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Mateo

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Mateo - Capítulo 1

24Pero os digo que en el día del juicio el castigo será más tolerable para la tierra de Sodoma, que para ti."

25En aquel tiempo Jesús respondió y dijo: "Te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños.

26Sí, Padre, porque así te agradó.

27"Todas las cosas me han sido entregadas por mi Padre. Nadie conoce bien al Hijo, sino el Padre. Nadie conoce bien al Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.

28"Venid a mí, todos los que estáis fatigados y cargados, y yo os haré descansar.

29Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.

30Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga."

1Aconteció que, cuando Jesús acabó de dar instrucciones a sus doce discípulos, se fue de allí a enseñar y a predicar en las ciudades de ellos.

2Ahora bien, cuando oyó Juan en la cárcel de los hechos de Cristo, envió a él por medio de sus discípulos,

3y le dijo: —¿Eres tú aquel que ha de venir, o esperaremos a otro?

4Y respondiendo Jesús les dijo: —Id y haced saber a Juan las cosas que oís y veis:

5Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son hechos limpios, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres se les anuncia el evangelio.

6Y bienaventurado es el que no toma ofensa en mí.

7Mientras ellos se iban, Jesús comenzó a hablar de Juan a las multitudes: "¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento?

8Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿Un hombre vestido de ropa delicada? He aquí, los que se visten con ropa delicada están en los palacios de los reyes.

9Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? ¡Sí, os digo, y más que profeta!

10Este es aquel de quien está escrito: He aquí yo envío mi mensajero delante de tu rostro, quien preparará tu camino delante de ti.

11De cierto os digo que no se ha levantado entre los nacidos de mujer ningún otro mayor que Juan el Bautista. Sin embargo, el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que él.

12Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos se apoderan de él.

13Porque todos los Profetas y la Ley profetizaron hasta Juan.

14Y si lo queréis recibir, él es el Elías que había de venir.

15El que tiene oídos, oiga.

16"Pero, ¿a qué compararé esta generación? Es semejante a los muchachos que se sientan en las plazas y dan voces a sus compañeros,

17diciendo: ‘Os tocamos la flauta, y no bailasteis; entonamos canciones de duelo y no lamentasteis.’

18Porque vino Juan, que no comía ni bebía, y dicen: ‘Tiene demonio.’

19Y vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: ‘He aquí un hombre comilón y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores.’ Pero la sabiduría es justificada por sus hechos."

20Entonces comenzó a reprender a las ciudades en las cuales se realizaron muchos de sus hechos poderosos, porque no se habían arrepentido:

21"¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si se hubieran realizado en Tiro y en Sidón los hechos poderosos que se realizaron en vosotras, ya hace tiempo se habrían arrepentido en saco y ceniza.

22Pero os digo que en el día del juicio el castigo para Tiro y Sidón será más tolerable que para vosotras.

23"Y tú, Capernaúm, ¿serás exaltada hasta el cielo? ¡Hasta el Hades serás hundida! Porque si entre los de Sodoma se hubieran realizado los hechos poderosos que se realizaron en ti, habrían permanecido hasta

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Mateo - Capítulo 2

1En ese tiempo, Jesús pasó por los sembrados en sábado. Sus discípulos tuvieron hambre y comenzaron a arrancar espigas y a comer.

2Y al verlo los fariseos, le dijeron: —Mira, tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en el sábado.

3El les dijo: —¿No habéis leído qué hizo David cuando tuvo hambre él y los que estaban con él;

4cómo entró en la casa de Dios y comieron los panes de la Presencia, cosa que no les era lícito comer ni a él ni a los que estaban con él, sino sólo a los sacerdotes?

5¿Tampoco habéis leído en la ley que en los sábados los sacerdotes en el templo profanan el sábado y quedan sin culpa?

6Pero os digo que uno mayor que el templo está aquí.

7Si hubierais conocido qué significa Misericordia quiero y no sacrificio, no habríais condenado a los que no tienen culpa.

8Porque el Hijo del Hombre es Señor del sábado.

9Partió de allí y fue a la sinagoga de ellos.

10Y he aquí había un hombre que tenía la mano paralizada; y para acusar a Jesús, le preguntaron diciendo: —¿Es lícito sanar en sábado?

11Pero él les dijo: —¿Qué hombre hay entre vosotros que tenga una oveja, que si ésta cae en un pozo en sábado, no le echará mano y la sacará?

12Pues, ¡cuánto más vale un hombre que una oveja! De manera que es lícito hacer bien en sábado.

13Entonces dijo a aquel hombre: —Extiende tu mano. El la extendió, y su mano fue restaurada sana como la otra.

14Pero saliendo los fariseos, tomaron consejo contra él, cómo destruirlo.

15Como Jesús lo supo, se apartó de allí. Le siguió mucha gente, y a todos los sanó.

16Y les mandó rigurosamente que no lo dieran a conocer,

17para que se cumpliese lo dicho por medio del profeta Isaías, que dijo:

18He aquí mi siervo, a quien he escogido; mi amado, en quien se complace mi alma. Pondré mi Espíritu sobre él, y anunciará juicio a las naciones.

19No contenderá, ni dará voces; ni oirá nadie su voz en las plazas.

20La caña cascada no quebrará, y la mecha que humea no apagará, hasta que saque a triunfo el juicio.

21Y en su nombre las naciones pondrán su esperanza.

22Entonces fue traído a él un endemoniado, ciego y mudo; y le sanó, de manera que el mudo hablaba y veía.

23Toda la gente estaba atónita y decía: —¿Acaso será éste el Hijo de David?

24Pero al oírlo, los fariseos dijeron: —Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebul, el príncipe de los demonios.

25Pero como Jesús conocía sus pensamientos, les dijo: —Todo reino dividido contra sí mismo está arruinado. Y ninguna ciudad o casa dividida contra sí misma permanecerá.

26Y si Satanás echa fuera a Satanás, contra sí mismo está dividido. ¿Cómo, pues, permanecerá en pie su reino?

27Y si yo echo fuera los demonios por Beelzebul, ¿por quién los echan fuera vuestros hijos? Por tanto, ellos serán vuestros jueces.

28Pero si por el Espíritu de Dios yo echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios.

29Porque, ¿cómo puede alguien entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes a menos que primero ate al hombre fuerte? Y entonces saqueará su casa.

30El que no está conmigo, contra mí está; y el que conmigo no recoge, desparrama.

31Por esto os digo que todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada.

32Y a cualquiera que diga palabra contra el Hijo del Hombre le será perdonado; pero a cualquiera que hable contra el Espíritu Santo no le será perdonado, ni en este mundo, ni en el venidero.

33O haced bueno el árbol y bueno su fruto, o haced malo el árbol y malo su fruto; porque el árbol es conocido por su fruto.

34¡Generación de víboras! ¿Cómo podréis vosotros, siendo malos, hablar cosas buenas? Porque de la abundancia del corazón habla la boca.

35El hombre bueno del buen tesoro saca cosas buenas, y el hombre malo del mal tesoro saca cosas malas.

36Pero yo os digo que en el día del juicio los hombres darán cuenta de toda palabra ociosa que hablen.

37Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.

38Entonces le respondieron algunos de los escribas y de los fariseos, diciendo: —Maestro, deseamos ver de ti una señal.

39El respondió y les dijo: —Una generación malvada y adúltera demanda señal, pero no le será dada ninguna señal, sino la señal del profeta Jonás.

40Porque así como Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del gran pez, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.

41Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio contra esta generación y la condenarán, porque ellos se arrepintieron ante la proclamación de Jonás. ¡Y he aquí uno mayor que Jonás está en este lugar!

42La reina del Sur se levantará en el juicio contra esta generación y la condenará, porque vino de los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón. ¡Y he aquí uno mayor que Salomón está en este lugar!

43Cuando el espíritu inmundo ha salido del hombre, anda por lugares secos buscando reposo, y no lo encuentra.

44Entonces dice: "Volveré a mi casa de donde salí." Cuando regresa, la halla desocupada, barrida y adornada.

45Entonces va y trae consigo otros siete espíritus peores que él. Y después de entrar, habitan allí; y el estado final de aquel hombre llega a ser peor que el primero. Así también sucederá a esta perversa generación.

46Mientras todavía hablaba a la gente, he aquí su madre y sus hermanos estaban afuera, buscando hablar con él.

47Y alguien le dijo: —Mira, tu madre y tus hermanos están afuera, buscando hablar contigo.

48Pero Jesús respondió al que hablaba con él y dijo: —¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?

49Entonces extendió su mano hacia sus discípulos y dijo: —¡He aquí mi madre y mis hermanos!

50Porque cualquiera que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.

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Mateo - Capítulo 3

1Aquel día Jesús salió de la casa y se sentó junto al mar.

2Y se le acercó mucha gente, de manera que él entró en una barca para sentarse, y toda la multitud estaba de pie en la playa.

3Entonces les habló muchas cosas en parábolas, diciendo: "He aquí un sembrador salió a sembrar.

4Mientras él sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la devoraron.

5Y otra parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó rápidamente, porque la tierra no era profunda.

6Pero cuando salió el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó.

7Y otra parte cayó entre los espinos. Los espinos crecieron y la ahogaron.

8Y otra parte cayó en buena tierra y dio fruto, una a ciento, otra a sesenta y otra a treinta por uno.

9El que tiene oídos, que oiga."

10Entonces se acercaron los discípulos y le dijeron: —¿Por qué les hablas por parábolas?

11Y él respondiendo les dijo: —Porque a vosotros se os ha concedido conocer los misterios del reino de los cielos, pero a ellos no se les ha concedido.

12Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.

13Por esto les hablo por parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni tampoco entienden.

14Además, se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: De oído oiréis, y nunca entenderéis; y mirando miraréis, y nunca veréis.

15Porque el corazón de este pueblo se ha vuelto insensible, y con los oídos han oído torpemente. Han cerrado sus ojos para que no vean con los ojos, ni oigan con los oídos, ni entiendan con el corazón, ni se conviertan. Y yo los sanaré.

16Pero ¡bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen!

17Porque de cierto os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.

18Vosotros, pues, oíd la parábola del sembrador.

19Cuando alguien oye la palabra del reino y no la entiende, viene el maligno y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino.

20Y el que fue sembrado en pedregales es el que oye la palabra y en seguida la recibe con gozo;

21pero no tiene raíz en sí, sino que es de poca duración, y cuando viene la aflicción o la persecución por causa de la palabra, en seguida tropieza.

22Y el que fue sembrado en espinos, éste es el que oye la palabra, pero las preocupaciones de este mundo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y queda sin fruto.

23Pero el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye la palabra y la entiende, el que de veras lleva fruto y produce, uno a ciento, otro a sesenta, y otro a treinta por uno.

24Les presentó otra parábola diciendo: "El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo.

25Pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue.

26Cuando brotó la hierba y produjo fruto, entonces apareció también la cizaña.

27Se acercaron los siervos al dueño del campo y le preguntaron: ‘Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña?’

28Y él les dijo: ‘Un hombre enemigo ha hecho esto.’ Los siervos le dijeron: ‘Entonces, ¿quieres que vayamos y la recojamos?’

29Pero él dijo: ‘No; no sea que al recoger la cizaña arranquéis con ella el trigo.

30Dejad crecer a ambos hasta la siega. Cuando llegue el tiempo de la siega, yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en manojos para quemarla. Pero reunid el trigo en mi granero.’"

31Les presentó otra parábola diciendo: "El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza que un hombre tomó y sembró en su campo.

32Esta es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando crece, es la más grande de las hortalizas y se convierte en árbol, de modo que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas."

33Les dijo otra parábola: "El reino de los cielos es semejante a la levadura que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo quedó leudado."

34Todo esto habló Jesús en parábolas a las multitudes y sin parábolas no les hablaba,

35de manera que se cumplió lo dicho por medio del profeta diciendo: Abriré mi boca con parábolas; publicaré cosas que han estado ocultas desde la fundación del mundo.

36Entonces, una vez despedida la multitud, volvió a casa. Y sus discípulos se acercaron a él diciendo: —Explícanos la parábola de la cizaña del campo.

37Y respondiendo él dijo: —El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre.

38El campo es el mundo. La buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del maligno.

39El enemigo que la sembró es el diablo. La siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.

40De manera que como la cizaña es recogida y quemada en el fuego, así será el fin del mundo.

41El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que causan tropiezos y a los que hacen maldad,

42y los echarán en el horno de fuego. Allí habrá llanto y crujir de dientes.

43Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos, que oiga.

44El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo, que un hombre descubrió y luego escondió. Y con regocijo va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo.

45Además, el reino de los cielos es semejante a un comerciante que buscaba perlas finas.

46Y habiendo encontrado una perla de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.

47Asimismo, el reino de los cielos es semejante a una red que fue echada en el mar y juntó toda clase de peces.

48Cuando estuvo llena, la sacaron a la playa. Y sentados recogieron lo bueno en cestas y echaron fuera lo malo.

