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Marcos

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Marcos - Capítulo 1

39las primeras sillas en las sinagogas y los primeros asientos en los banquetes.

40Estos, que devoran las casas de las viudas y como pretexto hacen largas oraciones, recibirán mayor condenación.

41Estando Jesús sentado frente al arca del tesoro, observaba cómo el pueblo echaba dinero en el arca. Muchos ricos echaban mucho,

42y una viuda pobre vino y echó dos blancas, que equivalen a un cuadrante.

43El llamó a sus discípulos y les dijo: —De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que echaron en el arca.

44Porque todos han echado de su abundancia; pero ésta, de su pobreza, echó todo lo que tenía, todo su sustento.

1Entonces comenzó a hablarles en parábolas: —Un hombre plantó una viña. La rodeó con una cerca, cavó un lagar, edificó una torre, la arrendó a unos labradores y se fue lejos.

2A su debido tiempo envió un siervo a los labradores, para recibir de los labradores una parte del fruto de la viña.

3Pero ellos lo tomaron, lo hirieron y le enviaron con las manos vacías.

4Volvió a enviarles otro siervo, pero a ése le hirieron en la cabeza y le afrentaron.

5Y envió otro, y a éste lo mataron. Envió a muchos otros, pero ellos herían a unos y mataban a otros.

6Teniendo todavía un hijo suyo amado, por último, también lo envió a ellos diciendo: "Tendrán respeto a mi hijo."

7Pero aquellos labradores dijeron entre sí: "Este es el heredero. Venid, matémosle, y la heredad será nuestra."

8Y le prendieron, lo mataron y le echaron fuera de la viña.

9¿Qué, pues, hará el señor de la viña? Vendrá, destruirá a los labradores y dará la viña a otros.

10¿No habéis leído esta Escritura: La piedra que desecharon los edificadores, ésta fue hecha cabeza del ángulo;

11de parte del Señor sucedió esto, y es maravilloso en nuestros ojos?

12Ellos procuraban prenderle, pero temían a la multitud, porque sabían que en aquella parábola se había referido a ellos. Y dejándole, se fueron.

13Entonces enviaron a él algunos de los fariseos y de los herodianos para que le sorprendiesen en alguna palabra.

14Y viniendo le dijeron: —Maestro, sabemos que eres hombre de verdad y que no te cuidas de nadie; porque no miras la apariencia de los hombres, sino que con verdad enseñas el camino de Dios. ¿Es lícito dar tributo al César, o no? ¿Daremos o no daremos?

15Entonces él, como entendió la hipocresía de ellos, les dijo: —¿Por qué me probáis? Traedme un denario para que lo vea.

16Se lo trajeron, y él les dijo: —¿De quién es esta imagen y esta inscripción? Le dijeron: —Del César.

17Entonces Jesús les dijo: —Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios. Y se maravillaban de él.

18Entonces vinieron a él unos saduceos, quienes dicen que no hay resurrección, y le preguntaron diciendo:

19—Maestro, Moisés nos escribió que si el hermano de alguno muere y deja mujer y no deja hijos, su hermano tome la mujer y levante descendencia a su hermano.

20Había siete hermanos. El primero tomó mujer, y murió sin dejar descendencia.

21La tomó el segundo y murió sin dejar descendencia. El tercero, de la misma manera.

22Así los siete no dejaron descendencia. Después de todos, murió también la mujer.

23En la resurrección, cuando resuciten, puesto que los siete la tuvieron por mujer, ¿de cuál de ellos será mujer?

24Entonces Jesús les dijo: —¿No es por esto que erráis, porque no conocéis las Escrituras ni tampoco el poder de Dios?

25Porque cuando resuciten de entre los muertos, no se casarán ni se darán en casamiento, sino que son como los ángeles que están en los cielos.

26Y con respecto a si resucitan los muertos, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, cómo le habló Dios desde la zarza diciendo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob?

27Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Vosotros erráis mucho.

28Se le acercó uno de los escribas al oírles discutir; y dándose cuenta de que Jesús había respondido bien, le preguntó: —¿Cuál es el primer mandamiento de todos?

29Jesús le respondió: —El primero es: Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios, el Señor uno es.

30Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.

31El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que estos dos.

32Entonces el escriba le dijo: —Bien, Maestro. Has dicho la verdad: Dios es uno, y no hay otro aparte de él;

33y amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y sacrificios.

34Y viendo Jesús que había respondido sabiamente, le dijo: —No estás lejos del reino de Dios. Ya nadie se atrevía a hacerle más preguntas.

35Mientras estaba enseñando en el templo, Jesús respondiendo decía: —¿Cómo es que dicen los escribas que el Cristo es hijo de David?

36David mismo dijo mediante el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: "Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies."

37David mismo le llama "Señor"; ¿cómo es, pues, su hijo? Y la gran multitud le escuchaba con gusto.

38Y en su enseñanza decía: —Guardaos de los escribas, a quienes les gusta pasearse con ropas largas y aman las salutaciones en las plazas,

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Marcos - Capítulo 2

1Cuando él salía del templo, uno de sus discípulos dijo: —Maestro, ¡mira qué piedras y qué edificios!

2Y Jesús le dijo: —¿Veis estos grandes edificios? Aquí no quedará piedra sobre piedra que no sea derribada.

3Estando él sentado en el monte de los Olivos frente al templo, Pedro, Jacobo, Juan y Andrés le preguntaban aparte:

4—Dinos, ¿cuándo sucederán estas cosas? ¿Y qué señal habrá cuando todas estas cosas estén por cumplirse?

5Jesús comenzó a decirles: —Mirad que nadie os engañe.

6Muchos vendrán en mi nombre diciendo: "Yo soy," y engañarán a muchos.

7Pero cuando oigáis de guerras y de rumores de guerras, no os turbéis. Es necesario que así suceda, pero todavía no es el fin.

8Porque se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá terremotos por todas partes. Habrá hambres. Estos son principio de dolores.

9Pero vosotros, mirad por vosotros mismos. Porque os entregarán en los concilios, y seréis azotados en las sinagogas. Por mi causa seréis llevados delante de gobernadores y de reyes, para testimonio a ellos.

10Es necesario que primero el evangelio sea predicado a todas las naciones.

11Cuando os lleven para entregaros, no os preocupéis por lo que hayáis de decir. Más bien, hablad lo que os sea dado en aquella hora; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo.

12El hermano entregará a muerte a su hermano, y el padre a su hijo. Se levantarán los hijos contra sus padres y los harán morir.

13Y seréis aborrecidos de todos, por causa de mi nombre. Pero el que persevere hasta el fin, éste será salvo.

14Pero cuando veáis que la abominación desoladora se ha establecido donde no debe estar (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea huyan a los montes.

15El que esté en la azotea no descienda ni entre para sacar algo de su casa,

16y el que esté en el campo no vuelva atrás para tomar su manto.

17¡Ay de las que estén encintas y de las que críen en aquellos días!

18Orad, pues, que no acontezca en invierno.

19Porque aquellos días serán de tribulación como nunca ha habido desde el principio de la creación que Dios creó, hasta ahora, ni habrá jamás.

20Si el Señor no hubiese acortado aquellos días, no se salvaría nadie; pero por causa de los escogidos que él eligió, él ha acortado aquellos días.

21Entonces, si alguien os dice: "He aquí, aquí está el Cristo," o "He allí, allí está," no le creáis.

22Porque se levantarán falsos cristos y falsos profetas, y harán señales y maravillas para engañar, de ser posible, a los escogidos.

23Pero vosotros, ¡mirad! Os lo he dicho todo de antemano.

24Entonces en aquellos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor.

25Las estrellas caerán del cielo, y los poderes que están en los cielos serán sacudidos.

26Entonces verán al Hijo del Hombre viniendo en las nubes con gran poder y gloria.

27Después enviará a sus ángeles y reunirá a sus escogidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.

28De la higuera aprended la parábola: Cuando su rama ya está tierna y brotan sus hojas, sabéis que el verano está cerca.

29Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca, a las puertas.

30De cierto os digo que no pasará esta generación hasta que todas estas cosas sucedan.

31El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

32Pero acerca de aquel día o de la hora, nadie sabe; ni siquiera los ángeles en el cielo, ni aun el Hijo, sino sólo el Padre.

33Mirad y velad, porque no sabéis cuándo será el tiempo.

34Será como el hombre que al salir de viaje dejó su casa y dio autoridad a sus siervos, a cada uno su obra, y al portero mandó que velase.

35Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el Señor de la casa, sea a la tarde, a la medianoche, al canto del gallo o a la mañana;

36no sea que cuando vuelva de repente os halle durmiendo.

37Lo que a vosotros digo, a todos digo: ¡Velad!

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Marcos - Capítulo 3

1Dos días después era la Pascua y la fiesta de los panes sin levadura. Y los principales sacerdotes y los escribas estaban buscando cómo prenderle por engaño y matarle,

2pues decían: "No en la fiesta, de modo que no se haga alboroto en el pueblo."

