo: —María… Volviéndose ella, le dijo en hebreo: —¡Raboni! —que quiere decir Maestro—.
17Jesús le dijo: —Suéltame, porque aún no he subido al Padre. Pero vé a mis hermanos y diles: "Yo subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios."
18María Magdalena fue a dar las nuevas a los discípulos: —¡He visto al Señor! También les contó que él le había dicho estas cosas.
19Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, y estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos se reunían por miedo a los judíos, Jesús entró, se puso en medio de ellos y les dijo: "¡Paz a vosotros!"
20Habiendo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se regocijaron cuando vieron al Señor.
21Entonces Jesús les dijo otra vez: "¡Paz a vosotros! Como me ha enviado el Padre, así también yo os envío a vosotros."
22Habiendo dicho esto, sopló y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo.
23A los que remitáis los pecados, les han sido remitidos; y a quienes se los retengáis, les han sido retenidos."
24Pero Tomás, llamado Dídimo, uno de los doce, no estaba con ellos cuando vino Jesús.
25Entonces los otros discípulos le decían: —¡Hemos visto al Señor! Pero él les dijo: —Si yo no veo en sus manos la marca de los clavos, y si no meto mi dedo en la marca de los clavos y si no meto mi mano en su costado, no creeré jamás.
26Ocho días después sus discípulos estaban adentro otra vez, y Tomás estaba con ellos. Y aunque las puertas estaban cerradas, Jesús entró, se puso en medio y dijo: —¡Paz a vosotros!
27Luego dijo a Tomás: —Pon tu dedo aquí y mira mis manos; pon acá tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo sino creyente.
28Entonces Tomás respondió y le dijo: —¡Señor mío, y Dios mío!
29Jesús le dijo: —¿Porque me has visto, has creído? ¡Bienaventurados los que no ven y creen!
30Por cierto Jesús hizo muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro.
31Pero estas cosas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.
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1Después de esto, Jesús se manifestó otra vez a sus discípulos en el mar de Tiberias. Se manifestó de esta manera:
2Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado Dídimo, Natanael que era de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos de sus discípulos.
3Simón Pedro les dijo: —Voy a pescar. Le dijeron: —Vamos nosotros también contigo. Salieron y entraron en la barca, pero aquella noche no consiguieron nada.
4Al amanecer, Jesús se presentó en la playa, aunque los discípulos no se daban cuenta de que era Jesús.
5Entonces Jesús les dijo: —Hijitos, ¿no tenéis nada de comer? Le contestaron: —No.
6El les dijo: —Echad la red al lado derecho de la barca, y hallaréis. La echaron, pues, y ya no podían sacarla por la gran cantidad de peces.
7Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: —¡Es el Señor! Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó el manto, pues se lo había quitado, y se tiró al mar.
8Los otros discípulos llegaron con la barca, arrastrando la red con los peces; porque no estaban lejos de tierra, sino como a doscientos codos.
9Cuando bajaron a tierra, vieron brasas puestas, con pescado encima, y pan.
10Jesús les dijo: —Traed de los pescados que ahora habéis pescado.
11Entonces Simón Pedro subió y sacó a tierra la red llena de grandes pescados, 153 de ellos; y aunque eran tantos, la red no se rompió.
12Jesús les dijo: —Venid, comed. Ninguno de los discípulos osaba preguntarle: "Tú, ¿quién eres?," pues sabían que era el Señor.
13Vino, entonces, Jesús y tomó el pan y les dio; y también hizo lo mismo con el pescado.
14Esta era ya la tercera vez que Jesús se manifestaba a sus discípulos después de haber resucitado de entre los muertos.
15Cuando habían comido, Jesús dijo a Simón Pedro: —Simón hijo de Jonás, ¿me amas tú más que éstos? Le dijo: —Sí, Señor; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: —Apacienta mis corderos.
16Le volvió a decir por segunda vez: —Simón hijo de Jonás, ¿me amas? Le contestó: —Sí, Señor; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: —Pastorea mis ovejas.
17Le dijo por tercera vez: —Simón hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijera por tercera vez: "¿Me amas?" Y le dijo: —Señor, tú conoces todas las cosas. Tú sabes que te amo. Jesús le dijo: —Apacienta mis ovejas.
18De cierto, de cierto te digo que cuando eras más joven, tú te ceñías e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás las manos, y te ceñirá otro y te llevará a donde no quieras.
19Esto dijo señalando con qué muerte Pedro había de glorificar a Dios. Después de haber dicho esto le dijo: —Sígueme.
20Pedro dio vuelta y vio que les seguía el discípulo a quien Jesús amaba. Fue el mismo que se recostó sobre su pecho en la cena y le dijo: "Señor, ¿quién es el que te ha de entregar?"
21Así que al verlo, Pedro le dijo a Jesús: —Señor, ¿y qué de éste?
22Jesús le dijo: —Si yo quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué tiene esto que ver contigo? Tú, sígueme.
23Así que el dicho se difundió entre los hermanos de que aquel discípulo no habría de morir. Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: "Si yo quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué tiene que ver eso contigo?"
24Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y las escribió. Y sabemos que su testimonio es verdadero.
25Hay también muchas otras cosas que hizo Jesús que, si se escribieran una por una, pienso que no cabrían ni aun en el mundo los libros que se habrían de escribir.
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