49Así será el fin del mundo: Saldrán los ángeles y apartarán a los malos de entre los justos,

50y los echarán en el horno de fuego. Allí habrá llanto y crujir de dientes.

51¿Habéis entendido todas estas cosas? Ellos le dijeron: —Sí.

52El les dijo: —Por eso, todo escriba instruido en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia que saca de su tesoro cosas nuevas y viejas.

53Aconteció que cuando Jesús terminó estas parábolas, partió de allí.

54Vino a su tierra y les enseñaba en su sinagoga, de manera que ellos estaban atónitos y decían: —¿De dónde tiene éste esta sabiduría y estos milagros?

55¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Jacobo, José, Simón y Judas?

56¿No están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, le vienen a éste todas estas cosas?

57Se escandalizaban de él. Pero Jesús les dijo: —No hay profeta sin honra sino en su propia tierra y en su casa.

58Y no hizo allí muchos milagros a causa de la incredulidad de ellos.

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Mateo - Capítulo 4

22Si aquellos días no fuesen acortados, no se salvaría nadie; pero por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.

23Entonces, si alguien os dice: "Mirad, aquí está el Cristo," o "Está acá," no le creáis.

24Porque se levantarán falsos cristos y falsos profetas, y darán grandes señales y maravillas de tal manera que engañarán, de ser posible, aun a los escogidos.

25¡Mirad! Os lo he dicho de antemano.

26Así que, si os dicen: "Mirad, está en el desierto," no salgáis; o "Mirad, está en las habitaciones interiores," no lo creáis.

27Porque así como el relámpago sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será la venida del Hijo del Hombre.

28Porque donde esté el cadáver, allí se juntarán los buitres.

29Pero inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor. Las estrellas caerán del cielo y los poderes de los cielos serán sacudidos.

30Entonces se manifestará la señal del Hijo del Hombre en el cielo, y en ese tiempo harán duelo todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria.

31El enviará a sus ángeles con un gran sonar de trompeta, y ellos reunirán a los escogidos de él de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.

32De la higuera aprended la analogía: Cuando su rama ya está tierna y brotan sus hojas, sabéis que el verano está cerca.

33Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, sabed que está cerca, a las puertas.

34De cierto os digo que no pasará esta generación hasta que todas estas cosas sucedan.

35El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

36Pero acerca de aquel día y hora, nadie sabe; ni siquiera los ángeles de los cielos, ni aun el Hijo, sino sólo el Padre.

37Porque como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre.

38Pues como en aquellos días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dándose en casamiento hasta el día en que Noé entró en el arca,

39y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre.

40En aquel entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado.

41Dos mujeres estarán moliendo en un molino; la una será tomada, y la otra dejada.

42Velad, pues, porque no sabéis en qué día viene vuestro Señor.

43Pero sabed esto: Si el dueño de casa hubiera sabido a qué hora habría de venir el ladrón, habría velado y no habría dejado que forzaran la entrada a su casa.

44Por tanto, estad preparados también vosotros, porque a la hora que no pensáis, vendrá el Hijo del Hombre.

45¿Quién, pues, es el siervo fiel y prudente, a quien su señor le puso sobre los criados de su casa, para que les diera alimentos a su debido tiempo?

46Bienaventurado será aquel siervo a quien, cuando su señor venga, le encuentre haciéndolo así.

47De cierto os digo que le pondrá sobre todos sus bienes.

48Pero si aquel siervo malvado dice en su corazón: "Mi señor tarda";

49y si comienza a golpear a sus consiervos, y si come y bebe con los borrachos,

50el señor de aquel siervo vendrá en el día que no espera y a la hora que no sabe,

51y le castigará duramente y le asignará lugar con los hipócritas. Allí habrá llanto y crujir de dientes.

1Cuando Jesús salió y se iba del templo, se le acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo.

2Y él respondiendo les dijo: —¿No veis todo esto? De cierto os digo que aquí no quedará piedra sobre piedra que no sea derribada.

3Estando él sentado en el monte de los Olivos, sus discípulos se acercaron a él aparte, y le dijeron: —Dinos, ¿cuándo sucederán estas cosas? ¿Y qué señal habrá de tu venida y del fin del mundo?

4Respondió Jesús y les dijo: —Mirad que nadie os engañe;

5porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: "Yo soy el Cristo," y engañarán a muchos.

6Oiréis de guerras y de rumores de guerras. Mirad que no os turbéis, porque es necesario que esto acontezca; pero todavía no es el fin.

7Porque se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá hambre y terremotos por todas partes.

8Pues todas estas cosas son principio de dolores.

9Entonces os entregarán a tribulación y os matarán, y seréis aborrecidos por todas las naciones por causa de mi nombre.

10Entonces muchos tropezarán; y se traicionarán unos a otros, y se aborrecerán unos a otros.

11Muchos falsos profetas se levantarán y engañarán a muchos;

12y por haberse multiplicado la maldad, se enfriará el amor de muchos.

13Pero el que persevere hasta el fin será salvo.

14Y este evangelio del reino será predicado en todo el mundo para testimonio a todas las razas, y luego vendrá el fin.

15Por tanto, cuando veáis establecida en el lugar santo la abominación desoladora, de la cual habló el profeta Daniel (el que lee, entienda),

16entonces los que estén en Judea huyan a los montes.

17El que esté en la azotea no descienda para sacar algo de su casa,

18y el que esté en el campo no vuelva atrás a tomar su manto.

19¡Ay de las mujeres que estén encintas y de las que críen en aquellos días!

20Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en sábado;

21porque entonces habrá gran tribulación como no ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni habrá jamás. nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.

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Mateo - Capítulo 5

1Entonces, el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron a recibir al novio.

2Cinco de ellas eran insensatas, y cinco prudentes.

3Cuando las insensatas tomaron sus lámparas, no tomaron consigo aceite;

4pero las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas.

5Y como tardaba el novio, todas cabecearon y se quedaron dormidas.

6A la media noche se oyó gritar: "¡He aquí el novio! ¡Salid a recibirle!"

7Entonces, todas aquellas vírgenes se levantaron y alistaron sus lámparas.

8Y las insensatas dijeron a las prudentes: "Dadnos de vuestro aceite, porque nuestras lámparas se apagan."

9Pero las prudentes respondieron diciendo: "No, no sea que nos falte a nosotras y a vosotras; id, más bien, a los vendedores y comprad para vosotras mismas."

10Mientras ellas iban para comprar, llegó el novio; y las preparadas entraron con él a la boda, y se cerró la puerta.

11Después vinieron también las otras vírgenes diciendo: "¡Señor, señor, ábrenos!"

12Pero él respondiendo dijo: "De cierto os digo que no os conozco."

13Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora.

14Porque el reino de los cielos será semejante a un hombre que al emprender un viaje largo, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes.

15A uno dio cinco talentos, a otro dos, y a otro, uno. A cada uno dio conforme a su capacidad y se fue lejos.

16Inmediatamente, el que había recibido cinco talentos se fue, negoció con ellos y ganó otros cinco talentos.

17De la misma manera, el que había recibido dos ganó también otros dos.

18Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.

19Después de mucho tiempo, vino el señor de aquellos siervos y arregló cuentas con ellos.

20Cuando se presentó el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos y dijo: "Señor, me entregaste cinco talentos; he aquí he ganado otros cinco talentos."

21Su señor le dijo: "Bien, siervo bueno y fiel. Sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré. Entra en el gozo de tu señor."

22Y cuando se presentó el que había recibido dos talentos, dijo: "Señor, me entregaste dos talentos; he aquí he ganado otros dos talentos."

23Su señor le dijo: "Bien, siervo bueno y fiel. Sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré. Entra en el gozo de tu señor."

24Pero cuando se presentó el que había recibido un talento, dijo: "Señor, yo te conozco que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste.

25Y como tuve miedo, fui y escondí tu talento en la tierra. Aquí tienes lo que es tuyo."

26Su señor respondió y le dijo: "¡Siervo malo y perezoso! ¿Sabías que cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí?

27Por lo tanto, debías haber entregado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, habría recibido lo que es mío con los intereses.

28Por tanto, quitadle el talento y dadlo al que tiene diez talentos.

29Porque a todo el que tiene le será dado, y tendrá en abundancia; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.

30Al siervo inútil echadlo en las tinieblas de afuera." Allí habrá llanto y crujir de dientes.

31Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria y todos los ángeles con él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria;

32y todas las naciones serán reunidas delante de él. El separará los unos de los otros, como cuando el pastor separa las ovejas de los cabritos;

33y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.

34Entonces el Rey dirá a los de su derecha: "¡Venid, benditos de mi Padre! Heredad el reino que ha sido preparado para vosotros desde la fundación del mundo.

35Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recibisteis;

36estuve desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a mí."

37Entonces los justos le responderán diciendo: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te sustentamos, o sediento y te dimos de beber?

38¿Cuándo te vimos forastero y te recibimos, o desnudo y te vestimos?

39¿Cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y fuimos a ti?"

40Y respondiendo el Rey les dirá: "De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis."

41Entonces dirá también a los de su izquierda: "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.

42Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber;

43fui forastero, y no me recibisteis; estuve desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis."

44Entonces le responderán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, o sediento, o forastero, o desnudo, o enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?"

45Entonces les responderá diciendo: "De cierto os digo, que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco lo hicisteis a mí."

46Entonces irán éstos al tormento eterno, y los justos a la vida eterna.

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Mateo - Capítulo 6

1Aconteció que, cuando Jesús terminó todas estas palabras, dijo a sus discípulos:

2"Sabéis que después de dos días se celebra la Pascua, y el Hijo del Hombre va a ser entregado para ser crucificado."

3Entonces los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron en el palacio del sumo sacerdote, que se llamaba Caifás,

4y consultaron entre sí para prender a Jesús por engaño y matarle.

5Pero decían: "No lo hagamos en la fiesta, para que no se haga alboroto en el pueblo."

6Estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso,

7vino a él una mujer trayendo un frasco de alabastro con perfume de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de Jesús mientras estaba sentado a la mesa.

8Al verlo, sus discípulos se indignaron y dijeron: —¿Para qué este desperdicio?

9Porque esto podría haberse vendido a un gran precio y haberse dado a los pobres.

10Como Jesús se dio cuenta, les dijo: —¿Por qué molestáis a la mujer? Pues ha hecho una buena obra conmigo.

11Porque siempre tenéis a los pobres con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis.

12Porque al derramar este perfume sobre mi cuerpo, ella lo hizo para prepararme para la sepultura.

13De cierto os digo que dondequiera que este evangelio sea predicado en todo el mundo, también será contado lo que esta mujer ha hecho, para memoria de ella.

14Entonces, uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue a los principales sacerdotes

15y les dijo: —¿Qué me queréis dar? Y yo os lo entregaré. Ellos le asignaron treinta piezas de plata;

16y desde entonces él buscaba la oportunidad para entregarle.

17El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, los discípulos se acercaron a Jesús diciendo: —¿Dónde quieres que te hagamos los preparativos para comer la Pascua?

18El dijo: —Id a la ciudad, a cierto hombre, y decidle: "El Maestro dice: ‘Mi tiempo está cerca; en tu casa voy a celebrar la Pascua con mis discípulos.’"

19Los discípulos hicieron como Jesús les mandó y prepararon la Pascua.

20Al atardecer, él estaba sentado a la mesa con los doce,

21y mientras comían, dijo: —De cierto os digo que uno de vosotros me va a entregar.

22Entristecidos en gran manera, comenzaron a preguntarle, uno por uno: —¿Acaso seré yo, Señor?

23Entonces respondiendo él dijo: —El que mete la mano conmigo en el plato, éste me entregará.

24A la verdad, el Hijo del Hombre va, tal como está escrito de él. Pero ¡ay de aquel hombre por quien es entregado el Hijo del Hombre! Bueno le fuera a aquel hombre no haber nacido.

25Y respondiendo Judas, el que le entregaba, dijo: —¿Acaso seré yo, Maestro? Le dijo: —Tú lo has dicho.

26Mientras ellos comían, Jesús tomó pan y lo bendijo; lo partió y lo dio a sus discípulos, y dijo: —Tomad; comed. Esto es mi cuerpo.

27Tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio diciendo: —Bebed de ella todos;

28porque esto es mi sangre del pacto, la cual es derramada para el perdón de pecados para muchos.

29Pero os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día cuando lo beba he soñado!’

30Y después de cantar un himno, salieron al monte de los Olivos.

31Entonces Jesús les dijo: —Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche, porque está escrito: Heriré al Pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas.

32Pero después de haber resucitado, iré delante de vosotros a Galilea.

33Respondiéndole Pedro dijo: —Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré.

34Jesús le dijo: —De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, tú me negarás tres veces.

35Pedro le dijo: —Aunque me sea necesario morir contigo, jamás te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo.

36Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a los discípulos: —Sentaos aquí, hasta que yo vaya allá y ore.

37Tomó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, y comenzó a entristecerse y a angustiarse.

38Entonces les dijo: —Mi alma está muy triste, hasta la muerte. Quedaos aquí y velad conmigo.