3Estando él en Betania sentado a la mesa en casa de Simón el leproso, vino una mujer que tenía un frasco de alabastro con perfume de nardo puro de gran precio. Y quebrando el frasco de alabastro, lo derramó sobre la cabeza de Jesús.

4Pero había allí algunos que se indignaron entre sí y dijeron: —¿Para qué se ha hecho este desperdicio de perfume?

6pero Jesús dijo: —Dejadla. ¿Por qué la molestáis? Ella ha hecho una buena obra conmigo.

7Porque siempre tenéis a los pobres con vosotros, y cuando queréis les podéis hacer bien; pero a mí no siempre me tenéis.

8Ella ha hecho lo que podía, porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura.

9De cierto os digo que dondequiera que sea predicado este evangelio en todo el mundo, también lo que ésta ha hecho será contado para memoria de ella.

11Ellos, al oírlo, se alegraron y prometieron darle dinero. Y él buscaba cómo entregarle en un momento oportuno.

12El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, cuando sacrificaban el cordero de la Pascua, sus discípulos le dijeron: —¿Dónde quieres que vayamos y hagamos los preparativos para que comas la Pascua?

13El envió a dos de sus discípulos y les dijo: —Id a la ciudad, y os saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua. Seguidle;

14y donde entre, decid al dueño de casa: "El Maestro dice: ‘¿Dónde está mi habitación donde he de comer la Pascua con mis discípulos?’"

16Salieron sus discípulos, entraron en la ciudad, hallaron como les había dicho y prepararon la Pascua.

17Al atardecer fue con los doce;

18y cuando estaban sentados a la mesa comiendo, Jesús dijo: —De cierto os digo que uno de vosotros, el que come conmigo, me va a entregar.

19Entonces comenzaron a entristecerse y a decirle uno tras otro: —¿Acaso seré yo?

21A la verdad, el Hijo del Hombre va, tal como está escrito de él. Pero ¡ay de aquel hombre por quien es entregado el Hijo del Hombre! Bueno le fuera a aquel hombre no haber nacido.

22Mientras ellos comían, Jesús tomó pan y lo bendijo; lo partió, les dio y dijo: —Tomad; esto es mi cuerpo.

23Tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio; y bebieron todos de ella.

24Y él les dijo: —Esto es mi sangre del pacto, la cual es derramada a favor de muchos.

26Y después de cantar un himno, salieron al monte de los Olivos.

27Entonces Jesús les dijo: —Todos os escandalizaréis de mí; porque escrito está: Heriré al pastor, y serán dispersadas las ovejas.

28Pero después de haber resucitado, iré delante de vosotros a Galilea.

29Entonces Pedro le dijo: —Aunque todos sean escandalizados, yo no.

31Pero él decía con mayor insistencia: —Aunque me sea necesario morir contigo, jamás te negaré. También todos decían lo mismo.

32Llegaron al lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: —Sentaos aquí, mientras yo oro.

33Tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a entristecerse y a angustiarse.

34Y les dijo: —Mi alma está muy triste, hasta la muerte. Quedaos aquí y velad.

36Decía: —¡Abba, Padre, todo es posible para ti! ¡Aparta de mí esta copa! Pero no lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.

37Volvió y los halló durmiendo, y le dijo a Pedro: —Simón, ¿duermes? ¿No has podido velar una sola hora?

38Velad y orad, para que no entréis en tentación. El espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.

39De nuevo se apartó y oró diciendo las mismas palabras.

40Cuando volvió otra vez, los halló durmiendo, porque sus ojos estaban cargados de sueño. Y no sabían qué responderle.

41Volvió por tercera vez y les dijo: —¿Todavía estáis durmiendo y descansando? Basta ya. La hora ha venido. He aquí, el Hijo del Hombre es entregado en manos de los pecadores.

42¡Levantaos, vamos! He aquí, está cerca el que me entrega.

43En seguida, mientras él aún hablaba, llegó Judas, uno de los doce, y con él una multitud con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes, de los escribas y de los ancianos.

44El que le entregaba les había dado señal diciendo: "Al que yo bese, ése es. Prendedle y llevadle con seguridad."

45Cuando llegó, de inmediato se acercó a él y dijo: —¡Rabí! Y le besó.

46Entonces ellos le echaron mano y le prendieron;

47pero uno de los que estaban allí, sacando su espada, hirió al siervo del sumo sacerdote y le cortó la oreja.

48Jesús respondió y les dijo: —¿Como contra un asaltante habéis salido con espadas y palos para prenderme?

49Cada día yo estaba delante de vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis. Pero así es, para que se cumplan las Escrituras.

50Entonces todos los suyos le abandonaron y huyeron.

51Pero cierto joven, habiendo cubierto su cuerpo desnudo con una sábana, le seguía; y le prendieron.

52Pero él, dejando la sábana, huyó desnudo.

53Llevaron a Jesús ante el sumo sacerdote; y se reunieron con él todos los principales sacerdotes, los ancianos y los escribas.

54Y Pedro le siguió de lejos hasta dentro del patio del sumo sacerdote, y estaba sentado con los guardias y se calentaba ante el fuego.

55Los principales sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban testimonio contra Jesús, para entregarle a muerte; pero no lo hallaban.

56Porque muchos daban falso testimonio contra Jesús, pero sus testimonios no concordaban.

57Entonces se levantaron unos, y dieron falso testimonio contra él diciendo:

58—Nosotros le oímos decir: "Yo derribaré este templo que ha sido hecho con manos, y en tres días edificaré otro hecho sin manos."

59Pero ni aun así concordaba el testimonio de ellos.

60Entonces el sumo sacerdote se levantó en medio y preguntó a Jesús diciendo: —¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti?

61Pero él callaba y no respondió nada. Otra vez el sumo sacerdote le preguntó y le dijo: —¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?

62Jesús le dijo: —Yo soy. Y además, veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder y viniendo con las nubes del cielo.

63Entonces el sumo sacerdote rasgó su vestidura y dijo: —¿Qué más necesidad tenemos de testigos?

64Vosotros habéis oído la blasfemia. ¿Qué os parece? Y todos ellos le condenaron como reo de muerte.

65Algunos comenzaron a escupirle, a cubrirle la cara y a darle de bofetadas, diciendo: —¡Profetiza! También los guardias le recibieron a bofetadas.

66Estando Pedro abajo en el patio, vino una de las criadas del sumo sacerdote.

67Cuando vio a Pedro calentándose, se fijó en él y le dijo: —Tú también estabas con Jesús de Nazaret.

68Pero él negó diciendo: —No lo conozco, ni sé lo que dices. Y salió afuera a la entrada, y el gallo cantó.

69Cuando la criada le vio, comenzó otra vez a decir a los que estaban allí: —Este es uno de ellos.

70Pero él negó otra vez. Poco después, los que estaban allí decían otra vez a Pedro: —Verdaderamente tú eres uno de ellos, porque eres galileo.

71Pero él comenzó a maldecir y a jurar: —¡No conozco a este hombre de quien habláis!

72Y en seguida cantó el gallo por segunda vez, y Pedro se acordó de la palabra, como Jesús le había dicho: "Antes que cante el gallo dos veces, tú me negarás tres veces." Y pensando en esto, lloraba.

5Porque podría haberse vendido este perfume por más de trescientos denarios y haberse dado a los pobres. Y murmuraban contra ella,

10Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, fue a los principales sacerdotes para entregárselo.

15Y él os mostrará un gran aposento alto ya dispuesto y preparado. Preparad allí para nosotros.

20El les dijo: —Es uno de los doce, el que moja el pan conmigo en el plato.

25De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día cuando lo beba nuevo en el reino de Dios.

30Jesús le dijo: —De cierto te digo que hoy, en esta noche, antes que el gallo haya cantado dos veces, tú me negarás tres veces.

35Pasando un poco adelante, se postraba en tierra y oraba que de ser posible, pasase de él aquella hora.

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Marcos - Capítulo 4

1Y luego, muy de mañana, cuando los principales sacerdotes ya habían consultado con los ancianos, con los escribas y con todo el Sanedrín, después de atar a Jesús, le llevaron y le entregaron a Pilato.

2Y Pilato le preguntó: —¿Eres tú el rey de los judíos? Y respondiendo le dijo: —Tú lo dices.

3Los principales sacerdotes le acusaban de muchas cosas.

4Pero Pilato le preguntaba de nuevo diciendo: —¿No respondes nada? Mira de cuántas cosas te acusan.

5Pero Jesús aun con eso no respondió nada, de modo que Pilato se maravillaba.

6En la fiesta Pilato solía soltarles un preso, el que pidiesen.

7Y había uno que se llamaba Barrabás, preso con los rebeldes que habían cometido homicidio en la insurrección.

8La multitud se levantó y comenzó a pedir que les hiciese como acostumbraba.

9Entonces Pilato les respondió diciendo: —¿Queréis que yo os suelte al rey de los judíos?

10Porque sabía que por envidia le habían entregado los principales sacerdotes.

11Pero los principales sacerdotes incitaron a la multitud para que les soltase más bien a Barrabás.

12De nuevo intervino Pilato y les decía: —¿Qué, pues, queréis que haga con el que llamáis "el rey de los judíos"?