39Pasando un poco más adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: —Padre mío, de ser posible, pase de mí esta copa. Pero, no sea como yo quiero, sino como tú.

40Volvió a sus discípulos y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: —¿Así que no habéis podido velar ni una sola hora conmigo?

41Velad y orad, para que no entréis en tentación. El espíritu, a la verdad, está dispuesto; pero la carne es débil.

42Por segunda vez se apartó y oró diciendo: —Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad.

43Cuando volvió otra vez, los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño.

44Dejándolos, se apartó de nuevo y oró por tercera vez, repitiendo las mismas palabras.

45Entonces volvió a sus discípulos y les dijo: —¿Todavía estáis durmiendo y descansando? He aquí la hora está cerca, y el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de pecadores.

46¡Levantaos, vamos! He aquí está cerca el que me entrega.

47Mientras él aún hablaba, vino Judas, que era uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los ancianos del pueblo.

48El que le entregaba les había dado señal diciendo: "Al que yo bese, ése es. Prendedle."

49De inmediato se acercó a Jesús y dijo: —¡Te saludo, Rabí! Y le besó.

50Pero Jesús le dijo: —Amigo, haz lo que viniste a hacer. Entonces ellos se acercaron, echaron mano a Jesús y le prendieron.

51Y he aquí uno de los que estaban con Jesús extendió su mano, sacó su espada, y golpeando a un siervo del sumo sacerdote le cortó la oreja.

52Entonces Jesús le dijo: —Vuelve tu espada a su lugar, porque todos los que toman espada, a espada perecerán.

53¿O piensas que no puedo invocar a mi Padre y que él no me daría ahora mismo más de doce legiones de ángeles?

54Entonces, ¿cómo se cumplirían las Escrituras de que es necesario que suceda de esta manera?

55En ese momento Jesús dijo a la multitud: —¿Como contra un asaltante habéis salido con espadas y palos para prenderme? Cada día me sentaba enseñando en el templo, y no me prendisteis.

56Pero todo esto ha ocurrido para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos le abandonaron y huyeron.

57Los que habían prendido a Jesús le llevaron ante Caifás, el sumo sacerdote, donde los escribas y los ancianos se habían reunido.

58Y Pedro le seguía de lejos hasta el patio de la casa del sumo sacerdote. Habiéndose metido adentro, estaba sentado con los guardias para ver cómo terminaba aquello.

59Los principales sacerdotes, los ancianos y todo el Sanedrín buscaban falso testimonio contra Jesús, para que le entregaran a muerte.

60Pero no lo hallaron, a pesar de que se presentaron muchos testigos falsos. Por fin se presentaron dos,

61y dijeron: —Este dijo: "Puedo derribar el templo de Dios y edificarlo en tres días."

62Se levantó el sumo sacerdote y le dijo: —¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti?

63Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo: —¡Te conjuro por el Dios viviente que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios!

64Jesús le dijo: —Tú lo has dicho. Además os digo: De aquí en adelante veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder, y viniendo en las nubes del cielo.

65Entonces el sumo sacerdote rasgó su vestidura diciendo: —¡Ha blasfemado! ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora mismo, vosotros habéis oído la blasfemia.

66¿Qué os parece? Y ellos respondiendo dijeron: —¡Es reo de muerte!

67Entonces le escupieron en la cara y le dieron de puñetazos, y otros le dieron bofetadas,

68diciendo: —¡Profetízanos, Cristo! ¿Quién es el que te golpeó?

69Pedro estaba sentado afuera en el patio, y se le acercó una criada diciendo: —¡Tú también estabas con Jesús el galileo!

70Pero él negó delante de todos diciendo: —No sé lo que dices.

71Pero cuando él salió a la puerta, otra criada le vio y dijo a los que estaban allí: —Este estaba con Jesús de Nazaret.

72Y otra vez negó con juramento: —Yo no conozco al hombre.

73Y poco después se acercaron los que estaban por allí y dijeron a Pedro: —Verdaderamente, tú también eres de ellos, porque aun tu modo de hablar te descubre.

74Entonces comenzó a maldecir y a jurar: —¡No conozco al hombre! En seguida cantó el gallo,

75y Pedro se acordó de las palabras de Jesús que había dicho: "Antes que cante el gallo, tú me negarás tres veces." Y saliendo fuera, lloró amargamente.

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Mateo - Capítulo 7

1Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.

2Abraham engendró a Isaac; Isaac engendró a Jacob; Jacob engendró a Judá y a sus hermanos;

3Judá engendró de Tamar a Fares y a Zéraj; Fares engendró a Hesrón; Hesrón engendró a Aram;

4Aram engendró a Aminadab; Aminadab engendró a Najsón; Najsón engendró a Salmón;

5Salmón engendró de Rajab a Boaz; Boaz engendró de Rut a Obed; Obed engendró a Isaí;

6Isaí engendró al rey David. David engendró a Salomón, de la que fue mujer de Urías;

7Salomón engendró a Roboam; Roboam engendró a Abías; Abías engendró a Asa;

8Asa engendró a Josafat; Josafat engendró a Joram; Joram engendró a Uzías;

9Uzías engendró a Jotam; Jotam engendró a Acaz; Acaz engendró a Ezequías;

10Ezequías engendró a Manasés; Manasés engendró a Amón; Amón engendró a Josías;

11Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos en el tiempo de la deportación a Babilonia.

12Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel; Salatiel engendró a Zorobabel;

13Zorobabel engendró a Abiud; Abiud engendró a Eliaquim; Eliaquim engendró a Azor;

14Azor engendró a Sadoc; Sadoc engendró a Aquim; Aquim engendró a Eliud;

15Eliud engendró a Eleazar; Eleazar engendró a Matán; Matán engendró a Jacob.

16Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo.

17De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce generaciones, y desde David hasta la deportación a Babilonia son catorce generaciones, y desde la deportación a Babilonia hasta el Cristo son catorce generaciones.

18El nacimiento de Jesucristo fue así: Su madre María estaba desposada con José; y antes de que se unieran, se halló que ella había concebido del Espíritu Santo.

19José, su marido, como era justo y no quería difamarla, se propuso dejarla secretamente.

20Mientras él pensaba en esto, he aquí un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: "José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que ha sido engendrado en ella es del Espíritu Santo.

21Ella dará a luz un hijo; y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados."

22Todo esto aconteció para que se cumpliese lo que habló el Señor por medio del profeta, diciendo:

23He aquí, la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarán su nombre Emanuel, que traducido quiere decir: Dios con nosotros.

24Cuando José despertó del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer.

25Pero no la conoció hasta que ella dio a luz un hijo, y llamó su nombre Jesús.

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Mateo - Capítulo 8

1Jesús nació en Belén de Judea, en días del rey Herodes. Y he aquí unos magos vinieron del oriente a Jerusalén,

2preguntando: —¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque hemos visto su estrella en el oriente y hemos venido para adorarle.

3Cuando el rey Herodes oyó esto, se turbó, y toda Jerusalén con él.

4Y habiendo convocado a todos los principales sacerdotes y a los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo.

5Ellos le dijeron: —En Belén de Judea, porque así está escrito por el profeta:

6Y tú, Belén, en la tierra de Judá, de ninguna manera eres la más pequeña entre los gobernadores de Judá; porque de ti saldrá un gobernante que pastoreará a mi pueblo Israel.

7Entonces Herodes llamó en secreto a los magos e indagó de ellos el tiempo de la aparición de la estrella.

8Y enviándolos a Belén, les dijo: —Id y averiguad con cuidado acerca del niño. Tan pronto le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore.

9Ellos, después de oír al rey, se fueron. Y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo sobre donde estaba el niño.

10Al ver la estrella, se regocijaron con gran alegría.

11Cuando entraron en la casa, vieron al niño con María su madre, y postrándose le adoraron. Entonces abrieron sus tesoros y le ofrecieron presentes de oro, incienso y mirra.

12Pero advertidos por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su país por otro camino.

13Después que ellos partieron, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José, diciendo: "Levántate; toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allá hasta que yo te diga, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo."

14Entonces José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto.

15Y estuvo allí hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliese lo que habló el Señor por medio del profeta, diciendo: De Egipto llamé a mi hijo.

16Entonces Herodes, al verse burlado por los magos, se enojó sobremanera y mandó matar a todos los niños varones en Belén y en todos sus alrededores, de dos años de edad para abajo, conforme al tiempo que había averiguado de los magos.

17Entonces se cumplió lo dicho por medio del profeta Jeremías, diciendo:

18Voz fue oída en Ramá; grande llanto y lamentación. Raquel lloraba por sus hijos, y no quería ser consolada, porque perecieron.

19Cuando había muerto Herodes, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José en Egipto,

20diciendo: "Levántate, toma al niño y a su madre, y vé a la tierra de Israel, porque han muerto los que procuraban quitar la vida al niño."

21Entonces él se levantó, tomó al niño y a su madre, y entró en la tierra de Israel.

22Pero, al oír que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá; y advertido por revelación en sueños, fue a las regiones de Galilea.

23Habiendo llegado, habitó en la ciudad que se llama Nazaret. Así se cumplió lo dicho por medio de los profetas, que había de ser llamado nazareno.

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Mateo - Capítulo 9

1En aquellos días apareció Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea

2y diciendo: "Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado."

3Pues éste es aquel de quien fue dicho por medio del profeta Isaías: Voz del que proclama en el desierto: "Preparad el camino del Señor; enderezad sus sendas."

4Juan mismo estaba vestido de pelo de camello y con un cinto de cuero a la cintura. Su comida era langostas y miel silvestre.

5Entonces salían a él Jerusalén y toda Judea y toda la región del Jordán,

6y confesando sus pecados eran bautizados por él en el río Jordán.

7Pero cuando Juan vio que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les decía: "¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?

8Producid, pues, frutos dignos de arrepentimiento;

9y no penséis decir dentro de vosotros: ‘A Abraham tenemos por padre.’ Porque yo os digo que aun de estas piedras Dios puede levantar hijos a Abraham.

10El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles. Por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego.

11Yo, a la verdad, os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene después de mí, cuyo calzado no soy digno de llevar, es más poderoso que yo. El os bautizará en el Espíritu Santo y fuego.

12Su aventador está en su mano, y limpiará su era. Recogerá su trigo en el granero y quemará la paja en el fuego que nunca se apagará."

13Entonces Jesús vino de Galilea al Jordán, a Juan, para ser bautizado por él.

14Pero Juan procuraba impedírselo diciendo: —Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?

15Pero Jesús le respondió: —Permítelo por ahora, porque así nos conviene cumplir toda justicia. Entonces se lo permitió.

16Y cuando Jesús fue bautizado, en seguida subió del agua, y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma y venía sobre él.

17Y he aquí, una voz de los cielos decía: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia."

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Mateo - Capítulo 10

1Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.

2Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.

3El tentador se acercó y le dijo: —Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.

4Pero él respondió y dijo: —Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

5Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, le puso de pie sobre el pináculo del templo,

6y le dijo: —Si eres Hijo de Dios, échate abajo, porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y en sus manos te llevarán, de modo que nunca tropieces con tu pie en piedra.

7Jesús le dijo: —Además está escrito: No pondrás a prueba al Señor tu Dios.

8Otra vez el diablo le llevó a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y su gloria.

9Y le dijo: —Todo esto te daré, si postrado me adoras.

10Entonces Jesús le dijo: —Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y a él solo servirás.

11Entonces el diablo le dejó, y he aquí, los ángeles vinieron y le servían.

12Y cuando Jesús oyó que Juan había sido encarcelado, regresó a Galilea.

13Y habiendo dejado Nazaret, fue y habitó en Capernaúm, ciudad junto al mar en la región de Zabulón y Neftalí,

14para que se cumpliese lo dicho por medio del profeta Isaías, diciendo:

15Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles.

16El pueblo que moraba en tinieblas vio una gran luz. A los que moraban en región y sombra de muerte, la luz les amaneció.

17Desde entonces Jesús comenzó a predicar y a decir: "¡Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado!"

18Mientras andaba junto al mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, que es llamado Pedro, y a su hermano Andrés. Estaban echando una red en el mar, porque eran pescadores.

19Y les dijo: "Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres."

20Y de inmediato ellos dejaron sus redes y le siguieron.

21Y pasando más adelante, vio a otros dos hermanos, Jacobo hijo de Zebedeo y Juan su hermano, en la barca con su padre Zebedeo, arreglando sus redes. Los llamó,

22y en seguida ellos dejaron la barca y a su padre, y le siguieron.

23Jesús recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas de ellos, predicando el evangelio del reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

24Su fama corrió por toda Siria, y le trajeron todos los que tenían males: los que padecían diversas enfermedades y dolores, los endemoniados, los lunáticos y los paralíticos. Y él los sanó.

25Le siguieron grandes multitudes de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y del otro lado del Jordán.

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Mateo - Capítulo 11

1Cuando vio la multitud, subió al monte; y al sentarse él, se le acercaron sus discípulos.

2Y abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

3"Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

4"Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

5"Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.

6"Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

7"Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos recibirán misericordia.