13De nuevo gritaron: —¡Crucifícale!

14Entonces Pilato les dijo: —¿Pues, qué mal ha hecho? Pero lanzaron gritos aun más fuertes: —¡Crucifícale!

15Entonces Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó a Barrabás y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuese crucificado.

16Entonces los soldados le llevaron dentro del atrio, que es el Pretorio, y convocaron a toda la compañía.

17Le vistieron de púrpura; y habiendo entretejido una corona de espinas, se la pusieron

18y comenzaron a aclamarle: —¡Viva, rey de los judíos!

19También le golpeaban la cabeza con una caña, le escupían y puestos de rodillas le rendían homenaje.

20Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron el manto de púrpura y le pusieron su propia ropa. Entonces le sacaron para crucificarle.

21Obligaron a uno que pasaba viniendo del campo, a un cierto Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, a que cargara la cruz de Jesús.

22Y le llevaron al lugar llamado Gólgota, que traducido es lugar de la Calavera.

23Le dieron vino mezclado con mirra, pero él no lo tomó.

24Y le crucificaron, y repartieron sus vestiduras, echando suertes sobre ellas para ver qué se llevaría cada uno.

25Era la hora tercera cuando le crucificaron.

26El título de su acusación estaba escrito: EL REY DE LOS JUDIOS.

27Y con él crucificaron a dos ladrones, uno a su derecha y otro a su izquierda.

28Y se cumplió la Escritura que dice: Y fue contado con los inicuos.

29Y los que pasaban le insultaban, meneando sus cabezas y diciendo: —¡Ah! Tú que derribas el templo y lo edificas en tres días,

30¡sálvate a ti mismo y desciende de la cruz!

31De igual manera, burlándose de él entre ellos mismos, los principales sacerdotes junto con los escribas decían: —A otros salvó; a sí mismo no se puede salvar.

32¡Que el Cristo, el rey de Israel, descienda ahora de la cruz para que veamos y creamos! También los que estaban crucificados con él le injuriaban.

33Cuando llegó la hora sexta, descendió oscuridad sobre toda la tierra, hasta la hora novena.

34Y en la hora novena Jesús exclamó a gran voz, diciendo: —¡Eloi, Eloi! ¿Lama sabactani? —que traducido quiere decir: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?—.

35Al oírle, algunos de los que estaban allí decían: —He aquí, llama a Elías.

36Corrió uno y empapó una esponja en vinagre, la puso en una caña y le dio a beber, diciendo: —Dejad, veamos si viene Elías a bajarle.

37Pero Jesús, dando un fuerte grito, expiró.

38Y el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.

39El centurión que estaba de pie delante de él, cuando vio que había muerto de esta manera, dijo: —¡Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios!

40También estaban allí algunas mujeres, mirando desde lejos. Entre ellas se encontraban María Magdalena, María la madre de Jacobo el Menor y de José, y Salomé.

41Cuando Jesús estaba en Galilea, éstas le seguían y le servían. También había muchas otras que habían subido con él a Jerusalén.

42Cuando ya atardecía, siendo el día de la Preparación, es decir, la víspera del sábado,

43llegó José de Arimatea, miembro ilustre del concilio, quien también esperaba el reino de Dios, y entró osadamente a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús.

44Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto. Y llamando al centurión, le preguntó si ya había muerto.

45Una vez informado por el centurión, concedió el cuerpo a José.

46Comprando una sábana y bajándole de la cruz, José lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro que había sido cavado en una peña. Luego hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro.

47María Magdalena y María la madre de José miraban dónde le ponían.

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Marcos - Capítulo 5

1El principio del evangelio de Jesucristo, el Hijo de Dios.

2Como está escrito en el profeta Isaías: He aquí envío mi mensajero delante de ti, quien preparará tu camino.

3Voz del que proclama en el desierto: "Preparad el camino del Señor; enderezad sus sendas."

4Así Juan el Bautista apareció en el desierto predicando el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados.

5Y salía a él toda la provincia de Judea y todos los de Jerusalén; y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.

6Juan estaba vestido de pelo de camello y con un cinto de cuero a la cintura, y comía langostas y miel silvestre.

7Y predicaba diciendo: "Viene tras mí el que es más poderoso que yo, a quien no soy digno de desatar, agachado, la correa de su calzado.

8Yo os he bautizado en agua, pero él os bautizará en el Espíritu Santo."

9Aconteció en aquellos días que Jesús vino de Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán.

10Y en seguida, mientras subía del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu descendía sobre él como paloma.

11Y vino una voz desde el cielo: "Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia."

12En seguida, el Espíritu le impulsó al desierto,

13y estuvo en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás. Estaba con las fieras, y los ángeles le servían.

14Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio de Dios,

15y diciendo: "El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado. ¡Arrepentíos y creed en el evangelio!"

16Y pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés hermano de Simón, echando la red en el mar; porque eran pescadores.

17Jesús les dijo: "Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres."

18De inmediato dejaron sus redes y le siguieron.

19Al ir un poco más adelante, vio a Jacobo hijo de Zebedeo y a su hermano Juan. Ellos estaban en su barca arreglando las redes.

20En seguida les llamó; y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca junto con los jornaleros, se fueron en pos de él.

21Entraron en Capernaúm. Y en seguida, entrando él en la sinagoga los sábados, enseñaba.

22Y se asombraban de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.

23Y en ese momento un hombre con espíritu inmundo estaba en la sinagoga de ellos, y exclamó

24diciendo: —¿Qué tienes con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres: ¡el Santo de Dios!

25Jesús le reprendió diciendo: —¡Cállate y sal de él!

26Y el espíritu inmundo lo sacudió con violencia, clamó a gran voz y salió de él.

27Todos se maravillaron, de modo que discutían entre sí diciendo: —¿Qué es esto? ¡Una nueva doctrina con autoridad! Aun a los espíritus inmundos él manda, y le obedecen.

28Y pronto se extendió su fama por todas partes, en toda la región alrededor de Galilea.

29En seguida, cuando salieron de la sinagoga, fueron con Jacobo y Juan a la casa de Simón y Andrés.

30La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y de inmediato le hablaron de ella.

31El se acercó a ella, la tomó de la mano y la levantó. Y le dejó la fiebre, y ella comenzó a servirles.

32Al atardecer, cuando se puso el sol, le traían todos los enfermos y los endemoniados.

33Toda la ciudad estaba reunida a la puerta.

34Y él sanó a muchos que padecían de diversas enfermedades y echó fuera muchos demonios. Y no permitía a los demonios hablar, porque le conocían.

35Habiéndose levantado muy de madrugada, todavía de noche, Jesús salió y se fue a un lugar desierto y allí oraba.

36Simón y sus compañeros fueron en busca de él.

37Le encontraron y le dijeron: —Todos te buscan.

38El les respondió: —Vamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido.

39Y fue predicando en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echando fuera los demonios.

40Y vino a él un leproso implorándole, y de rodillas le dijo: —Si quieres, puedes limpiarme.

41Jesús, movido a compasión, extendió la mano, le tocó y le dijo: —Quiero; sé limpio.

42Y al instante desapareció la lepra de él, y quedó limpio.

43En seguida, le despidió después de amonestarle

44y le dijo: —Mira, no digas nada a nadie. Más bien vé, muéstrate al sacerdote y ofrece lo que mandó Moisés en cuanto a tu purificación, para testimonio a ellos.

45Pero cuando salió, él comenzó a proclamar y a difundir mucho el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ninguna ciudad, sino que se quedaba afuera en lugares despoblados. Y venían a él de todas partes.

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Marcos - Capítulo 6

1Cuando él entró otra vez en Capernaúm después de algunos días, se oyó que estaba en casa.

2Muchos acudieron a él, de manera que ya no cabían ni ante la puerta; y él les hablaba la palabra.

3Entonces vinieron a él trayendo a un paralítico cargado por cuatro.

4Y como no podían acercarlo a él debido al gentío, destaparon el techo donde Jesús estaba, y después de hacer una abertura bajaron la camilla en que el paralítico estaba recostado.

5Y viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: —Hijo, tus pecados te son perdonados.

6Algunos de los escribas estaban sentados allí y razonaban en sus corazones:

7—¿Por qué habla éste así? ¡Blasfema! ¿Quién puede perdonar pecados, sino uno solo, Dios?

8De inmediato Jesús, dándose cuenta en su espíritu de que razonaban así dentro de sí mismos, les dijo: —¿Por qué razonáis así en vuestros corazones?

9¿Qué es más fácil, decir al paralítico: "Tus pecados te son perdonados"; o decirle: "Levántate, toma tu camilla y anda"?

10Pero para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene autoridad para perdonar pecados en la tierra—dijo al paralítico—:

11A ti te digo, ¡levántate, toma tu camilla y vete a tu casa!

12Y se levantó, y en seguida tomó su camilla y salió en presencia de todos, de modo que todos se asombraron y glorificaron a Dios, diciendo: —¡Jamás hemos visto cosa semejante!

13Jesús salió otra vez junto al mar, y toda la gente venía a él, y él les enseñaba.