8"Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.

9"Bienaventurados los que hacen la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

10"Bienaventurados los que son perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

11"Bienaventurados sois cuando os vituperan y os persiguen, y dicen toda clase de mal contra vosotros por mi causa, mintiendo.

12Gozaos y alegraos, porque vuestra recompensa es grande en los cielos; pues así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.

13"Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué será salada? No vale más para nada, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres.

14"Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad asentada sobre un monte no puede ser escondida.

15Tampoco se enciende una lámpara para ponerla debajo de un cajón, sino sobre el candelero; y así alumbra a todos los que están en la casa.

16Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, de modo que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

17"No penséis que he venido para abrogar la Ley o los Profetas. No he venido para abrogar, sino para cumplir.

18De cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni siquiera una jota ni una tilde pasará de la ley hasta que todo haya sido cumplido.

19"Por lo tanto, cualquiera que quebranta el más pequeño de estos mandamientos y así enseña a los hombres, será considerado el más pequeño en el reino de los cielos. Pero cualquiera que los cumple y los enseña, éste será considerado grande en el reino de los cielos.

20Porque os digo que a menos que vuestra justicia sea mayor que la de los escribas y de los fariseos, jamás entraréis en el reino de los cielos.

21"Habéis oído que fue dicho a los antiguos: No cometerás homicidio; y cualquiera que comete homicidio será culpable en el juicio.

22Pero yo os digo que todo el que se enoja con su hermano será culpable en el juicio. Cualquiera que le llama a su hermano ‘necio’ será culpable ante el Sanedrín; y cualquiera que le llama ‘fatuo’ será expuesto al infierno de fuego.

23"Por tanto, si has traído tu ofrenda al altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti,

24deja tu ofrenda allí delante del altar, y vé, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces vuelve y ofrece tu ofrenda.

25"Reconcíliate pronto con tu adversario mientras estás con él en el camino; no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y seas echado en la cárcel.

26De cierto te digo que jamás saldrás de allí hasta que pagues el último cuadrante.

27"Habéis oído que fue dicho: No cometerás adulterio.

28Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer para codiciarla ya adulteró con ella en su corazón.

29Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti. Porque es mejor para ti que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.

30Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala y échala de ti. Porque es mejor para ti que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.

31"También fue dicho: Cualquiera que despide a su mujer, déle carta de divorcio.

32Pero yo os digo que todo aquel que se divorcia de su mujer, a no ser por causa de adulterio, hace que ella cometa adulterio. Y el que se casa con la mujer divorciada comete adulterio.

33"Además, habéis oído que fue dicho a los antiguos: No jurarás falsamente; sino que cumplirás al Señor tus juramentos.

34Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios;

35ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del Gran Rey.

36No jurarás ni por tu cabeza, porque no puedes hacer que un cabello sea ni blanco ni negro.

37Pero sea vuestro hablar, ‘sí’, ‘sí’, y ‘no’, ‘no’. Porque lo que va más allá de esto, procede del mal.

38"Habéis oído que fue dicho a los antiguos: Ojo por ojo y diente por diente.

39Pero yo os digo: No resistáis al malo. Más bien, a cualquiera que te golpea en la mejilla derecha, vuélvele también la otra.

40Y al que quiera llevarte a juicio y quitarte la túnica, déjale también el manto.

41A cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, vé con él dos.

42Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo niegues.

43"Habéis oído que fue dicho: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo.

44Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, y orad por los que os persiguen;

45de modo que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, porque él hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos.

46Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tenéis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos?

47Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen eso mismo los gentiles?

48Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

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Mateo - Capítulo 12

1"Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos por ellos. De lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos.

2Cuando, pues, hagas obras de misericordia, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. De cierto os digo que ellos ya tienen su recompensa.

3Pero cuando tú hagas obras de misericordia, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha,

4de modo que tus obras de misericordia sean en secreto. Y tu Padre que ve en secreto te recompensará.

5"Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que aman orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. De cierto os digo que ya tienen su recompensa.

6Pero tú, cuando ores, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en secreto te recompensará.

7Y al orar, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que serán oídos por su palabrería.

8Por tanto, no os hagáis semejantes a ellos, porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad antes que vosotros le pidáis.

9Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos: Santificado sea tu nombre,

10venga tu reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la tierra.

11El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.

12Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.

13Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por todos los siglos. Amén.

14Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial también os perdonará a vosotros.

15Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

16"Cuando ayunéis, no os hagáis los decaídos, como los hipócritas, que descuidan su apariencia para mostrar a los hombres que ayunan. De cierto os digo que ya tienen su recompensa.

17Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lávate la cara,

18de modo que no muestres a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto. Y tu Padre que ve en secreto te recompensará.

19"No acumuléis para vosotros tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido corrompen, y donde los ladrones se meten y roban.

20Más bien, acumulad para vosotros tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido corrompen, y donde los ladrones no se meten ni roban.

21Porque donde esté tu tesoro, allí también estará tu corazón.

22"La lámpara del cuerpo es el ojo. Así que, si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará lleno de luz.

23Pero si tu ojo es malo, todo tu cuerpo estará en tinieblas. De modo que, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡cuán grande es esa oscuridad!

24"Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá al uno y amará al otro, o se dedicará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.

25"Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?

26Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros de mucho más valor que ellas?

27¿Quién de vosotros podrá, por más que se afane, añadir a su estatura un codo?

28¿Por qué os afanáis por el vestido? Mirad los lirios del campo, cómo crecen. Ellos no trabajan ni hilan;

29pero os digo que ni aun Salomón, con toda su gloria, fue vestido como uno de ellos.

30Si Dios viste así la hierba del campo, que hoy está y mañana es echada en el horno, ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe?

31"Por tanto, no os afanéis diciendo: ‘¿Qué comeremos?’ o ‘¿Qué beberemos?’ o ‘¿Con qué nos cubriremos?’

32Porque los gentiles buscan todas estas cosas, pero vuestro Padre que está en los cielos sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.

33Más bien, buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

34Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propio afán. Basta a cada día su propio mal.

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Mateo - Capítulo 13

1"No juzguéis, para que no seáis juzgados.

2Porque con el juicio con que juzgáis seréis juzgados, y con la medida con que medís se os medirá.

3"¿Por qué miras la brizna de paja que está en el ojo de tu hermano, y dejas de ver la viga que está en tu propio ojo?

4¿Cómo dirás a tu hermano: ‘Deja que yo saque la brizna de tu ojo’, y he aquí la viga está en el tuyo?

5¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano.

6"No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra vosotros y os despedacen.

7"Pedid, y se os dará. Buscad y hallaréis. Llamad, y se os abrirá.

8Porque todo el que pide recibe, el que busca halla, y al que llama se le abrirá.

9¿Qué hombre hay entre vosotros que, al hijo que le pide pan, le dará una piedra?

10¿O al que le pide pescado, le dará una serpiente?

11Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden?

12"Así que, todo lo que queráis que los hombres hagan por vosotros, así también haced por ellos, porque esto es la Ley y los Profetas.

13"Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella.

14Pero ¡qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y son pocos los que la hallan.

15"Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros vestidos de ovejas, pero que por dentro son lobos rapaces.

16Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos?

17Así también, todo árbol sano da buenos frutos, pero el árbol podrido da malos frutos.

18El árbol sano no puede dar malos frutos, ni tampoco puede el árbol podrido dar buenos frutos.

19Todo árbol que no lleva buen fruto es cortado y echado en el fuego.

20Así que, por sus frutos los conoceréis.

21"No todo el que me dice ‘Señor, Señor’ entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

22Muchos me dirán en aquel día: ‘¡Señor, Señor! ¿No profetizamos en tu nombre? ¿En tu nombre no echamos demonios? ¿Y en tu nombre no hicimos muchas obras poderosas?’

23Entonces yo les declararé: ‘Nunca os he conocido. ¡Apartaos de mí, obradores de maldad!’

24"Cualquiera, pues, que me oye estas palabras y las hace, será semejante a un hombre prudente que edificó su casa sobre la peña.

25Y cayó la lluvia, vinieron torrentes, soplaron vientos y golpearon contra aquella casa. Pero ella no se derrumbó, porque se había fundado sobre la peña.

26"Pero todo el que me oye estas palabras y no las hace, será semejante a un hombre insensato que edificó su casa sobre la arena.

27Cayó la lluvia, vinieron torrentes, y soplaron vientos, y azotaron contra aquella casa. Y se derrumbó, y fue grande su ruina."

28Y aconteció que cuando Jesús terminó estas palabras, las multitudes estaban maravilladas de su enseñanza;

29porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.

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Mateo - Capítulo 14

1Cuando descendió del monte, le siguió mucha gente.

2Y he aquí vino un leproso y se postró ante él diciendo: —¡Señor, si quieres, puedes limpiarme!

3Jesús extendió la mano y le tocó diciendo: —Quiero. ¡Sé limpio! Y al instante quedó limpio de la lepra.

4Entonces Jesús le dijo: —Mira, no lo digas a nadie; pero vé, muéstrate al sacerdote y ofrece la ofrenda que mandó Moisés, para testimonio a ellos.

5Cuando Jesús entró en Capernaúm, vino a él un centurión y le rogó

6diciendo: —Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, y sufre terribles dolores.

7Y le dijo: —Yo iré y le sanaré.

8Respondió el centurión y dijo: —Señor, yo no soy digno de que entres bajo mi techo. Solamente di la palabra, y mi criado será sanado.

9Porque yo también soy un hombre bajo autoridad y tengo soldados bajo mi mando. Si digo a éste: "Vé," él va; si digo al otro: "Ven," él viene; y si digo a mi siervo: "Haz esto," él lo hace.

10Cuando Jesús oyó esto, se maravilló y dijo a los que le seguían: —De cierto os digo que no he hallado tanta fe en ninguno en Israel.

11Y os digo que muchos vendrán del oriente y del occidente y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos,

12pero los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera. Allí habrá llanto y crujir de dientes.

13Entonces Jesús dijo al centurión: —Vé, y como creíste te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella hora.

14Entró Jesús en la casa de Pedro, y vio que su suegra estaba postrada en cama con fiebre.

15El le tocó la mano, y la fiebre la dejó. Luego ella se levantó y comenzó a servirle.

16Al atardecer, trajeron a él muchos endemoniados. Con su palabra echó fuera a los espíritus y sanó a todos los enfermos,

17de modo que se cumpliese lo dicho por medio del profeta Isaías, quien dijo: El mismo tomó nuestras debilidades y cargó con nuestras enfermedades.

18Cuando se vio rodeado de una multitud, Jesús mandó que pasasen a la otra orilla.

19Entonces se le acercó un escriba y le dijo: —Maestro, te seguiré a dondequiera que tú vayas.

20Jesús le dijo: —Las zorras tienen cuevas, y las aves del cielo tienen nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza.

21Otro de sus discípulos le dijo: —Señor, permíteme que primero vaya y entierre a mi padre.

22Pero Jesús le dijo: —Sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos.

23El entró en la barca, y sus discípulos le siguieron.

24Y de repente se levantó una tempestad tan grande en el mar que las olas cubrían la barca, pero él dormía.

25Y acercándose, le despertaron diciendo: —¡Señor, sálvanos, que perecemos!

26Y él les dijo: —¿Por qué estáis miedosos, hombres de poca fe? Entonces se levantó y reprendió a los vientos y al mar, y se hizo grande bonanza.

27Los hombres se maravillaron y decían: —¿Qué clase de hombre es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?

28Una vez llegado a la otra orilla, a la región de los gadarenos, le vinieron al encuentro dos endemoniados que habían salido de los sepulcros. Eran violentos en extremo, tanto que nadie podía pasar por aquel camino.

29Y he aquí, ellos lanzaron gritos diciendo: —¿Qué tienes con nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo?

30Lejos de ellos estaba paciendo un gran hato de cerdos,

31y los demonios le rogaron diciendo: —Si nos echas fuera, envíanos a aquel hato de cerdos.

32El les dijo: —¡Id! Ellos salieron y se fueron a los cerdos, y he aquí todo el hato de cerdos se lanzó al mar por un despeñadero, y murieron en el agua.

33Los que apacentaban los cerdos huyeron, se fueron a la ciudad y lo contaron todo, aun lo que había pasado a los endemoniados.

34Y he aquí, toda la ciudad salió al encuentro de Jesús; y cuando le vieron, le rogaban que se fuera de sus territorios.

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Mateo - Capítulo 15

1Habiendo entrado en la barca, Jesús pasó a la otra orilla y llegó a su propia ciudad.

2Entonces le trajeron un paralítico tendido sobre una camilla. Y viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: —Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados.

3He aquí, algunos de los escribas dijeron entre sí: —¡Este blasfema!

4Y conociendo Jesús sus pensamientos, les dijo: —¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?

5Porque, ¿qué es más fácil decir: "Tus pecados te son perdonados" o decir: "Levántate y anda"?

6Pero para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene autoridad para perdonar pecados en la tierra, —entonces dijo al paralítico—: ¡Levántate; toma tu camilla y vete a tu casa!

7Y se levantó y se fue a su casa.

8Cuando las multitudes vieron esto, temieron y glorificaron a Dios, quien había dado semejante autoridad a los hombres.

9Pasando de allí más adelante, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado en el lugar de los tributos públicos, y le dijo: "¡Sígueme!" Y él se levantó y le siguió.

10Sucedió que, estando Jesús sentado a la mesa en casa, he aquí muchos publicanos y pecadores que habían venido estaban sentados a la mesa con Jesús y sus discípulos.

11Y cuando los fariseos le vieron, decían a sus discípulos: —¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?

12Al oírlo, Jesús les dijo: —Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos.

13Id, pues, y aprended qué significa: Misericordia quiero y no sacrificio. Porque yo no he venido para llamar a justos, sino a pecadores.

14Entonces los discípulos de Juan fueron a Jesús y dijeron: —¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos frecuentemente, pero tus discípulos no ayunan?

15Jesús les dijo: —¿Pueden tener luto los que están de bodas mientras el novio está con ellos? Pero vendrán días cuando el novio les será quitado, y entonces ayunarán.

16Nadie pone parche de tela nueva en vestido viejo, porque el parche tira del vestido y la rotura se hace peor.

17Tampoco echan vino nuevo en odres viejos, porque los odres se rompen, el vino se derrama, y los odres se echan a perder. Más bien, echan vino nuevo en odres nuevos, y ambos se conservan.

18Mientras él hablaba estas cosas, he aquí vino un hombre principal y se postró delante de él diciéndole: —Mi hija acaba de morir. Pero ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá.

19Jesús se levantó y le siguió con sus discípulos.

20Y he aquí una mujer que sufría de hemorragia desde hacía doce años, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto;

21porque ella pensaba dentro de sí: "Si solamente toco su vestido, seré sanada."

22Pero Jesús, volviéndose y mirándola, dijo: —Ten ánimo, hija, tu fe te ha salvado. Y la mujer fue sanada desde aquella hora.

23Cuando Jesús llegó a la casa del principal y vio a los que tocaban las flautas y a la multitud que hacía bullicio,

24les dijo: —Apartaos, porque la muchacha no ha muerto, sino que duerme. Y se burlaban de él.

25Cuando habían sacado a la gente, él entró y la tomó de la mano; y la muchacha se levantó.

26Y salió esta noticia por toda aquella tierra.

27Mientras Jesús pasaba de allí, le siguieron dos ciegos clamando a gritos y diciendo: —¡Ten misericordia de nosotros, hijo de David!

28Cuando él llegó a la casa, los ciegos vinieron a él. Y Jesús les dijo: —¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: —Sí, Señor.

29Entonces les tocó los ojos diciendo: —Conforme a vuestra fe os sea hecho.

30Y los ojos de ellos fueron abiertos. Entonces Jesús les encargó rigurosamente diciendo: —Mirad que nadie lo sepa.

31Pero ellos salieron y difundieron su fama por toda aquella tierra.

32Mientras aquéllos salían, he aquí le trajeron un hombre mudo endemoniado.

33Y tan pronto fue echado fuera el demonio, el mudo habló. Y las multitudes se maravillaban diciendo: —¡Nunca se ha visto semejante cosa en Israel!

34Pero los fariseos decían: —Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios.

35Jesús recorría todas las ciudades y las aldeas, enseñando en sus sinagogas, predicando el evangelio del reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia.

36Y cuando vio las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban acosadas y desamparadas como ovejas que no tienen pastor.

37Entonces dijo a sus discípulos: "A la verdad, la mies es mucha, pero los obreros son pocos.

38Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies."

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Mateo - Capítulo 16

1Entonces llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad sobre los espíritus inmundos para echarlos fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia.

2Los nombres de los doce apóstoles son éstos: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; también Jacobo hijo de Zebedeo, y su hermano Juan;

3Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano; Jacobo hijo de Alfeo, y Tadeo;

4Simón el cananita y Judas Iscariote, quien le entregó.

5A estos doce los envió Jesús, dándoles instrucciones diciendo: "No vayáis por los caminos de los gentiles, ni entréis en las ciudades de los samaritanos.

6Pero id, más bien, a las ovejas perdidas de la casa de Israel.

7Y cuando vayáis, predicad diciendo: ‘El reino de los cielos se ha acercado.’

8Sanad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad fuera demonios. De gracia habéis recibido; dad de gracia.

9"No os proveáis ni de oro, ni de plata, ni de cobre en vuestros cintos.

10Tampoco llevéis bolsas para el camino, ni dos vestidos, ni zapatos, ni bastón; porque el obrero es digno de su alimento.

11En cualquier ciudad o aldea donde entréis, averiguad quién en ella sea digno y quedaos allí hasta que salgáis.

12Al entrar en la casa, saludadla.

13Si la casa es digna, venga vuestra paz sobre ella. Pero si no es digna, vuelva vuestra paz a vosotros.

14Y en caso de que no os reciban ni escuchen vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad y sacudid el polvo de vuestros pies.

15De cierto os digo que en el día del juicio será más tolerable para los de la tierra de Sodoma y de Gomorra, que para aquella ciudad.

16"He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos. Sed, pues, astutos como serpientes y sencillos como palomas.

17Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y en sus sinagogas os azotarán.

18Seréis llevados aun ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio a ellos y a los gentiles.

19Pero cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué hablaréis, porque os será dado en aquella hora lo que habéis de decir.

20Pues no sois vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre que hablará en vosotros.

21"El hermano entregará a muerte a su hermano, y el padre a su hijo. Se levantarán los hijos contra sus padres y los harán morir.

22Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre. Pero el que persevere hasta el fin, éste será salvo.

23Y cuando os persigan en una ciudad, huid a la otra. Porque de cierto os digo que de ningún modo acabaréis de recorrer todas las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del Hombre.

24"El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor.

25Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de familia le llamaron Beelzebul, ¡cuánto más lo harán a los de su casa!

26"Así que, no les temáis. Porque no hay nada encubierto que no será revelado, ni oculto que no será conocido.

27Lo que os digo en privado, decidlo en público; y lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteas.

28No temáis a los que matan el cuerpo pero no pueden matar al alma. Más bien, temed a aquel que puede destruir tanto el alma como el cuerpo en el infierno.

29¿Acaso no se venden dos pajaritos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin el consentimiento de vuestro Padre.

30Pues aun vuestros cabellos están todos contados.

31Así que, no temáis; más valéis vosotros que muchos pajaritos.

32"Por tanto, a todo el que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.

33Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.

34"No penséis que he venido para traer paz a la tierra. No he venido para traer paz, sino espada.

35Porque yo he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre y a la nuera contra su suegra.

36Y los enemigos de un hombre serán los de su propia casa.

37"El que ama a padre o a madre más que a mí no es digno de mí, y el que ama a hijo o a hija más que a mí no es digno de mí.

38El que no toma su cruz y sigue en pos de mí no es digno de mí.

39El que halla su vida la perderá, y el que pierde su vida por mi causa la hallará.

40"El que os recibe a vosotros a mí me recibe, y el que me recibe a mí recibe al que me envió.

41El que recibe a un profeta porque es profeta, recibirá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, recibirá recompensa de justo.

42Cualquiera que da a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente porque es mi discípulo, de cierto os digo que jamás perderá su recompensa."

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Mateo - Capítulo 17

1En aquel tiempo, Herodes el tetrarca oyó la fama de Jesús

2y dijo a sus criados: "¡Este es Juan el Bautista! El ha resucitado de los muertos; por esta razón operan estos poderes en él."

3Porque Herodes había prendido a Juan, le había atado con cadenas y puesto en la cárcel por causa de Herodía, la mujer de su hermano Felipe.

4Porque Juan le decía: "No te es lícito tenerla por mujer."

5Y aunque Herodes quería matarlo, temió al pueblo; porque le tenían por profeta.

6Pero cuando se celebró el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodía danzó en medio y agradó a Herodes,

7por lo cual él se comprometió bajo juramento a darle lo que ella pidiera.

8Ella, instigada por su madre, dijo: "Dame aquí en un plato la cabeza de Juan el Bautista."

9Entonces el rey se entristeció; pero a causa del juramento y de los que estaban con él a la mesa, mandó que se la diesen.

10Mandó decapitar a Juan en la cárcel.

11Y su cabeza fue traída en un plato y fue dada a la muchacha, y ella la presentó a su madre.

12Entonces llegaron sus discípulos, tomaron el cuerpo y lo enterraron. Luego fueron y se lo contaron a Jesús.

13Al oírlo, Jesús se apartó de allí en una barca a un lugar desierto y apartado. Cuando las multitudes oyeron esto, le siguieron a pie desde las ciudades.

14Cuando Jesús salió, vio la gran multitud y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que entre ellos estaban enfermos.

15Al atardecer, sus discípulos se acercaron a él y le dijeron: —El lugar es desierto, y la hora ya avanzada. Despide a la gente para que vayan a las aldeas y compren para sí algo de comer.

16Pero Jesús les dijo: —No tienen necesidad de irse. Dadles vosotros de comer.

17Entonces ellos dijeron: —No tenemos aquí sino cinco panes y dos pescados.

18El les dijo: —Traédmelos acá.

19Luego mandó que la gente se recostara sobre la hierba. Tomó los cinco panes y los dos pescados, y alzando los ojos al cielo, los bendijo. Después de partirlos, dio los panes a sus discípulos, y ellos a la gente.

20Todos comieron y se saciaron, y se recogieron doce canastas llenas de lo que sobró de los pedazos.

21Los que comieron eran como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

22Y en seguida Jesús obligó a sus discípulos a entrar en la barca e ir delante de él a la otra orilla, mientras él despedía a las multitudes.

23Una vez despedida la gente, subió al monte para orar a solas; y cuando llegó la noche, estaba allí solo.

24La barca ya quedaba a gran distancia de la tierra, azotada por las olas, porque el viento era contrario.

25Y a la cuarta vigilia de la noche, Jesús fue a ellos caminando sobre el mar.

26Pero cuando los discípulos le vieron caminando sobre el mar, se turbaron diciendo: —¡Un fantasma! Y gritaron de miedo.

27En seguida Jesús les habló diciendo: —¡Tened ánimo! ¡Yo soy! ¡No temáis!

28Entonces le respondió Pedro y dijo: —Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.

29Y él dijo: —Ven. Pedro descendió de la barca y caminó sobre las aguas, y fue hacia Jesús.

30Pero al ver el viento fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó diciendo: —¡Señor, sálvame!

31De inmediato Jesús extendió la mano, le sostuvo y le dijo: —¡Oh hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?

32Cuando ellos subieron a la barca, se calmó el viento.

33Entonces los que estaban en la barca le adoraron diciendo: —¡Verdaderamente eres Hijo de Dios!

34Cuando cruzaron a la otra orilla, llegaron a la tierra de Genesaret.

35Y cuando los hombres de aquel lugar le reconocieron, mandaron a decirlo por toda aquella región, y trajeron a él todos los que estaban enfermos.

36Y le rogaban que sólo pudiesen tocar el borde de su manto, y todos los que tocaron quedaron sanos.

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Mateo - Capítulo 18

1Entonces se acercaron a Jesús unos fariseos y escribas de Jerusalén, diciendo:

2—¿Por qué quebrantan tus discípulos la tradición de los ancianos? Pues no se lavan las manos cuando comen pan.

3El les respondió diciendo: —¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por causa de vuestra tradición?

4Porque Dios dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y El que maldiga a su padre o a su madre muera irremisiblemente.

5Pero vosotros decís que cualquiera que diga a su padre o a su madre: "Aquello con que hubieras sido beneficiado es mi ofrenda a Dios,"

6no debe honrar a su padre. Así habéis invalidado la palabra de Dios por causa de vuestra tradición.

7¡Hipócritas! Bien profetizó Isaías de vosotros diciendo:

8Este pueblo me honra de labios, pero su corazón está lejos de mí.

9Y en vano me rinden culto, enseñando como doctrina los mandamientos de hombres.

10Entonces, llamando a sí a la multitud, les dijo: —¡Oíd y entended!

11Lo que entra en la boca no contamina al hombre; sino lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.

12Entonces se acercaron los discípulos y le dijeron: —¿Sabes que los fariseos se ofendieron al oír esas palabras?

13Pero él respondió y dijo: —Toda planta que no plantó mi Padre celestial será desarraigada.

14Dejadlos. Son ciegos guías de ciegos. Pero si el ciego guía al ciego, ambos caerán en el hoyo.

15Respondió Pedro y le dijo: —Explícanos esta parábola.

16Jesús dijo: —¿También vosotros carecéis de entendimiento?

17¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al estómago y sale a la letrina?

18Pero lo que sale de la boca viene del corazón, y eso contamina al hombre.

19Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las inmoralidades sexuales, los robos, los falsos testimonios y las blasfemias.

20Estas cosas son las que contaminan al hombre, pero el comer sin lavarse las manos no contamina al hombre.

21Cuando Jesús salió de allí, se fue a las regiones de Tiro y de Sidón.