14Y pasando, vio a Leví hijo de Alfeo, sentado en el lugar de los tributos públicos, y le dijo: "Sígueme." Y levantándose, le siguió.

15Sucedió que, estando Jesús sentado a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores estaban también sentados a la mesa con Jesús y sus discípulos, porque eran muchos y le habían seguido.

16Y cuando los escribas de los fariseos le vieron comer con los pecadores y publicanos, decían a sus discípulos: —¿Por qué come con los publicanos y pecadores?

17Al oírlo, Jesús les dijo: —Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos. No he venido para llamar a justos, sino a pecadores.

18Los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando. Fueron a Jesús y le dijeron: —¿Por qué ayunan los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos, pero tus discípulos no ayunan?

19Jesús les dijo: —¿Acaso pueden ayunar los que están de bodas mientras el novio está con ellos? Entretanto que tienen al novio con ellos, no pueden ayunar.

20Pero vendrán días cuando el novio les será quitado. Entonces, en aquel día ayunarán.

21Nadie pone parche de tela nueva en vestido viejo. De otra manera, el parche nuevo tira del viejo, y la rotura se hace peor.

22Ni nadie echa vino nuevo en odres viejos. De otra manera, el vino rompe los odres, y se pierde el vino, y también los odres. Más bien, el vino nuevo se echa en odres nuevos.

23Aconteció que Jesús pasaba por los sembrados en sábado, y sus discípulos se pusieron a caminar arrancando espigas.

24Los fariseos le decían: —Mira, ¿por qué hacen en los sábados lo que no es lícito?

25Y él les dijo: —¿Nunca habéis leído qué hizo David cuando tuvo necesidad y pasó hambre él y los que estaban con él;

26cómo entró en la casa de Dios, siendo Abiatar sumo sacerdote, y comió los panes de la Presencia, y aun dio a los que estaban con él; cosa que no es lícito comer, salvo a los sacerdotes?

27—También les dijo—: El sábado fue hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado.

28Así que el Hijo del Hombre es Señor también del sábado.

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Marcos - Capítulo 7

1Entró otra vez en la sinagoga, y estaba allí un hombre que tenía la mano paralizada.

2Y estaban al acecho a ver si le sanaría en sábado, a fin de acusarle.

3Entonces dijo al hombre que tenía la mano paralizada: —¡Ponte de pie en medio!

4Y a ellos les dijo: —¿Es lícito en sábado hacer bien o hacer mal? ¿Salvar la vida o matar? Pero ellos callaban.

5Y mirándolos en derredor con enojo, dolorido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: —Extiende tu mano. Y la extendió, y su mano le fue restaurada.

6Los fariseos salieron en seguida, junto con los herodianos, y tomaron consejo contra él, cómo destruirlo.

7Jesús se apartó con sus discípulos al mar, y le siguió una gran multitud de gente procedente de Galilea. Y de Judea,

8de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, y de los alrededores de Tiro y Sidón una gran multitud vino a él, porque habían oído de las grandes cosas que hacía.

9Y Jesús dijo a sus discípulos que siempre tuviesen lista una barca a causa del gentío, para que no lo apretujaran;

10porque había sanado a muchos, de modo que le caían encima todos cuantos tenían plagas, para tocarlo.

11Y los espíritus inmundos, siempre que le veían, se postraban delante de él y gritaban diciendo: "¡Tú eres el Hijo de Dios!"

12Pero él les reprendía mucho para que no le dieran a conocer.

13Entonces subió al monte y llamó a sí a los que él quiso, y fueron a él.

14Constituyó a doce, a quienes nombró apóstoles, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar

15y tener autoridad para echar fuera los demonios.

16Y constituyó a los doce: a Simón (a quien le puso por nombre Pedro),

17a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan el hermano de Jacobo (a ellos les puso por nombre Boanerges, es decir, hijos del trueno),

18a Andrés, a Felipe, a Bartolomé, a Mateo, a Tomás, a Jacobo hijo de Alfeo, a Tadeo, a Simón el cananita

19y a Judas Iscariote (el que le entregó). El volvió a casa,

20y otra vez se reunió la multitud, de modo que ellos no podían ni siquiera comer pan.

21Cuando los suyos lo oyeron, fueron para prenderle, porque decían que estaba fuera de sí.

22Los escribas que habían descendido de Jerusalén decían que estaba poseído por Beelzebul y que mediante el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios.

23Y habiéndolos llamado a su lado, les hablaba en parábolas: "¿Cómo puede Satanás echar fuera a Satanás?

24Si un reino se divide contra sí, ese reino no puede permanecer.

25Si una casa se divide contra sí, esa casa no podrá permanecer.

26Y si Satanás se levanta contra sí mismo y está dividido, no puede permanecer, sino que su fin ha llegado.

27Al contrario, nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes a menos que primero ate al hombre fuerte. Y entonces saqueará su casa.

28De cierto os digo que a los hijos de los hombres les serán perdonados todos los pecados y blasfemias, cualesquiera que sean.

29Pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, sino que es culpable de pecado eterno."

30Dijo esto porque decían: "Tiene espíritu inmundo."

31Entonces fueron su madre y sus hermanos, y quedándose fuera enviaron a llamarle.

32Mucha gente estaba sentada alrededor de él, y le dijeron: —Mira, tu madre, tus hermanos y tus hermanas te buscan afuera.

33El respondiendo les dijo: —¿Quién es mi madre y mis hermanos?

34Y mirando a los que estaban sentados alrededor de él, dijo: —He aquí mi madre y mis hermanos.

35Porque cualquiera que hace la voluntad de Dios, éste es mi hermano, mi hermana y mi madre.

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Marcos - Capítulo 8

1Otra vez comenzó a enseñar junto al mar, y se reunió ante él una multitud muy grande; de manera que él entró en una barca mar adentro y se sentó allí, y toda la multitud estaba en la playa, frente al mar.

2Y les enseñaba muchas cosas en parábolas. Les decía en su enseñanza:

3"¡Oíd! He aquí un sembrador salió a sembrar.

4Y mientras sembraba, aconteció que parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la devoraron.

5Otra parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra, y en seguida brotó; porque la tierra no era profunda.

6Y cuando salió el sol se quemó, y porque no tenía raíces se secó.

7Otra parte cayó entre los espinos. Y los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto.

8Y otras semillas cayeron en buena tierra y creciendo y aumentando dieron fruto. Y llevaban fruto a treinta, sesenta y ciento por uno."

9Y decía: "El que tiene oído para oír, oiga."

10Cuando estuvo solo, los que estaban alrededor de él junto con los doce le preguntaban en cuanto a las parábolas.

11Y él les decía: "A vosotros se os ha dado el misterio del reino de Dios; pero para los que están fuera, todas las cosas están en parábolas,

12para que viendo vean y no perciban, y oyendo oigan y no entiendan; de modo que no se conviertan y les sea perdonado."

13Luego les dijo: "¿No comprendéis esta parábola? ¿Cómo, pues, entenderéis todas las parábolas?

14El sembrador siembra la palabra.

15Primero están estos que caen junto al camino donde se siembra la palabra. Y cuando la oyen, en seguida viene Satanás y quita la palabra que había sido sembrada en ellos.

16También los que son sembrados en pedregales son aquellos que, cuando oyen la palabra, en seguida la reciben con gozo;

17pero no tienen raíz en sí, sino que son de poca duración. Entonces, cuando viene la tribulación o la persecución por causa de la palabra, en seguida tropiezan.

18Y otros son los que son sembrados entre espinos. Ellos son los que oyen la palabra,

19pero las preocupaciones de este mundo, el engaño de las riquezas y la codicia de otras cosas se entrometen y ahogan la palabra, y queda sin fruto.

20Y aquellos que fueron sembrados en buena tierra son los que oyen la palabra, la reciben y producen fruto a treinta, a sesenta y a ciento por uno."

21También les dijo: "¿Acaso se trae una lámpara para que sea puesta debajo de un cajón o debajo de la cama? ¿No es para que sea puesta sobre el candelero?

22Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni nada escondido, sino para que salga en claro.

23Si alguno tiene oídos para oír, oiga."

24Les dijo también: "Considerad lo que oís: Con la medida con que medís, será medido para vosotros y os será añadido.

25Porque al que tiene le será dado, y al que no tiene aun lo que tiene le será quitado."

26También decía: "Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra.

27El duerme de noche y se levanta de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo.

28Porque de por sí la tierra da fruto: primero el tallito, luego las espigas y después el grano lleno en la espiga.

29Y cuando el fruto se ha producido, en seguida él mete la hoz, porque la siega ha llegado."

30También decía: "¿A qué haremos semejante el reino de Dios? ¿Con qué parábola lo compararemos?

31Es como un grano de mostaza que, cuando es sembrado en la tierra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra.

32Pero una vez sembrado, crece y se convierte en la más grande de todas las hortalizas, y echa ramas muy grandes, de modo que las aves del cielo pueden anidar bajo su sombra."

33Con muchas parábolas semejantes les hablaba la palabra, conforme a lo que podían oír.