22Entonces una mujer cananea que había salido de aquellas regiones, clamaba diciendo: —¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio.

23Pero él no le respondía palabra. Entonces se acercaron sus discípulos y le rogaron diciendo: —Despídela, pues grita tras nosotros.

24Y respondiendo dijo: —Yo no he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.

25Entonces ella vino y se postró delante de él diciéndole: —¡Señor, socórreme!

26El le respondió diciendo: —No es bueno tomar el pan de los hijos y echarlo a los perritos.

27Y ella dijo: —Sí, Señor. Pero aun los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus dueños.

28Entonces respondió Jesús y le dijo: —¡Oh mujer, grande es tu fe! Sea hecho contigo como quieres. Y su hija fue sana desde aquella hora.

29Cuando Jesús partió de allí, fue junto al mar de Galilea, y subiendo al monte se sentó allí.

30Entonces se acercaron a él grandes multitudes que tenían consigo cojos, ciegos, mancos, mudos y muchos otros enfermos. Los pusieron a los pies de Jesús, y él los sanó;

31de manera que la gente se maravillaba al ver a los mudos hablar, a los mancos sanos, a los cojos andar y a los ciegos ver. Y glorificaban al Dios de Israel.

32Jesús llamó a sus discípulos y dijo: —Tengo compasión de la multitud, porque ya hace tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. No quiero despedirlos en ayunas, no sea que se desmayen en el camino.

33Entonces sus discípulos le dijeron: —¿De dónde conseguiremos nosotros tantos panes en un lugar desierto, como para saciar a una multitud tan grande?

34Jesús les dijo: —¿Cuántos panes tenéis? Ellos dijeron: —Siete, y unos pocos pescaditos.

35Entonces él mandó a la multitud que se recostase sobre la tierra.

36Tomó los siete panes y los pescaditos, y habiendo dado gracias los partió e iba dando a los discípulos, y los discípulos a las multitudes.

37Todos comieron y se saciaron, y recogieron siete cestas llenas de lo que sobró de los pedazos.

38Los que comían eran cuatro mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

39Entonces, una vez despedida la gente, subió en la barca y se fue a las regiones de Magdala.

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Mateo - Capítulo 19

1Se acercaron los fariseos y los saduceos, y para probarle le pidieron que les mostrase una señal del cielo.

2Pero él les respondió diciendo: "Al atardecer decís: ‘Hará buen tiempo, porque el cielo está enrojecido’;

3y al amanecer decís: ‘Hoy habrá tempestad, porque el cielo está enrojecido y sombrío.’ Sabéis discernir el aspecto del cielo, pero no podéis discernir las señales de los tiempos.

4Una generación malvada y adúltera pide señal, pero no le será dada ninguna señal, sino la señal de Jonás." Y dejándolos se fue.

5Cuando los discípulos cruzaron a la otra orilla, se olvidaron de tomar consigo pan.

6Entonces Jesús les dijo: —Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos.

7Ellos discutían entre sí, diciendo: —Es porque no trajimos pan.

8Pero como Jesús lo entendió, les dijo: —¿Por qué discutís entre vosotros que no tenéis pan, hombres de poca fe?

9¿Todavía no entendéis, ni os acordáis de los cinco panes para los cinco mil hombres, y cuántas canastas recogisteis?

10¿Ni tampoco de los siete panes para los cuatro mil y cuántas cestas recogisteis?

11¿Cómo es que no entendéis que no os hablé del pan? ¡Pero guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos!

12Entonces entendieron que no les habló de guardarse de la levadura del pan, sino más bien de la doctrina de los fariseos y de los saduceos.

13Cuando llegó Jesús a las regiones de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos diciendo: —¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?

14Ellos dijeron: —Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o uno de los profetas.

15Les dijo: —Pero vosotros, ¿quién decís que soy yo?

16Respondió Simón Pedro y dijo: —¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente!

17Entonces Jesús respondió y le dijo: —Bienaventurado eres, Simón hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.

18Mas yo también te digo que tú eres Pedro; y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

19A ti te daré las llaves del reino de los cielos. Todo lo que ates en la tierra habrá sido atado en el cielo, y lo que desates en la tierra habrá sido desatado en los cielos.

20Entonces mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Cristo.

21Desde entonces, Jesús comenzó a explicar a sus discípulos que le era preciso ir a Jerusalén y padecer mucho de parte de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer día.

22Pedro le tomó aparte y comenzó a reprenderle diciendo: —Señor, ten compasión de ti mismo. ¡Jamás te suceda esto!

23Entonces él volviéndose, dijo a Pedro: —¡Quítate de delante de mí, Satanás! Me eres tropiezo, porque no piensas en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.

24Entonces Jesús dijo a sus discípulos: —Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.

25Porque el que quiera salvar su vida la perderá, y el que pierda su vida por causa de mí la hallará.

26Pues, ¿de qué le sirve al hombre si gana el mundo entero y pierde su alma? ¿O qué dará el hombre en rescate por su alma?

27Porque el Hijo del Hombre ha de venir en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno conforme a sus hechos.

28De cierto os digo que hay algunos que están aquí, que no probarán la muerte hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.

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Mateo - Capítulo 20

1Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y les hizo subir aparte a un monte alto.

2Y fue transfigurado delante de ellos. Su cara resplandeció como el sol, y sus vestiduras se hicieron blancas como la luz.

3Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.

4Entonces intervino Pedro y dijo a Jesús: —Señor, bueno es que nosotros estemos aquí. Si quieres, yo levantaré aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

5Mientras él aún hablaba, de pronto una nube brillante les hizo sombra, y he aquí salió una voz de la nube diciendo: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia. A él oíd."

6Al oír esto, los discípulos se postraron sobre sus rostros y temieron en gran manera.

7Entonces Jesús se acercó, los tocó y dijo: —Levantaos y no temáis.

8Y cuando ellos alzaron los ojos, no vieron a nadie sino a Jesús mismo, solo.

9Mientras ellos descendían del monte, Jesús les mandó, diciendo: —No mencionéis la visión a nadie, hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos.

10Entonces los discípulos le preguntaron diciendo: —¿Por qué dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?

11Y respondiendo dijo: —A la verdad, Elías viene y restaurará todas las cosas.

12Pero yo os digo que Elías ya vino, y no le reconocieron; más bien, hicieron con él todo lo que quisieron. Así también el Hijo del Hombre ha de padecer de ellos.

13Entonces los discípulos entendieron que les hablaba de Juan el Bautista.

14Cuando llegaron a la multitud, vino a él un hombre y se arrodilló delante de él,

15diciendo: —¡Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático y padece gravemente. Pues muchas veces cae en el fuego, y muchas veces en el agua.

16Lo traje a tus discípulos, y no le pudieron sanar.

17Jesús respondió y dijo: —¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os soportaré? Traédmelo acá.

18Jesús le reprendió, y el demonio salió de él; y el niño fue sanado desde aquella hora.

19Luego, los discípulos se acercaron en privado a Jesús y le dijeron: —¿Por qué no pudimos nosotros echarlo fuera?

20Jesús les dijo: —Por causa de vuestra poca fe. Porque de cierto os digo que si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: "Pásate de aquí, allá"; y se pasará. Nada os será imposible.

21Pero este género de demonio sale sólo con oración y ayuno.

22Estando ellos reunidos en Galilea, Jesús les dijo: "El Hijo del Hombre ha de ser entregado en manos de hombres,

23y le matarán. Pero al tercer día resucitará." Y ellos se entristecieron en gran manera.

24Cuando ellos llegaron a Capernaúm, fueron a Pedro los que cobraban el impuesto del templo y dijeron: —¿Vuestro maestro no paga el impuesto del templo?

25El dijo: —Sí. Al entrar en casa, Jesús le habló primero diciendo: —¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos o de otros?

26Pedro le dijo: —De otros. Jesús le dijo: —Luego, los hijos están libres de obligación.

27Pero, para que no los ofendamos, vé al mar, echa el anzuelo, y el primer pez que suba, tómalo. Cuando abras su boca, hallarás un estatero. Tómalo y dalo por mí y por ti.

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Mateo - Capítulo 21

1En aquel tiempo los discípulos se acercaron a Jesús diciendo: —¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?

2Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos

3y dijo: —De cierto os digo que si no os volvéis y os hacéis como los niños, jamás entraréis en el reino de los cielos.

4Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el más importante en el reino de los cielos.

5Y cualquiera que en mi nombre reciba a un niño como éste, a mí me recibe.

6Y a cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le atase al cuello una gran piedra de molino y que se le hundiese en lo profundo del mar.

7¡Ay del mundo por los tropiezos! Es inevitable que haya tropiezos, pero ¡ay del hombre que los ocasione!

8Por tanto, si tu mano o tu pie te hace tropezar, córtalo y échalo de ti. Mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno.

9Y si tu ojo te hace tropezar, sácalo y échalo de ti. Mejor te es entrar en la vida con un solo ojo, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego.

10Mirad, no tengáis en poco a ninguno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles en los cielos siempre ven el rostro de mi Padre que está en los cielos.

11Porque el Hijo del Hombre ha venido a salvar lo que se había perdido.

12¿Qué os parece? Si algún hombre tiene cien ovejas y se extravía una, ¿acaso no dejará las noventa y nueve en las montañas e irá a buscar la descarriada?

13Y si sucede que la encuentra, de cierto os digo que se goza más por aquélla que por las noventa y nueve que no se extraviaron.

14Así que, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos que se pierda ni uno de estos pequeños.

15Por tanto, si tu hermano peca contra ti, vé, amonéstale a solas entre tú y él. Si él te escucha, has ganado a tu hermano.

16Pero si no escucha, toma aún contigo uno o dos, para que todo asunto conste según la boca de dos o tres testigos.

17Y si él no les hace caso a ellos, dilo a la iglesia; y si no hace caso a la iglesia, tenlo por gentil y publicano.

18De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra habrá sido atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra habrá sido desatado en el cielo.

19Otra vez os digo que, si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidan, les será hecha por mi Padre que está en los cielos.

20Porque donde dos o tres están congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

21Entonces Pedro se acercó y le dijo: —Señor, ¿cuántas veces pecará mi hermano contra mí y yo le perdonaré? ¿Hasta siete veces?

22Jesús le dijo: —No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete.

23Por esto, el reino de los cielos es semejante a un hombre rey, que quiso hacer cuentas con sus siervos.

24Y cuando él comenzó a hacer cuentas, le fue traído uno que le debía diez mil talentos.

25Puesto que él no podía pagar, su señor mandó venderlo a él, junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, y que se le pagara.

26Entonces el siervo cayó y se postró delante de él diciendo: "Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo."

27El señor de aquel siervo, movido a compasión, le soltó y le perdonó la deuda.

28Pero al salir, aquel siervo halló a uno de sus consiervos que le debía cien denarios, y asiéndose de él, le ahogaba diciendo: "Paga lo que debes."

29Entonces su consiervo, cayendo, le rogaba diciendo: "¡Ten paciencia conmigo, y yo te pagaré."

30Pero él no quiso, sino que fue y lo echó en la cárcel hasta que le pagara lo que le debía.

31Así que, cuando sus consiervos vieron lo que había sucedido, se entristecieron mucho; y fueron y declararon a su señor todo lo que había sucedido.

32Entonces su señor le llamó y le dijo: "¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste.

33¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, así como también yo tuve misericordia de ti?"

34Y su señor, enojado, le entregó a los verdugos hasta que le pagara todo lo que le debía.

35Así también hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a su hermano.

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Mateo - Capítulo 22

1Aconteció que, cuando Jesús acabó estas palabras, partió de Galilea y fue a las fronteras de Judea, al otro lado del Jordán.

2Grandes multitudes le siguieron, y los sanó allí.

3Entonces los fariseos se acercaron a él para probarle, diciendo: —¿Le es lícito al hombre divorciarse de su mujer por cualquier razón?

4El respondió y dijo: —¿No habéis leído que el que los creó en el principio, los hizo varón y mujer?

5Y dijo: "Por esta causa el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer; y serán los dos una sola carne."

6Así que ya no son más dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre.

7Le dijeron: —¿Por qué, pues, mandó Moisés darle carta de divorcio y despedirla?

8Les dijo: —Ante vuestra dureza de corazón, Moisés os permitió divorciaros de vuestras mujeres; pero desde el principio no fue así.

9Y os digo que cualquiera que se divorcia de su mujer, a no ser por causa de fornicación, y se casa con otra, comete adulterio.

10Le dijeron sus discípulos: —Si así es el caso del hombre con su mujer, no conviene casarse.

11Entonces él les dijo: —No todos son capaces de aceptar esta palabra, sino aquellos a quienes les está concedido.

12Porque hay eunucos que nacieron así desde el vientre de la madre, hay eunucos que fueron hechos eunucos por los hombres, y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que puede aceptar esto, que lo acepte.

13Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos y orase. Pero los discípulos los reprendieron.

14Entonces Jesús les dijo: —Dejad a los niños y no les impidáis venir a mí, porque de los tales es el reino de los cielos.