34No les hablaba sin parábolas, pero en privado les explicaba todo a sus discípulos.

35Aquel día, al anochecer, les dijo: —Pasemos al otro lado.

36Y después de despedir a la multitud, le recibieron en la barca, tal como estaba. Y había otras barcas con él.

37Entonces se levantó una gran tempestad de viento que arrojaba las olas a la barca, de modo que la barca ya se anegaba.

38Y él estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal; pero le despertaron diciendo: —¡Maestro! ¿No te importa que perecemos?

39Y despertándose, reprendió al viento y dijo al mar: —¡Calla! ¡Enmudece! Y el viento cesó y se hizo grande bonanza.

40Y les dijo: —¿Por qué estáis miedosos? ¿Todavía no tenéis fe?

41Ellos temieron con gran temor y se decían el uno al otro: —Entonces, ¿quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?

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Marcos - Capítulo 9

1Fueron a la otra orilla del mar a la región de los gadarenos.

2Apenas salido él de la barca, de repente le salió al encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con espíritu inmundo.

3Este tenía su morada entre los sepulcros. Y nadie podía atarle ni siquiera con cadenas,

4ya que muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, pero él había hecho pedazos las cadenas y desmenuzado los grillos. Y nadie lo podía dominar.

5Continuamente, de día y de noche, andaba entre los sepulcros y por las montañas, gritando e hiriéndose con piedras.

6Cuando vio a Jesús desde lejos, corrió y le adoró.

7Y clamando a gran voz dijo: —¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes.

8Pues Jesús le decía: —Sal de este hombre, espíritu inmundo.

9Y le preguntó: —¿Cómo te llamas? Y le dijo: —Me llamo Legión, porque somos muchos.

10Y le rogaba mucho que no los enviase fuera de aquella región.

11Allí cerca de la montaña estaba paciendo un gran hato de cerdos.

12Y le rogaron diciendo: —Envíanos a los cerdos, para que entremos en ellos.

13Jesús les dio permiso. Y los espíritus inmundos salieron y entraron en los cerdos, y el hato se lanzó al mar por un despeñadero, como dos mil cerdos, y se ahogaron en el mar.

14Los que apacentaban los cerdos huyeron y dieron aviso en la ciudad y por los campos. Y fueron para ver qué era lo que había acontecido.

15Llegaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio cabal; y tuvieron miedo.

16Los que lo habían visto les contaron qué había acontecido al endemoniado y lo de los cerdos,

17y ellos comenzaron a implorar a Jesús que saliera de sus territorios.

18Y mientras él entraba en la barca, el que había sido poseído por el demonio le rogaba que le dejase estar con él.

19Pero Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: —Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas ha hecho el Señor por ti, y cómo tuvo misericordia de ti.

20El se fue y comenzó a proclamar en Decápolis cuán grandes cosas Jesús había hecho por él, y todos se maravillaban.

21Cuando Jesús había cruzado de nuevo en la barca a la otra orilla, se congregó alrededor de él una gran multitud. Y él estaba junto al mar.

22Y vino uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo. Cuando le vio, se postró a sus pies

23y le imploró mucho diciendo: —Mi hijita está agonizando. ¡Ven! Pon las manos sobre ella para que sea salva, y viva.

24Jesús fue con él. Y le seguía una gran multitud, y le apretujaban.

25Había una mujer que sufría de hemorragia desde hacía doce años.

26Había sufrido mucho de muchos médicos y había gastado todo lo que tenía, y de nada le había aprovechado; más bien, iba de mal en peor.

27Cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás de él entre la multitud y tocó su manto,

28porque ella pensaba: "Si sólo toco su manto, seré sanada."

29Al instante, se secó la fuente de su sangre y sintió en su cuerpo que ya estaba sana de aquel azote.

30De pronto Jesús, reconociendo dentro de sí que había salido poder de él, volviéndose a la multitud dijo: —¿Quién me ha tocado el manto?

31Sus discípulos le dijeron: —Ves la multitud que te apretuja, y preguntas: "¿Quién me tocó?"

32El miraba alrededor para ver a la que había hecho esto.

33Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, fue y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad.

34El le dijo: —Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda sanada de tu azote.

35Mientras él aún hablaba, vinieron de la casa del principal de la sinagoga, diciendo: —Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestas más al Maestro?

36Pero Jesús, sin hacer caso a esta palabra que se decía, dijo al principal de la sinagoga: —No temas; sólo cree.

37Y no permitió que nadie le acompañara, sino Pedro, Jacobo y Juan, el hermano de Jacobo.

38Llegaron a la casa del principal de la sinagoga, y él vio el alboroto y los que lloraban y lamentaban mucho.

39Y al entrar, les dijo: —¿Por qué hacéis alboroto y lloráis? La niña no ha muerto, sino que duerme.

40Ellos se burlaban de él. Pero él los sacó a todos y tomó al padre y a la madre de la niña y a los que estaban con él, y entró a donde estaba la niña.

41Tomó la mano de la niña y le dijo: —Talita, cumi—que traducido es: Niña, a ti te digo, levántate—.

42Y en seguida la niña se levantó y andaba, pues tenía doce años. Y quedaron atónitos.

43El les mandó estrictamente que nadie lo supiese y ordenó que le diesen a ella de comer.

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Marcos - Capítulo 10

1Salió de allí y fue a su tierra, y sus discípulos le siguieron.

2Y cuando llegó el sábado, él comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos quedaban atónitos cuando le oían, y decían: —¿De dónde le vienen a éste estas cosas? ¿Qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¡Cuántas obras poderosas son hechas por sus manos!

3¿No es éste el carpintero, hijo de María y hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también sus hermanas aquí con nosotros? Y se escandalizaban de él.

4Pero Jesús les decía: —No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, entre sus familiares y en su casa.

5Y no pudo hacer allí ningún hecho poderoso, sino que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos.

6Estaba asombrado a causa de la incredulidad de ellos. Y recorría las aldeas de alrededor, enseñando.

7Entonces llamó a los doce y comenzó a enviarlos de dos en dos. Les daba autoridad sobre los espíritus inmundos.

8Les mandó que no llevasen nada para el camino: ni pan, ni bolsa, ni dinero en el cinto, sino solamente un bastón;

9pero que calzasen sandalias y que no vistiesen dos túnicas.

10Y les decía: "Dondequiera que entréis en una casa, posad en ella hasta que salgáis de aquel lugar.

11Cualquier lugar que no os reciba ni os oiga, saliendo de allí, sacudid el polvo que está debajo de vuestros pies, para testimonio contra ellos."

12Entonces ellos salieron y predicaron que la gente se arrepintiese.

13Echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y los sanaban.

14El rey Herodes oyó de Jesús, porque su nombre había llegado a ser muy conocido. Unos decían: "Juan el Bautista ha resucitado de los muertos, y por esta razón operan estos poderes en él."

15Otros decían: "Es Elías." Mientras otros decían: "Es profeta como uno de los profetas."

16Pero cuando Herodes oyó esto, dijo: "¡Juan, a quien yo decapité, ha resucitado!"

17Porque Herodes mismo había mandado prender a Juan y lo había encadenado en la cárcel por causa de Herodía, la mujer de su hermano Felipe; porque se había casado con ella.

18Pues Juan le decía a Herodes: "No te es lícito tener la mujer de tu hermano."

19Pero Herodía le acechaba y deseaba matarle, aunque no podía;

20porque Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía. Y al escucharle quedaba muy perplejo, pero le oía de buena gana.

21Llegó un día oportuno cuando Herodes, en la fiesta de su cumpleaños, dio una cena para sus altos oficiales, los tribunos y las personas principales de Galilea.

22Entonces la hija de Herodía entró y danzó, y agradó a Herodes y a los que estaban con él a la mesa; y el rey le dijo a la muchacha: —Pídeme lo que quieras, y yo te lo daré.

23Y le juró mucho: —Todo lo que me pidas te daré, hasta la mitad de mi reino.

24Ella salió y dijo a su madre: —¿Qué pediré? Y ésta dijo: —La cabeza de Juan el Bautista.

25En seguida ella entró con prisa al rey y le pidió diciendo: —Quiero que ahora mismo me des en un plato la cabeza de Juan el Bautista.

26El rey se entristeció mucho, pero a causa del juramento y de los que estaban a la mesa, no quiso rechazarla.

27Inmediatamente el rey envió a uno de la guardia y mandó que fuese traída su cabeza. Este fue, le decapitó en la cárcel

28y llevó su cabeza en un plato; la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre.

29Cuando sus discípulos oyeron esto, fueron y tomaron su cuerpo, y lo pusieron en un sepulcro.

30Los apóstoles se reunieron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado.

31El les dijo: —Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, y ni siquiera tenían oportunidad para comer.

32Y se fueron solos en la barca a un lugar desierto.

33Pero muchos les vieron ir y les reconocieron. Y corrieron allá a pie de todas las ciudades y llegaron antes que ellos.

34Cuando Jesús salió, vio una gran multitud y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor. Entonces comenzó a enseñarles muchas cosas.