15Y habiendo puesto las manos sobre ellos, partió de allí.

16He aquí vino uno a él y le dijo: —Maestro, ¿qué cosa buena haré para tener la vida eterna?

17El le dijo: —¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Hay uno solo que es bueno. Pero si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.

18Le dijo: —¿Cuáles? Jesús respondió: —No cometerás homicidio, no cometerás adulterio, no robarás, no dirás falso testimonio,

19honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo.

20El joven le dijo: —Todo esto he guardado. ¿Qué más me falta?

21Le dijo Jesús: —Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes y dalo a los pobres; y tendrás tesoro en el cielo. Y ven; sígueme.

22Pero cuando el joven oyó la palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.

23Entonces Jesús dijo a sus discípulos: —De cierto os digo, que difícilmente entrará el rico en el reino de los cielos.

24Otra vez os digo que le es más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.

25Cuando los discípulos lo oyeron, se asombraron en gran manera diciendo: —Entonces, ¿quién podrá ser salvo?

26Jesús los miró y les dijo: —Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible.

27Entonces respondió Pedro y le dijo: —He aquí, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué hay, pues, para nosotros?

28Jesús les dijo: —De cierto os digo que en el tiempo de la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido os sentaréis también sobre doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.

29Y todo aquel que deja casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o campos por causa de mi nombre, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna.

30Pero muchos primeros serán últimos, y muchos últimos serán primeros.

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Mateo - Capítulo 23

1Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, dueño de un campo, que salió al amanecer a contratar obreros para su viña.

2Habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña.

3Salió también como a la tercera hora y vio que otros estaban en la plaza desocupados,

4y les dijo: "Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo." Y ellos fueron.

5Salió otra vez como a la sexta hora y a la novena hora, e hizo lo mismo.

6También alrededor de la undécima hora salió y halló que otros estaban allí, y les dijo: "¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados?"

7Le dijeron: "Porque nadie nos ha contratado." Les dijo: "Id también vosotros a la viña."

8Al llegar la noche, dijo el señor de la viña a su mayordomo: "Llama a los obreros y págales el jornal. Comienza desde los últimos hasta los primeros."

9Entonces vinieron los que habían ido cerca de la undécima hora y recibieron cada uno un denario.

10Y cuando vinieron, los primeros pensaron que recibirían más; pero ellos también recibieron un denario cada uno.

11Al recibirlo, murmuraban contra el dueño del campo,

12diciendo: "Estos últimos trabajaron una sola hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado el peso y el calor del día."

13Pero él respondió y dijo a uno de ellos: "Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No conviniste conmigo en un denario?

14Toma lo que es tuyo y vete. Pero quiero darle a este último como a ti.

15¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes envidia porque soy bueno?"

16Así, los últimos serán primeros, y los primeros últimos.

17Mientras Jesús subía a Jerusalén, tomó a sus doce discípulos aparte y les dijo en el camino:

18—He aquí, subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte.

19Le entregarán a los gentiles para que se burlen de él, le azoten y le crucifiquen; pero al tercer día resucitará.

20Entonces se acercó a él la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo.

21El le dijo: —¿Qué deseas? Ella le dijo: —Ordena que en tu reino estos dos hijos míos se sienten el uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.

22Entonces respondiendo Jesús dijo: —No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo he de beber? Ellos le dijeron: —Podemos.

23Les dijo: —A la verdad, beberéis de mi copa; pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es mío concederlo, sino que es para quienes lo ha preparado mi Padre.

24Cuando los diez oyeron esto, se enojaron contra los dos hermanos.

25Entonces Jesús los llamó y les dijo: —Sabéis que los gobernantes de los gentiles se enseñorean sobre ellos, y los que son grandes ejercen autoridad sobre ellos.

26Entre vosotros no será así. Más bien, cualquiera que anhele ser grande entre vosotros será vuestro servidor;

27y el que anhele ser el primero entre vosotros, será vuestro siervo.

28De la misma manera, el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.

29Saliendo ellos de Jericó, le siguió una gran multitud.

30Y he aquí dos ciegos estaban sentados junto al camino, y cuando oyeron que Jesús pasaba, clamaron diciendo: —¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!

31La gente les reprendía para que se callasen, pero ellos gritaron aun más fuerte diciendo: —¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!

32Jesús se detuvo, los llamó y les dijo: —¿Qué queréis que os haga?

33Le dijeron: —Señor, que sean abiertos nuestros ojos.

34Entonces Jesús, conmovido dentro de sí, les tocó los ojos; y de inmediato recobraron la vista y le siguieron.

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Mateo - Capítulo 24

1Cuando se acercaron a Jerusalén y llegaron a Betfagé, junto al monte de los Olivos, entonces Jesús envió a dos discípulos,

2diciéndoles: —Id a la aldea que está frente a vosotros, y en seguida hallaréis una asna atada, y un borriquillo con ella. Desatadla y traédmelos.

3Si alguien os dice algo, decidle: "El Señor los necesita, y luego los enviará."

4Todo esto aconteció para cumplir lo dicho por el profeta, cuando dijo:

5Decid a la hija de Sion: "He aquí tu Rey viene a ti, manso y sentado sobre una asna y sobre un borriquillo, hijo de bestia de carga."

6Los discípulos fueron e hicieron como Jesús les mandó.

7Trajeron el asna y el borriquillo y pusieron sobre ellos sus mantos, y él se sentó encima de ellos.

8La mayor parte de la multitud tendió sus mantos en el camino, mientras otros cortaban ramas de los árboles y las tendían por el camino.

9Las multitudes que iban delante de él y las que le seguían aclamaban diciendo: —¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!

10Cuando él entró en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió diciendo: —¿Quién es éste?

11Y las multitudes decían: —Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea.

12Entró Jesús en el templo y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo. Volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas,

13y les dijo: —Escrito está: Mi casa será llamada casa de oración, pero vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.

14Entonces ciegos y cojos vinieron a él en el templo, y él los sanó.

15Pero los principales sacerdotes y los escribas se indignaron cuando vieron las maravillas que él hizo, y a los muchachos que le aclamaban en el templo diciendo: —¡Hosanna al Hijo de David!

16Y le dijeron: —¿Oyes lo que dicen éstos? Jesús les dijo: —Sí. ¿Nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman preparaste la alabanza?

17Los dejó y salió fuera de la ciudad a Betania, y se alojó allí.

18Volviendo a la ciudad por la mañana, él tuvo hambre.

19Al ver una higuera en el camino, fue a ella; pero no encontró nada en ella sino sólo hojas, y le dijo: —Nunca jamás brote fruto de ti. Pronto se secó la higuera,

20y los discípulos, al verlo, se maravillaron diciendo: —¿Cómo se secó tan pronto la higuera?

21Jesús respondió y les dijo: —De cierto os digo que si tenéis fe y no dudáis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si decís a este monte: "Quítate y arrójate al mar," así será.

22Todo lo que pidáis en oración, creyendo, lo recibiréis.

23El llegó al templo, y mientras estaba enseñando, se acercaron a él los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo, y le decían: —¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Quién te dio esta autoridad?

24Entonces respondió Jesús y les dijo: —Yo también os haré una pregunta; y si me respondéis, yo también os diré con qué autoridad hago estas cosas.

25¿De dónde era el bautismo de Juan? ¿Del cielo o de los hombres? Entonces ellos razonaban entre sí, diciendo: —Si decimos "del cielo," nos dirá: "¿Por qué, pues, no le creísteis?"

26Y si decimos "de los hombres…," tememos al pueblo, porque todos tienen a Juan por profeta.

27Respondieron a Jesús y dijeron: —No sabemos. Y él les dijo: —Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas.

28¿Pero, qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: "Hijo, vé hoy a trabajar en la viña."

29El contestó y dijo: "No quiero." Pero después, cambió de parecer y fue.

30Al acercarse al otro, le dijo lo mismo; y él respondió diciendo: "¡Sí, señor, yo voy!" Y no fue.

31¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Ellos dijeron: —El primero. Y Jesús les dijo: —De cierto os digo que los publicanos y las prostitutas entran delante de vosotros en el reino de Dios.

32Porque Juan vino a vosotros en el camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las prostitutas le creyeron. Y aunque vosotros lo visteis, después no cambiasteis de parecer para creerle.

33Oíd otra parábola: Había un hombre, dueño de un campo, quien plantó una viña. La rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, edificó una torre, la arrendó a unos labradores y se fue lejos.

34Pero cuando se acercó el tiempo de la cosecha, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos.

35Y los labradores, tomando a sus siervos, a uno hirieron, a otro mataron y a otro apedrearon.

36El envió de nuevo otros siervos, en mayor número que los primeros, y les hicieron lo mismo.

37Por último, les envió a su hijo, diciendo: "Tendrán respeto a mi hijo."

38Pero al ver al hijo, los labradores dijeron entre sí: "Este es el heredero. Venid, matémosle y tomemos posesión de su herencia."

39Le prendieron, le echaron fuera de la viña y le mataron.

40Ahora bien, cuando venga el señor de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?

41Le dijeron: —A los malvados los destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, quienes le pagarán el fruto a su tiempo.

42Jesús les dijo: —¿Nunca habéis leído en las Escrituras? La piedra que desecharon los edificadores, ésta fue hecha cabeza del ángulo. De parte del Señor sucedió esto, y es maravilloso en nuestros ojos.

43Por esta razón os digo que el reino de Dios será quitado de vosotros y será dado a un pueblo que producirá los frutos del reino.

44El que caiga sobre esta piedra será quebrantado, y desmenuzará a cualquiera sobre quien ella caiga.

45Al oír sus parábolas, los principales sacerdotes y los fariseos entendieron que él hablaba de ellos.

46Pero buscando cómo echarle mano, temieron al pueblo; porque le tenía por profeta.

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Mateo - Capítulo 25

1Jesús respondió y les volvió a hablar en parábolas diciendo:

2—El reino de los cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas para su hijo.

3Envió a sus siervos para llamar a los que habían sido invitados a las bodas, pero no querían venir.

4Volvió a enviar otros siervos, diciendo: "Decid a los invitados: ‘He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido matados, y todo está preparado. Venid a las bodas.’"

5Pero ellos no le hicieron caso y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio;

6y los otros tomaron a sus siervos, los afrentaron y los mataron.

7El rey se enojó, y enviando sus tropas mató a aquellos asesinos y prendió fuego a su ciudad.

8Entonces dijo a sus siervos: "El banquete, a la verdad, está preparado, pero los invitados no eran dignos.

9Id, pues, a las encrucijadas de los caminos y llamad al banquete de bodas a cuantos halléis."

10Aquellos siervos salieron por los caminos y reunieron a todos los que hallaron, tanto buenos como malos; y el banquete de bodas estuvo lleno de convidados.

11Pero cuando entró el rey para ver a los convidados y vio allí a un hombre que no llevaba ropa de bodas,

12le dijo: "Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin llevar ropa de bodas?" Pero él quedó mudo.

13Entonces el rey dijo a los que servían: "Atadle los pies y las manos y echadle en las tinieblas de afuera." Allí habrá llanto y crujir de dientes;

14porque muchos son los llamados, pero pocos los escogidos.

15Entonces se fueron los fariseos y consultaron cómo podrían enredarle en alguna palabra.

16Después enviaron a él discípulos de ellos, junto con los herodianos, diciendo: —Maestro, sabemos que eres hombre de verdad, que enseñas el camino de Dios con verdad y que no te cuidas de nadie; porque no miras la apariencia de los hombres.

17Dinos, pues, ¿qué te parece? ¿Es lícito dar tributo al César, o no?

18Pero Jesús, entendiendo la malicia de ellos, les dijo: —¿Por qué me probáis, hipócritas?

19Mostradme la moneda del tributo. Ellos le presentaron un denario.

20Entonces él les dijo: —¿De quién es esta imagen y esta inscripción?

21Le dijeron: —Del César. Entonces él les dijo: —Por tanto, dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios.

22Al oír esto, se maravillaron; y dejándole, se fueron.

23Aquel día se le acercaron unos saduceos, quienes dicen que no hay resurrección, y le preguntaron diciendo:

24—Maestro, Moisés dijo: Si alguno muere sin tener hijos, su hermano se casará con su mujer y levantará descendencia a su hermano.

25Había, pues, siete hermanos entre nosotros. El primero tomó mujer y murió, y como no tenía descendencia, dejó su mujer a su hermano.

26De la misma manera sucedió también con el segundo y el tercero, hasta los siete.

27Después de todos, murió también la mujer.

28En la resurrección, puesto que todos la tuvieron, ¿de cuál de los siete será mujer?

29Entonces respondió Jesús y les dijo: —Erráis porque no conocéis las Escrituras, ni tampoco el poder de Dios;

30porque en la resurrección no se casan ni se dan en casamiento, sino que son como los ángeles que están en el cielo.

31Y acerca de la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os fue dicho por Dios?

32Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Dios no es Dios de muertos, sino de vivos.

33Al oír esto, las multitudes estaban atónitas de su doctrina.

34Entonces los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se reunieron de común acuerdo.

35Uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó para probarle:

36—Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento de la ley?

37Jesús le dijo: —Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente.

38Este es el grande y el primer mandamiento.

39Y el segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

40De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas.

41Habiéndose reunido los fariseos, Jesús les preguntó

42diciendo: —¿Qué pensáis acerca del Cristo? ¿De quién es hijo? Le dijeron: —De David.

43El les dijo: —Entonces, ¿cómo es que David, mediante el Espíritu, le llama Señor? Pues dice:

44Dijo el Señor a mi Señor: "Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies."

45Pues, si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo?

46Nadie le podía responder palabra, ni nadie se atrevió desde aquel día a preguntarle más.

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Mateo - Capítulo 26

1Entonces habló Jesús a la multitud y a sus discípulos,

2diciendo: "Los escribas y los fariseos están sentados en la cátedra de Moisés.

3Así que, todo lo que os digan hacedlo y guardadlo; pero no hagáis según sus obras, porque ellos dicen y no hacen.

4Atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos mismos no las quieren mover ni aun con el dedo.

5Más bien, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Ellos ensanchan sus filacterias y alargan los flecos de sus mantos.

6Aman los primeros asientos en los banquetes y las primeras sillas en las sinagogas,

7las salutaciones en las plazas y el ser llamados por los hombres: Rabí, Rabí.

8"Pero vosotros, no seáis llamados Rabí; porque uno solo es vuestro Maestro, y todos vosotros sois hermanos.

9Y no llaméis a nadie vuestro Padre en la tierra, porque vuestro Padre que está en los cielos es uno solo.

10Ni os llaméis Guía, porque vuestro Guía es uno solo, el Cristo.

11Pero el que es mayor entre vosotros será vuestro siervo;

12porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

13"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres. Pues vosotros no entráis, ni dejáis entrar a los que están entrando.

14¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque devoráis las casas de viudas y como pretexto hacéis largas oraciones. ¡Por esto recibiréis mayor condenación!

15"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque recorréis mar y tierra para hacer un solo prosélito; y cuando lo lográis, le hacéis un hijo del infierno dos veces más que vosotros.

16"¡Ay de vosotros, guías ciegos! Pues decís: ‘Si uno jura por el santuario, no significa nada; pero si jura por el oro del santuario, queda bajo obligación.’

17¡Necios y ciegos! ¿Cuál es más importante: el oro o el santuario que santifica al oro?

18O decís: ‘Si uno jura por el altar, no significa nada; pero si jura por la ofrenda que está sobre el altar, queda bajo obligación.’

19¡Ciegos! ¿Cuál es más importante: la ofrenda o el altar que santifica a la ofrenda?

20Por tanto, el que jura por el altar, jura por el altar y por todo lo que está sobre él.

21Y el que jura por el santuario, jura por el santuario y por aquel que habita en él.

22Y el que jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por aquel que está sentado sobre él.

23"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque entregáis el diezmo de la menta, del eneldo y del comino; pero habéis omitido lo más importante de la ley, a saber, el juicio, la misericordia y la fe. Era necesario hacer estas cosas sin omitir aquéllas.

24¡Guías ciegos, que coláis el mosquito pero tragáis el camello!

25"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque limpiáis lo de afuera del vaso o del plato, pero por dentro están llenos de robo y de desenfreno.

26¡Fariseo ciego! ¡Limpia primero el interior del vaso para que también el exterior se haga limpio!

27"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados que, a la verdad, se muestran hermosos por fuera; pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda impureza.

28Así también vosotros, a la verdad, por fuera os mostráis justos a los hombres; pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad.

29"¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque edificáis los sepulcros de los profetas y adornáis los monumentos de los justos,

30y decís: ‘Si hubiéramos vivido en los días de nuestros padres, no habríamos sido sus cómplices en la sangre de los profetas.’

31Así dais testimonio contra vosotros mismos de que sois hijos de aquellos que mataron a los profetas.

32¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!

33"¡Serpientes! ¡Generación de víboras! ¿Cómo os escaparéis de la condenación del infierno?

34Por tanto, mirad; yo os envío profetas, sabios y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas y perseguiréis de ciudad en ciudad,

35de manera que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre del justo Abel hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien matasteis entre el santuario y el altar.

36De cierto os digo, que todo esto recaerá sobre esta generación.

37"¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, así como la gallina junta sus pollitos debajo de sus alas, y no quisiste!

38He aquí, vuestra casa os es dejada desierta,

39porque os digo que desde ahora no me veréis más hasta que digáis: ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!"

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Mateo - Capítulo 27

1Al amanecer, todos los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo tomaron consejo contra Jesús para entregarle a muerte.

2Y después de atarlo, le llevaron y le entregaron al procurador Pilato.

3Entonces Judas, el que le había entregado, al ver que era condenado, sintió remordimiento y devolvió las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos,

4diciendo: —Yo he pecado entregando sangre inocente. Pero ellos dijeron: —¿Qué nos importa a nosotros? ¡Es asunto tuyo!

5Entonces él, arrojando las piezas de plata dentro del santuario, se apartó, se fue y se ahorcó.

6Los principales sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron: —No es lícito ponerlas en el tesoro de las ofrendas, porque es precio de sangre.

7Y habiendo tomado acuerdo, compraron con ellas el campo del Alfarero, para sepultura de los extranjeros.

8Por eso aquel campo se llama Campo de Sangre, hasta el día de hoy.

9Entonces se cumplió lo que fue dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo: Y tomaron las treinta piezas de plata, precio del apreciado, según el precio fijado por los hijos de Israel;

10y las dieron para el campo del Alfarero, como me ordenó el Señor.

11Jesús estuvo de pie en presencia del procurador, y el procurador le preguntó diciendo: —¿Eres tú el rey de los judíos? Jesús le dijo: —Tú lo dices.

12Y siendo acusado por los principales sacerdotes y por los ancianos, no respondió nada.

13Entonces Pilato le dijo: —¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti?

14El no le respondió ni una palabra, de manera que el procurador se maravillaba mucho.

15En la fiesta, el procurador acostumbraba soltar al pueblo un preso, el que quisieran.

16Tenían en aquel entonces un preso famoso que se llamaba Barrabás.

17Estando ellos reunidos, Pilato les dijo: —¿A cuál queréis que os suelte? ¿A Barrabás o a Jesús, llamado el Cristo?

18Porque sabía que por envidia le habían entregado.

19Mientras él estaba sentado en el tribunal, su esposa le mandó a decir: "No tengas nada que ver con ese justo, porque hoy he sufrido muchas cosas en sueños por causa de él."

20Entonces los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a las multitudes que pidieran a Barrabás y que dieran muerte a Jesús.

21Y respondiendo el procurador les dijo: —¿A cuál de los dos queréis que os suelte? Ellos dijeron: —¡A Barrabás!

22Pilato les dijo: —¿Qué, pues, haré con Jesús, llamado el Cristo? Todos dijeron: —¡Sea crucificado!

23Y el procurador les dijo: —Pues, ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aun más fuerte diciendo: —¡Sea crucificado!

24Y cuando Pilato se dio cuenta de que no se lograba nada, sino que sólo se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo: —¡Yo soy inocente de la sangre de éste! ¡Será asunto vuestro!

25Respondió todo el pueblo y dijo: —¡Su sangre sea sobre nosotros y sobre nuestros hijos!

26Entonces les soltó a Barrabás; y después de haber azotado a Jesús, le entregó para que fuese crucificado.

27Entonces los soldados del procurador llevaron a Jesús al Pretorio y reunieron a toda la compañía alrededor de él.

28Después de desnudarle, le echaron encima un manto de escarlata.

29Habiendo entretejido una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha pusieron una caña. Se arrodillaron delante de él y se burlaron de él, diciendo: —¡Viva, rey de los judíos!

30Y escupiendo en él, tomaron la caña y le golpeaban la cabeza.

31Y cuando se habían burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron sus propios vestidos y le llevaron para crucificarle.

32Mientras salían, hallaron a un hombre de Cirene llamado Simón. A éste le obligaron a cargar la cruz de Jesús.

33Cuando llegaron al lugar que se llama Gólgota, que significa lugar de la Calavera,

34le dieron a beber vino mezclado con ajenjo; pero cuando lo probó, no lo quiso beber.

35Después de crucificarle, repartieron sus vestidos, echando suertes.

36Y sentados, le guardaban allí.

37Pusieron sobre su cabeza su acusación escrita: ESTE ES JESUS, EL REY DE LOS JUDIOS.

38Entonces crucificaron con él a dos ladrones, uno a la derecha y otro a la izquierda.

39Los que pasaban le insultaban, meneando sus cabezas

40y diciendo: —Tú que derribas el templo y en tres días lo edificas, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y desciende de la cruz!

41De igual manera, aun los principales sacerdotes junto con los escribas y los ancianos se burlaban de él, y decían:

42—A otros salvó; a sí mismo no se puede salvar. ¿Es rey de Israel? ¡Que descienda ahora de la cruz, y creeremos en él!

43Ha confiado en Dios. Que lo libre ahora si le quiere, porque dijo: "Soy Hijo de Dios."

44También los ladrones que estaban crucificados con él le injuriaban de la misma manera.

45Desde la sexta hora descendió oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora novena.

46Como a la hora novena Jesús exclamó a gran voz diciendo: —¡Elí, Elí! ¿Lama sabactani? —que significa: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?—

47Cuando algunos de los que estaban allí le oyeron, decían: —Este hombre llama a Elías.

48Y de inmediato uno de ellos corrió, tomó una esponja, la llenó de vinagre, y poniéndola en una caña, le daba de beber.

49Pero otros decían: —Deja, veamos si viene Elías a salvarlo.

50Pero Jesús clamó otra vez a gran voz y entregó el espíritu.

51Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. La tierra tembló, y las rocas se partieron.

52Se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de hombres santos que habían muerto se levantaron;

53y salidos de los sepulcros después de la resurrección de él, fueron a la santa ciudad y aparecieron a muchos.

54Y cuando el centurión y los que con él guardaban a Jesús vieron el terremoto y las cosas que habían sucedido, temieron en gran manera y dijeron: —¡Verdaderamente éste era Hijo de Dios!

55Estaban allí muchas mujeres mirando desde lejos. Ellas habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole.

56Entre ellas se encontraban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.

57Al atardecer, vino un hombre rico de Arimatea llamado José, quien también había sido discípulo de Jesús.

58Este se presentó a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le diese.

59José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia

60y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña. Luego hizo rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, y se fue.

61Estaban allí María Magdalena y la otra María, sentadas delante del sepulcro.

62Al día siguiente, esto es, después de la Preparación, los principales sacerdotes y los fariseos se reunieron ante Pilato,

63diciendo: —Señor, nos acordamos que mientras aún vivía, aquel engañador dijo: "Después de tres días resucitaré."

64Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día, no sea que sus discípulos vengan y roben el cadáver, y digan al pueblo: "Ha resucitado de los muertos." Y el último fraude será peor que el primero.

65Pilato les dijo: —Tenéis tropas de guardia. Id y aseguradlo como sabéis hacerlo.

66Ellos fueron, y habiendo sellado la piedra, aseguraron el sepulcro con la guardia.

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Mateo - Capítulo 28

1Después del sábado, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María para ver el sepulcro.

2Y he aquí, hubo un gran terremoto; porque el ángel del Señor descendió del cielo, y al llegar removió la piedra y se sentó sobre ella.

3Su aspecto era como un relámpago, y su vestidura era blanca como la nieve.

4Los guardias temblaron por miedo de él y quedaron como muertos.

5Y respondiendo el ángel dijo a las mujeres: —No temáis vosotras, porque sé que buscáis a Jesús, quien fue crucificado.

6No está aquí, porque ha resucitado, así como dijo. Venid, ved el lugar donde estaba puesto.

7E id de prisa y decid a sus discípulos que ha resucitado de entre los muertos. He aquí va delante de vosotros a Galilea. Allí le veréis. He aquí os lo he dicho.

8Entonces ellas salieron a toda prisa del sepulcro con temor y gran gozo, y corrieron a dar las nuevas a sus discípulos.

9Y he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: —¡Os saludo! Y acercándose ellas, abrazaron sus pies y le adoraron.

10Entonces Jesús les dijo: —No temáis. Id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea. Allí me verán.

11Entre tanto que ellas iban, he aquí algunos de la guardia fueron a la ciudad y dieron aviso a los principales sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido.

12Ellos se reunieron en consejo con los ancianos, y tomando mucho dinero se lo dieron a los soldados,

13diciendo: "Decid: ‘Sus discípulos vinieron de noche y lo robaron mientras nosotros dormíamos.’

14Y si esto llega a oídos del procurador, nosotros le persuadiremos y os evitaremos problemas."

15Ellos tomaron el dinero e hicieron como habían sido instruidos. Y este dicho se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy.

16Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había mandado.

17Cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaron.

18Jesús se acercó a ellos y les habló diciendo: "Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra.

19Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo,

20y enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. Y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo."

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