35Como la hora era ya muy avanzada, sus discípulos se acercaron a él y le dijeron: —El lugar es desierto, y la hora avanzada.

36Despídelos para que vayan a los campos y aldeas de alrededor y compren para sí algo que comer.

37El les respondió y dijo: —Dadles vosotros de comer. Le dijeron: —¿Que vayamos y compremos pan por doscientos denarios, y les demos de comer?

38El les dijo: —¿Cuántos panes tenéis? Id y vedlo. Al enterarse, le dijeron: —Cinco, y dos pescados.

39El les mandó que hiciesen recostar a todos por grupos sobre la hierba verde.

40Se recostaron por grupos, de cien en cien y de cincuenta en cincuenta.

41Y él tomó los cinco panes y los dos pescados, y alzando los ojos al cielo, bendijo y partió los panes. Luego iba dando a sus discípulos para que los pusiesen delante de los hombres, y también repartió los dos pescados entre todos.

42Todos comieron y se saciaron,

43y recogieron doce canastas llenas de los pedazos de pan y de los pescados.

44Y los que comieron los panes eran como cinco mil hombres.

45En seguida obligó a sus discípulos a subir en la barca para ir delante de él a Betsaida, en la otra orilla, mientras él despedía a la multitud.

46Y habiéndose despedido de ellos, se fue al monte a orar.

47Al caer la noche, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra.

48Viendo que ellos se fatigaban remando, porque el viento les era contrario, a eso de la cuarta vigilia de la noche, él fue a ellos caminando sobre el mar, y quería pasarlos de largo.

49Pero cuando ellos vieron que él caminaba sobre el mar, pensaron que era un fantasma y clamaron a gritos;

50porque todos le vieron y se turbaron. Pero en seguida habló con ellos y les dijo: "¡Tened ánimo! ¡Yo soy! ¡No temáis!"

51Y subió a ellos en la barca, y se calmó el viento. Ellos estaban sumamente perplejos,

52pues aún no habían comprendido lo de los panes; más bien, sus corazones estaban endurecidos.

53Y cuando cruzaron a la otra orilla, llegaron a la tierra de Genesaret y amarraron la barca.

54Pero cuando ellos salieron de la barca, en seguida le reconocieron.

55Recorrieron toda aquella región, y comenzaron a traer en camillas a los que estaban enfermos a donde oían que él estaba.

56Dondequiera que entraba, ya sea en aldeas o ciudades o campos, ponían en las plazas a los que estaban enfermos, y le rogaban que sólo pudiesen tocar el borde de su manto. Y todos los que le tocaban quedaban sanos.

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Marcos - Capítulo 11

1Se juntaron a Jesús los fariseos y algunos de los escribas que habían venido de Jerusalén.

2Ellos vieron que algunos discípulos de él estaban comiendo pan con las manos impuras, es decir, sin lavar.

3Pues los fariseos y todos los judíos, si no se lavan las manos hasta la muñeca, no comen, porque se aferran a la tradición de los ancianos.

4Cuando vuelven del mercado, si no se lavan, no comen. Y hay muchas otras cosas que aceptaron para guardar, como los lavamientos de las copas, de los jarros y de los utensilios de bronce y de los divanes.

5Le preguntaron los fariseos y los escribas: —¿Por qué no andan tus discípulos de acuerdo con la tradición de los ancianos, sino que comen pan con las manos impuras?

6Y les respondió diciendo: —Bien profetizó Isaías acerca de vosotros, hipócritas, como está escrito: Este pueblo me honra de labios, pero su corazón está lejos de mí.

7Y en vano me rinden culto, enseñando como doctrina los mandamientos de hombres.

8Porque dejando los mandamientos de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres.

9Les decía también: —¡Bien desecháis el mandamiento de Dios para establecer vuestra tradición!

10Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y: El que maldice a su padre o a su madre muera irremisiblemente.

11Pero vosotros decís que si alguien dice a su padre o madre: "Aquello con que hubieras sido beneficiado de parte mía es Corbán" —es decir, una ofrenda a Dios—,

12ya no le permitís hacer nada por su padre o su madre.

13Así invalidáis la palabra de Dios mediante vuestra tradición que habéis trasmitido, y hacéis muchas cosas semejantes a éstas.

14Llamando a sí otra vez a toda la multitud, les decía: —Oídme todos y entended.

15No hay nada fuera del hombre que por entrar en él le pueda contaminar. Pero lo que sale del hombre es lo que contamina al hombre.

16Si alguno tiene oídos para oír, oiga.

17Cuando entró en casa, aparte de la multitud, sus discípulos le preguntaron acerca de la parábola.

18Y les dijo: —¿Así que también vosotros carecéis de entendimiento? ¿No comprendéis que nada de lo que entra en el hombre desde fuera le puede contaminar?

19Porque no entra en su corazón sino en su estómago, y sale a la letrina. Así declaró limpias todas las comidas.

20Y decía: —Lo que del hombre sale, eso contamina al hombre.

21Porque desde adentro, del corazón del hombre, salen los malos pensamientos, las inmoralidades sexuales, los robos, los homicidios,

22los adulterios, las avaricias, las maldades, el engaño, la sensualidad, la envidia, la blasfemia, la insolencia y la insensatez.

23Todas estas maldades salen de adentro y contaminan al hombre.

24Y levantándose, partió de allí para los territorios de Tiro y de Sidón. Y entró en una casa y no quería que nadie lo supiese, pero no pudo esconderse.

25Más bien, en seguida oyó de él una mujer cuya hija tenía un espíritu inmundo, y vino y cayó a sus pies.

26La mujer era griega, de nacionalidad sirofenicia, y le rogaba que echase el demonio fuera de su hija.

27Pero Jesús le dijo: —Deja primero que se sacien los hijos, porque no es bueno tomar el pan de los hijos y echarlo a los perritos.

28Ella respondió y le dijo: —Sí, Señor; también los perritos debajo de la mesa comen de las migajas de los hijos.

29Entonces él le dijo: —Por causa de lo que has dicho, vé; el demonio ha salido de tu hija.

30Y cuando ella se fue a su casa, halló a su hija acostada en la cama y que el demonio había salido.

31Al salir de nuevo de los territorios de Tiro, fue por Sidón al mar de Galilea, atravesando el territorio de Decápolis.

32Entonces le trajeron un sordo y tartamudo, y le rogaron que le pusiera la mano encima.

33Y tomándole aparte de la multitud, metió los dedos en sus orejas, escupió y tocó su lengua.

34Luego mirando al cielo, suspiró y le dijo: —¡Efata! —que quiere decir: Sé abierto—.

35Y de inmediato fueron abiertos sus oídos y desatada la ligadura de su lengua, y hablaba bien.

36El les mandó que no lo dijeran a nadie; pero cuanto más les mandaba, tanto más lo proclamaban.

37Se maravillaban sin medida, diciendo: —¡Todo lo ha hecho bien! Aun a los sordos hace oír, y a los mudos hablar.

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Marcos - Capítulo 12

1En aquellos días, ya que otra vez había una gran multitud y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:

2—Tengo compasión de la multitud, porque ya hace tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer.

3Si les despido a sus casas en ayunas, se desmayarán en el camino; y algunos de ellos han venido de lejos.

4Sus discípulos le respondieron: —¿De dónde podrá alguien saciar a éstos de pan, aquí en el desierto?

5Y les preguntó: —¿Cuántos panes tenéis? Ellos dijeron: —Siete.

6Entonces él mandó a la multitud recostarse en tierra. Tomó los siete panes, y habiendo dado gracias, los partió y daba a sus discípulos para que ellos los sirviesen. Y ellos los sirvieron a la multitud.

7También tenían unos pocos pescaditos. Y después de bendecirlos, él mandó que también los sirviesen.

8Comieron y se saciaron, y recogieron siete cestas de los pedazos que habían sobrado.

9Y eran como cuatro mil. El los despidió;

10y luego, entrando en la barca con sus discípulos, se fue a la región de Dalmanuta.

11Salieron los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole una señal del cielo, para probarle.

12El suspiró profundamente en su espíritu y dijo: "¿Por qué pide esta generación una señal? De cierto os digo que a esta generación no se le dará ninguna señal."

13Y dejándolos, volvió a entrar en la barca y cruzó a la otra orilla.

14Se habían olvidado de llevar pan, y no tenían consigo en la barca sino un solo pan.

15Y él les mandó, diciendo: —Mirad; guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes.

16Ellos discutían los unos con los otros, porque no tenían pan.

17Como Jesús lo entendió, les dijo: —¿Por qué discutís? ¿Porque no tenéis pan? ¿Todavía no entendéis ni comprendéis? ¿Tenéis endurecido vuestro corazón?

18Teniendo ojos, ¿no veis? Teniendo oídos, ¿no oís? ¿No os acordáis?

19Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas canastas llenas de pedazos recogisteis? Ellos dijeron: —Doce.

20—Y cuando repartí los siete panes entre los cuatro mil, ¿cuántas cestas llenas de pedazos recogisteis? Ellos dijeron: —Siete.

21El les preguntó: —¿Todavía no comprendéis?

22Jesús fue a Betsaida, y le trajeron un ciego y le rogaban que lo tocase.

23Entonces tomando al ciego de la mano, le sacó fuera de la aldea. Después de mojarle los ojos con saliva e imponerle las manos, le preguntó: —¿Ves algo?

24Al mirar, él decía: —Veo a los hombres, pero los veo como árboles que andan.

25Luego puso otra vez las manos sobre sus ojos, y miró intensamente. Y fue restaurada su vista, y veía todo de lejos y claramente.

26Entonces Jesús le envió a su casa, diciéndole: —No entres en la aldea.

27Salieron Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó a sus discípulos diciendo: —¿Quién dice la gente que soy yo?

28Ellos respondieron: —Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; otros, uno de los profetas.

29Entonces él les preguntó: —Pero vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Pedro le dijo: —¡Tú eres el Cristo!

30El les mandó enérgicamente que no hablasen a nadie acerca de él.

31Luego comenzó a enseñarles que era necesario que el Hijo del Hombre padeciese mucho, que fuese desechado por los ancianos, los principales sacerdotes y los escribas, y que fuese muerto y resucitado después de tres días.

32Les decía esto claramente. Entonces Pedro le tomó aparte y comenzó a reprenderle.

33Pero él se dio vuelta, y mirando a sus discípulos reprendió a Pedro diciéndole: —¡Quítate de delante de mí, Satanás! Porque no piensas en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.

34Y llamó a sí a la gente, juntamente con sus discípulos, y les dijo: —Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.

35Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.

36Pues, ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero y perder su alma?

37Porque, ¿qué dará el hombre en rescate por su alma?

38Pues el que se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.

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Marcos - Capítulo 13

1También les dijo: —De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí presentes que no gustarán la muerte hasta que hayan visto que el reino de Dios ha venido con poder.

2Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y les hizo subir aparte, a solas, a un monte alto, y fue transfigurado delante de ellos.

3Sus vestiduras se hicieron resplandecientes, muy blancas, tanto que ningún lavandero en la tierra las puede dejar tan blancas.

4Y les apareció Elías con Moisés, y estaban hablando con Jesús.

5Entonces intervino Pedro y dijo a Jesús: —Rabí, es bueno que nosotros estemos aquí. Levantemos, pues, tres enramadas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

6Pues él no sabía qué decir, porque tuvieron miedo.

7Vino una nube haciéndoles sombra, y desde la nube una voz decía: "Este es mi hijo amado; a él oíd."

8Y de inmediato, mirando alrededor, ya no vieron a nadie más con ellos, sino sólo a Jesús.

9Mientras descendían ellos del monte, Jesús les ordenó que no contaran a nadie lo que habían visto, sino cuando el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos.

10Y ellos guardaron la palabra entre sí, discutiendo qué significaría aquello de resucitar de entre los muertos.

11Le preguntaron diciendo: —¿Por qué dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?

12El les dijo: —A la verdad, Elías viene primero y restaura todas las cosas. Y, ¿cómo está escrito acerca del Hijo del Hombre, que padezca mucho y sea menospreciado?

13Sin embargo, os digo que Elías ya ha venido; e hicieron con él todo lo que quisieron, tal como está escrito de él.

14Cuando llegaron a los discípulos, vieron una gran multitud alrededor de ellos, y a unos escribas que disputaban con ellos.

15En seguida, cuando toda la gente le vio, se sorprendió, y corriendo hacia él le saludaron.

16Y les preguntó: —¿Qué disputáis con ellos?

17Le respondió uno de la multitud: —Maestro, traje a ti mi hijo porque tiene un espíritu mudo,

18y dondequiera que se apodera de él, lo derriba. Echa espumarajos y cruje los dientes, y se va desgastando. Dije a tus discípulos que lo echasen fuera, pero no pudieron.

19Y respondiendo les dijo: —¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os soportaré? ¡Traédmelo!

20Se lo trajeron; y cuando el espíritu le vio, de inmediato sacudió al muchacho, quien cayó en tierra y se revolcaba, echando espumarajos.

21Jesús preguntó a su padre: —¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? El dijo: —Desde niño.

22Muchas veces le echa en el fuego o en el agua para matarlo; pero si puedes hacer algo, ¡ten misericordia de nosotros y ayúdanos!

23Jesús le dijo: —¿"Si puedes…"? ¡Al que cree todo le es posible!

24Inmediatamente el padre del muchacho clamó diciendo: —¡Creo! ¡Ayuda mi incredulidad!

25Pero cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu inmundo diciéndole: —Espíritu mudo y sordo, yo te mando, ¡sal de él y nunca más entres en él!

26Entonces, clamando y desgarrándole con violencia, el espíritu salió; y el muchacho quedó como muerto, de modo que muchos decían: —¡Está muerto!

27Pero Jesús le tomó de la mano y le enderezó, y él se levantó.

28Cuando él entró en casa, sus discípulos le preguntaron en privado: —¿Por qué no pudimos echarlo fuera nosotros?

29El les dijo: —Este género con nada puede salir, sino con oración.

30Habiendo salido de allí, caminaban por Galilea. El no quería que nadie lo supiese,

31porque iba enseñando a sus discípulos, y les decía: "El Hijo del Hombre ha de ser entregado en manos de hombres, y le matarán. Y una vez muerto, resucitará después de tres días."

32Pero ellos no entendían esta palabra y tenían miedo de preguntarle.

33Llegó a Capernaúm. Y cuando estuvo en casa, Jesús les preguntó: —¿Qué disputabais entre vosotros en el camino?

34Pero ellos callaron, porque lo que habían disputado los unos con los otros en el camino era sobre quién era el más importante.

35Entonces se sentó, llamó a los doce y les dijo: —Si alguno quiere ser el primero, deberá ser el último de todos y el siervo de todos.

36Y tomó a un niño y lo puso en medio de ellos; y tomándole en sus brazos, les dijo:

37—El que en mi nombre recibe a alguien como este niño, a mí me recibe; y el que a mí me recibe no me recibe a mí, sino al que me envió.

38Juan le dijo: —Maestro, vimos a alguien que echaba fuera demonios en tu nombre, y se lo prohibimos, porque no nos seguía.

39Pero Jesús dijo: —No se lo prohibáis, porque nadie que haga milagros en mi nombre podrá después hablar mal de mí.

40Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.

41Cualquiera que os dé un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto os digo que jamás perderá su recompensa.

42Y a cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le atase una gran piedra de molino al cuello y que fuese echado al mar.

43Si tu mano te hace tropezar, córtala. Mejor te es entrar manco a la vida que teniendo dos manos, ir al infierno, al fuego inextinguible,

44donde su gusano no muere, y el fuego nunca se apaga.

45Si tu pie te hace tropezar, córtalo. Mejor te es entrar cojo a la vida que teniendo dos pies, ser echado al infierno,

46donde su gusano no muere, y el fuego nunca se apaga.

47Y si tu ojo te hace tropezar, sácalo. Mejor te es entrar con un solo ojo al reino de Dios que, teniendo dos ojos, ser echado al infierno,

48donde su gusano no muere, y el fuego nunca se apaga.

49Porque todo será salado con fuego.

50Buena es la sal; pero si la sal se vuelve insípida, ¿con qué será salada? Tened sal en vosotros y vivid en paz los unos con los otros.

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Marcos - Capítulo 14

1Y levantándose de allí, fue a las regiones de Judea y de más allá del Jordán. Las multitudes volvieron a acudir a él, y de nuevo les enseñaba como él acostumbraba.

2Entonces se acercaron unos fariseos para probarle, y le preguntaron si era lícito al marido divorciarse de su mujer.

3Pero él respondió y les dijo: —¿Qué os mandó Moisés?

4Ellos dijeron: —Moisés permitió escribir carta de divorcio y despedirla.

5Pero Jesús les dijo: —Ante vuestra dureza de corazón, os escribió este mandamiento.

6Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer.

7Por esta causa el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer;

8y serán los dos una sola carne. Así que, ya no son más dos, sino una sola carne.

9Por tanto, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre.

10En casa sus discípulos volvieron a preguntarle acerca de esto.

11El les dijo: —Cualquiera que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella.

12Y si la mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio.

13Y le presentaban niños para que los tocase, pero los discípulos los reprendieron.

14Al verlo, Jesús se indignó y les dijo: "Dejad a los niños venir a mí, y no les impidáis; porque de los tales es el reino de Dios.

15De cierto os digo que cualquiera que no reciba el reino de Dios como un niño, jamás entrará en él."

16Entonces tomándolos en los brazos, puso las manos sobre ellos y los bendijo.

17Cuando salía para continuar su camino, un hombre vino corriendo, se puso de rodillas delante de él y le preguntó: —Maestro bueno, ¿qué haré para obtener la vida eterna?

18Pero Jesús le dijo: —¿Por qué me llamas "bueno"? Ninguno es bueno, sino sólo uno, Dios.

19Tú conoces los mandamientos: No cometas homicidio, no cometas adulterio, no robes, no des falso testimonio, no defraudes, honra a tu padre y a tu madre.

20Pero él le dijo: —Maestro, todo esto he guardado desde mi juventud.

21Entonces al mirarlo Jesús, le amó y le dijo: —Una cosa te falta: Anda, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres; y tendrás tesoro en el cielo. Y ven; sígueme.

22Pero él, abatido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.

23Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: —¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!

24Los discípulos se asombraron por sus palabras; pero Jesús, respondiendo de nuevo, les dijo: —Hijitos, ¡cuán difícil es entrar en el reino de Dios!

25Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.

26Pero ellos quedaron aun más atónitos diciendo entre sí: —¿Y quién podrá ser salvo?

27Entonces Jesús, mirándolos, les dijo: —Para los hombres es imposible; pero no para Dios. Porque para Dios todas las cosas son posibles.

28Pedro comenzó a decirle: —He aquí, nosotros hemos dejado todo y te hemos seguido.

29Jesús le dijo: —De cierto os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos, o campos, por causa de mí y del evangelio,

30que no reciba cien veces más ahora en este tiempo: casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y campos, con persecuciones; y en la edad venidera, la vida eterna.

31Pero muchos primeros serán los últimos, y los últimos, primeros.

32Iban por el camino subiendo a Jerusalén, y Jesús iba delante de ellos. Estaban asombrados, y los que le seguían tenían miedo. Entonces, volviendo a tomar a los doce aparte, les comenzó a declarar las cosas que le estaban por acontecer:

33—He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas. Le condenarán a muerte y le entregarán a los gentiles.

34Se burlarán de él, le escupirán, le azotarán y le matarán; y después de tres días resucitará.

35Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se acercaron a él y le dijeron: —Maestro, queremos que nos concedas lo que pidamos.

36El les dijo: —¿Qué queréis que haga por vosotros?

37Ellos dijeron: —Concédenos que en tu gloria nos sentemos el uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.

38Entonces Jesús les dijo: —No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo bebo, o ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado?

39Ellos dijeron: —Podemos. Y Jesús les dijo: —Beberéis la copa que yo bebo, y seréis bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado.

40Pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es mío concederlo, sino que es para quienes está preparado.

41Cuando lo oyeron los diez, comenzaron a enojarse con Jacobo y Juan.

42Pero Jesús los llamó y les dijo: —Sabéis que los que son tenidos por príncipes de los gentiles se enseñorean de ellos, y sus grandes ejercen autoridad sobre ellos.

43Pero no es así entre vosotros. Más bien, cualquiera que anhele hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor,

44y cualquiera que anhele ser el primero entre vosotros será siervo de todos.

45Porque el Hijo del Hombre tampoco vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.

46Entonces llegaron a Jericó. Y cuando él iba saliendo de Jericó junto con sus discípulos y una gran multitud, el ciego Bartimeo, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando.

47Y cuando oyó que era Jesús de Nazaret, comenzó a gritar diciendo: —¡Jesús, hijo de David, ten misericordia de mí!

48Muchos le regañaban para que se callara, pero él gritaba aun más fuerte: —¡Hijo de David, ten misericordia de mí!

49Entonces Jesús se detuvo y mandó llamarle. Llamaron al ciego diciéndole: —Ten confianza. Levántate. El te llama.

50Entonces él, tirando su manto, se levantó y fue a Jesús.

51Y Jesús le respondió diciendo: —¿Qué quieres que te haga? El ciego le dijo: —Rabí, que yo recobre la vista.

52Jesús le dijo: —Vete. Tu fe te ha salvado. Al instante recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino.

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Marcos - Capítulo 15

1Cuando llegaron cerca de Jerusalén, junto a Betfagé y Betania, frente al monte de los Olivos, Jesús envió a dos de sus discípulos

2y les dijo: —Id a la aldea que está frente a vosotros, y cuando hayáis entrado allí, en seguida hallaréis atado un borriquillo sobre el cual ningún hombre ha montado. Desatadlo y traedlo.

3Y si alguien os dice: "¿Por qué hacéis eso?," decidle: "El Señor lo necesita, y luego lo enviará aquí otra vez."

4Ellos fueron y hallaron el borriquillo atado a la puerta, afuera, en la esquina de dos calles; y lo desataron.

5Algunos de los que estaban allí les dijeron: —¿Qué hacéis desatando al borriquillo?

6Ellos les dijeron tal como Jesús les había dicho, y les dejaron ir.

7Trajeron el borriquillo a Jesús y echaron sobre él sus mantos, y se sentó sobre él.

8Muchos tendieron sus mantos por el camino, y otros cortaban ramas de los árboles.

9Los que iban delante y los que le seguían aclamaban: —¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!

10¡Bendito el reino venidero de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!

11Entró Jesús en Jerusalén, en el templo, y habiendo mirado todo en derredor, como la hora ya era tarde, salió para Betania con los doce.

12Al día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo hambre.

13Y viendo desde lejos una higuera que tenía hojas, se acercó para ver si hallara en ella algo. Cuando vino a ella, no encontró nada sino hojas, porque no era tiempo de higos.

14Entonces Jesús dijo a la higuera: "¡Nunca jamás coma nadie de tu fruto!" Y lo oyeron sus discípulos.

15Llegaron a Jerusalén, y Jesús entró en el templo. Y comenzó a echar fuera a los que vendían y a los que compraban en el templo. Volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas,

16y no consentía que nadie cruzase por el templo llevando utensilio alguno.

17Y enseñaba diciendo: "¿No está escrito que mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Pero vosotros la habéis hecho cueva de ladrones."

18Lo oyeron los principales sacerdotes y los escribas, y buscaban cómo matarle; porque le tenían miedo, pues todo el pueblo estaba maravillado de su doctrina.

19Y al llegar la noche, Jesús y los suyos salieron de la ciudad.

20Por la mañana, pasando por allí vieron que la higuera se había secado desde las raíces.

21Entonces Pedro, acordándose, le dijo: —Rabí, he aquí la higuera que maldijiste se ha secado.

22Respondiendo Jesús les dijo: —Tened fe en Dios.

23De cierto os digo que cualquiera que diga a este monte: "Quítate y arrójate al mar," y que no dude en su corazón, sino que crea que será hecho lo que dice, le será hecho.

24Por esta razón os digo que todo por lo cual oráis y pedís, creed que lo habéis recibido, y os será hecho.

25Y cuando os pongáis de pie para orar, si tenéis algo contra alguien, perdonadle, para que vuestro Padre que está en los cielos también os perdone a vosotros vuestras ofensas.

26Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas.

27Volvieron a Jerusalén. Luego, mientras él andaba por el templo, vinieron a él los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos,

28y le decían: —¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿O quién te dio la autoridad para hacer estas cosas?

29Entonces Jesús les dijo: —Yo os haré una pregunta. Respondedme, y yo os diré con qué autoridad hago estas cosas:

30El bautismo de Juan, ¿era del cielo o de los hombres? Respondedme.

31Entonces ellos razonaban entre sí diciendo: —Si decimos "del cielo," dirá: "¿Por qué, pues, no le creísteis?"

32Pero si decimos "de los hombres…" Temían al pueblo, porque todos consideraban que verdaderamente Juan era profeta.

33Entonces respondiendo a Jesús dijeron: —No sabemos. Y Jesús les dijo: —Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas.

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Marcos - Capítulo 16

1Cuando pasó el sábado, María Magdalena, María madre de Jacobo, y Salomé compraron especias aromáticas para ir a ungirle.

2Muy de mañana, el primer día de la semana, fueron al sepulcro apenas salido el sol,

3y decían una a otra: —¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?

4Pero cuando miraron, vieron que la piedra ya había sido removida, a pesar de que era muy grande.

5Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, vestido de una larga ropa blanca, y se asustaron.

6Pero él les dijo: —No os asustéis. Buscáis a Jesús de Nazaret, quien fue crucificado. ¡Ha resucitado! No está aquí. He aquí el lugar donde le pusieron.

7Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea. Allí le veréis, como os dijo.

8Ellas salieron y huyeron del sepulcro, porque temblaban y estaban presas de espanto. Y no dijeron nada a nadie, porque tenían miedo.

9Una vez resucitado Jesús, muy de mañana en el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de la cual había echado siete demonios.

10Ella fue y lo anunció a los que habían estado con él, que estaban tristes y lloraban.

11Pero cuando ellos oyeron que estaba vivo y que había sido visto por ella, no lo creyeron.

12Después apareció en otra forma a dos de ellos que iban caminando hacia el campo.

13Ellos fueron y lo anunciaron a los demás, pero tampoco a ellos les creyeron.

14Luego, apareció a los once cuando estaban sentados a la mesa, y les reprendió por su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado.

15Y les dijo: "Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

16El que cree y es bautizado será salvo; pero el que no cree será condenado.

17Estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios, hablarán nuevas lenguas,

18tomarán serpientes en las manos, y si llegan a beber cosa venenosa, no les dañará. Sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán."

19Después que les habló, el Señor Jesús fue recibido arriba en el cielo y se sentó a la diestra de Dios.

20Y ellos salieron y predicaron en todas partes, actuando con ellos el Señor y confirmando la palabra con las señales que seguían.

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